Carreteras y olas de calor: cómo el asfalto se deforma y obliga a rediseñar las infraestructuras

Imagina que conduces por una autopista en pleno verano y, de repente, el asfalto bajo tus ruedas empieza a ondularse como si fuera mantequilla al sol. No es ciencia ficción: las olas de calor cada vez más intensas están deformando carreteras en toda Europa, y Alemania acaba de dar la voz de alarma. Solo en los primeros días de julio, siete tramos de sus famosas autobahn tuvieron que cerrarse por completo a causa del calor. El betún, el aglutinante derivado del petróleo que da elasticidad al asfalto, se reblandece a partir de unos 60 grados Celsius —una temperatura que la superficie oscura alcanza fácilmente cuando el aire supera los 30—, y las losas de hormigón se agrietan o abomban.

Las autopistas alemanas, construidas según patrones climáticos de las últimas décadas, están empezando a mostrar que las infraestructuras de ayer no sirven para el clima de hoy. Y si esto ocurre en un país con fama de ingeniería impecable, el aviso vale para cualquier rincón del planeta.

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Pero aquí está la buena noticia: los materiales y las técnicas para adaptar las carreteras al calentamiento ya existen. Solo hace falta voluntad para aplicarlos más rápido.

Lo que le está pasando al asfalto con el calor

Cuando una ola de calor se estaciona varios días sobre una región, la temperatura del asfalto puede duplicar la del ambiente. El betún, que representa una buena parte de la mezcla de la mayoría de las carreteras, pierde rigidez y la superficie se vuelve blanda, lo que provoca roderas, ondulaciones y, en los casos extremos, el cierre completo de la vía, explica Autobahn GmbH, la empresa que gestiona las autopistas alemanas.

El problema se agrava porque las carreteras están diseñadas para un rango térmico concreto. Según la misma compañía, el asfalto estándar debe resistir entre -30 y +45 grados Celsius. Sin embargo, los modelos climáticos del Servicio Meteorológico Alemán (DWD) apuntan a que en algunas regiones del este del país se podrían superar esos 45 grados en determinados días ya hacia 2040, si las emisiones siguen altas. El calor extremo deja de ser una anomalía para convertirse en una condición habitual de diseño.

El dato asusta. Pero entenderlo nos da la llave para actuar.

Por qué las carreteras actuales no aguantan

Nina Stelzenmüller, directora de la división de tecnología de construcción de carreteras del Instituto Tecnológico de Karlsruhe (KIT), lo resume con claridad: “Las carreteras alemanas no están diseñadas en absoluto para estas tensiones”. La fórmula del asfalto se ha basado en la experiencia de los últimos 30 o 50 años, no en los cambios climáticos acelerados que ya percibimos.

Un estudio del instituto de investigación del Ministerio Federal de Transporte (BASt) confirma que el cambio climático está llevando los materiales actuales al límite y que hace falta actuar. Sin embargo, esas conclusiones todavía no se han traducido en normas vinculantes para renovar las superficies viarias.

Cada autopista que se reasfalta hoy debe ser capaz de resistir temperaturas que quizá no se alcancen hasta dentro de décadas.

📋 Los datos clave de un vistazo

  • El dato: El betún se reblandece a partir de unos 60 °C en la superficie del asfalto, temperatura que se alcanza con olas de calor de apenas 30 °C en el aire. Siete tramos de autopista alemana cerraron en una sola semana de julio.
  • Por qué importa: El calentamiento proyectado para 2040 superará los límites de diseño de muchas carreteras, con el consiguiente riesgo de daños millonarios, desvíos y accidentes.
  • Lo que puedes hacer: No puedes cambiar el asfalto de tu ciudad, pero sí apoyar a instituciones que exijan infraestructuras adaptadas y exigir a los gobiernos locales que aceleren las inversiones en adaptación.
  • A tener en cuenta: La transición a mezclas asfálticas sin betún o con polímeros de altas prestaciones ya es técnicamente viable; el freno está en los plazos normativos, no en la tecnología.
adaptación al cambio climático

El asfalto que se adapta al calor ya existe

La buena noticia es que no partimos de cero. Un estudio de 2019 en el que participó el propio BASt demostró que añadir cuarcita de color claro al asfalto reducía la temperatura superficial en 7 grados Celsius. Otras ciudades ya lo aplican: Tokio utiliza de forma estándar pavimentos que retienen agua y reflejan la luz, lo que rebaja la temperatura entre 8 y 10 grados; Phoenix (Estados Unidos) ha aplicado recubrimientos claros que durante el día están 6,7 grados más frescos que el asfalto convencional.

En Alemania, varios estados y ciudades —Oberhausen, Stuttgart, Brandeburgo— ya prueban estas superficies claras. Y a más largo plazo, se están desarrollando aglutinantes de altas prestaciones que aguantan tanto el frío extremo como el calor intenso, sin los problemas del betún.

Stelzenmüller explica que estos nuevos ligantes son “especialmente elásticos, de modo que a bajas temperaturas pueden soportar las tensiones causadas por el frío, y al mismo tiempo tienen una resistencia muy alta que les permite aguantar la deformación a altas temperaturas”.

El escollo, una vez más, no está en el laboratorio sino en la lentitud con que la evidencia científica se convierte en normativa. “Para cuando estas conclusiones se escriben en una regulación y las carreteras se construyen rutinariamente con ellas, es un proceso que llevará años, si no décadas”, advierte la ingeniera.

Qué puede acelerar el cambio (y por qué hay esperanza)

El panorama, aunque desafiante, no es inamovible. La propia Stelzenmüller recuerda que en 2025 el Ministerio de Transporte alemán ordenó adoptar superficies menos tóxicas “lo más rápido posible” incluso antes de que la directiva oficial entrara en vigor. “Había una verdadera sensación de urgencia por cumplir esos límites. Y funcionó: se establecieron nuevas regulaciones en unos pocos años”, relata. Si se aplica el mismo foco a la adaptación al calor, dice, “se podría tener nuevos tipos de asfalto en pocos años”.

La clave está en la voluntad política y la presión ciudadana. Igual que las normativas medioambientales aceleraron la mejora de los combustibles o las emisiones de los vehículos, el calor extremo exige que las infraestructuras terrestres se conviertan en una prioridad de adaptación al cambio climático.

No se trata solo de Alemania. El Mediterráneo, las grandes llanuras del interior de España o el sur de Europa comparten el mismo problema. La Agencia Europea de Medio Ambiente ya alerta de que las infraestructuras críticas —carreteras, vías férreas, puentes— deben ser revisadas a la luz de los nuevos extremos climáticos.

Las soluciones existen, los datos son claros y la urgencia está justificada. Ahora lo que toca es empujar para que lo que ya funciona en el laboratorio llegue cuanto antes al asfalto que pisas cada día.

🌍 Ficha de Impacto: Carreteras frente a las olas de calor

  • El problema: Las olas de calor deforman el asfalto y agrietan el hormigón, obligando a cerrar autopistas y generando costes de reparación millonarios en toda Europa.
  • Datos importantes: El betún se reblandece a partir de 60 °C en superficie; solo en una semana de julio cerraron siete tramos de autopista en Alemania; los modelos climáticos pronostican superar los 45 °C de diseño en 2040.
  • Repercusión en tu vida: Los cortes de carretera afectan al transporte de mercancías, a tus desplazamientos diarios y a la seguridad vial. La adaptación de las infraestructuras es una cuestión de protección de tu tiempo, tu bolsillo y tu seguridad.

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