Meter el tomate en la nevera nada más llegar del supermercado parece lo más sensato del mundo. La lógica dice que el frío conserva. El problema es que con este fruto en concreto, esa lógica está completamente equivocada, y las consecuencias son irreversibles.
Lo que ocurre dentro del tomate cuando baja de los 12 grados centígrados es una pequeña catástrofe...