Es la escena clásica de cada mediodía en los centros de trabajo de toda España: abres el tupper, metes la pechuga de pollo en el electrodoméstico de la cocina comunitaria y, al darle el primer bocado, parece que estás masticando suela de zapato. La culpa no suele ser del aparato ni de tu sazón, sino de una falla técnica...