El plato de Extremadura que casi nadie fuera de la región conoce para el verano

Extremadura guarda una receta que rara vez sale de sus fronteras y que, sin embargo, lleva siglos calmando el calor en las cocinas de Cáceres y Badajoz. Se llama zorongollo, y su nombre suena a trabalenguas, pero su sabor es pura memoria familiar.

No es una ensalada cualquiera. El pimiento rojo asado es el protagonista absoluto, acompañado de ajo picado, un buen chorro de aceite de oliva virgen extra y, en muchas casas, un toque de tomate. Se sirve fría, casi helada, y ese detalle lo cambia todo.

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Extremadura y el origen de un plato que viene de las brasas

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El zorongollo nació en las cocinas rurales, donde el pimiento era una hortaliza de huerto imprescindible y asarlo en brasas servía tanto para conservarlo como para intensificar su sabor. En muchos pueblos se preparaba tras las matanzas o como guarnición de las comidas festivas más señaladas del calendario.

Hoy sigue siendo un clásico de la comarca de La Vera, en el norte de la provincia de Cáceres, aunque cada familia tiene su propia variante. Algunas añaden cebolleta, otras huevo cocido o unas lonchas de jamón ibérico para convertirlo en plato único.

El secreto que pocos conocen fuera de Extremadura

En Extremadura los pimientos no solo se asan: se dejan sudar tapados varios minutos antes de pelarlos, un truco que evita que la piel se pegue a la carne y frustra menos a quien lo prepara por primera vez. El plato recibe el nombre de zorongollo, muy popular en la comarca cacereña de La Vera y que también aparece en algunos municipios del sur de Salamanca.

Lo que de verdad marca la diferencia no está en el horno, sino en la nevera. Dejarlo reposar varias horas, incluso un día entero, concentra el dulzor de los pimientos y suaviza el punzante del ajo crudo, dando lugar a un sabor mucho más redondo.

Cómo se prepara el zorongollo paso a paso

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El primer paso es asar los pimientos rojos enteros en el horno, a unos 200 grados, hasta que la piel quede completamente negra y se despegue con facilidad. Después se tapan con un paño o film para que suden antes de pelarlos.

Una vez pelados y cortados en tiras, se mezclan con ajo bien picado, un chorro generoso de aceite de oliva virgen extra y, si se quiere, un poco de vinagre y sal moderada. Conviene remover el conjunto pasadas las primeras horas para que el aliño se reparta bien.

Con qué se acompaña y cómo servirlo

El zorongollo funciona de maravilla como guarnición de carnes a la brasa, cordero asado o pescados a la plancha, ya que su frescura contrasta con sabores más intensos y grasos. También puede convertirse en plato único añadiendo una buena ración de proteína.

Un buen pan de pueblo es casi obligatorio para mojar en el aliño que queda en el fondo del plato. Tampoco está de más sumar unas aceitunas o un poco de ventresca en el último momento, para quienes buscan un toque más completo.

Ideas para completar el plato

  • Huevo duro picado o en cuartos
  • Atún en conserva o bonito del norte
  • Aceitunas negras o rellenas
  • Unas lonchas de jamón ibérico

Por qué el zorongollo vive un momento dulce

La cocina de aprovechamiento y el producto de temporada viven un momento especialmente bueno, y este plato se beneficia directamente de esa tendencia hacia lo auténtico. Cada vez más restaurantes recuperan elaboraciones tradicionales como esta y las presentan con un toque actual sin perder su esencia.

El consejo de quienes llevan toda la vida preparándolo es sencillo: respetar los tiempos. Ni el asado ni el reposo se pueden acelerar sin perder calidad, y esa paciencia es precisamente lo que convierte una receta humilde en un plato memorable para cualquier mesa de verano.

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