¿Es imprescindible la captura y almacenamiento de carbono para las cero emisiones netas?

Imagina que tu casa tiene una gotera. Puedes poner un cubo para recoger el agua, pero si no arreglas la tubería, el problema sigue. Algo así ocurre con la captura y almacenamiento de carbono (CCS): una herramienta útil, pero que no sustituye cerrar el grifo de las emisiones.

¿Qué es exactamente la CCS y por qué aparece en todas las discusiones?

La CCS funciona atrapando el CO₂ que sale de una chimenea industrial —una cementera, una central de gas—, lo comprime y lo entierra a gran profundidad, en acuíferos salinos o antiguos yacimientos de petróleo. El objetivo es que ese gas no acelere el calentamiento global. Aunque suena casi a ciencia ficción, en realidad la tecnología se conoce desde los años 70, cuando empezó a usarse para mejorar la extracción de petróleo: inyectar CO₂ ayudaba a sacar más crudo. Hoy esa sigue siendo la principal aplicación, de modo que dos tercios del CO₂ capturado se emplean para que la industria fósil bombee más combustible.

Publicidad

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) la considera «crítica» para sectores donde la electrificación directa es muy difícil, como la producción de cemento. Y los grandes organismos energéticos coinciden: según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), alcanzar el cero neto sin CCS sería “virtualmente imposible”. Sin embargo, ese respaldo convive con un debate feroz: ¿estamos delegando en una promesa tecnológica lo que no queremos hacer con medidas de eficiencia y reducción?

El CO₂ capturado hoy equivale apenas a las emisiones anuales de Ecuador, una migaja comparada con los 37 000 millones de toneladas que el mundo sigue lanzando a la atmósfera cada año.

La realidad actual: mucho plan, poca captura real

Según el último recuento de la AIE, recogido por Carbon Brief, en febrero de 2026 había 75 proyectos de CCS operativos en todo el mundo, con una capacidad conjunta de 62,5 millones de toneladas de CO₂ al año. El 75 % de esa cantidad se usa para recuperar más petróleo, no para un almacenamiento permanente con beneficios climáticos claros.

Para que la tecnología contribuya de verdad a los objetivos de París harían falta cientos de veces más capacidad: el escenario de cero neto de la AIE contempla que en 2035 se capturen 1 700 millones de toneladas anuales. «El despliegue histórico ha estado muy por debajo de las previsiones», advierte un experto de la Universidad de Lund citado en el análisis. De hecho, la ola de interés de principios de siglo, que buscaba salvar las centrales de carbón, se desinfló cuando las renovables se abarataron. Hoy solo funcionan siete plantas de carbón con CCS en todo el mundo.

📋 Los datos clave de un vistazo

  • El dato: 75 proyectos capturan 62,5 millones de toneladas de CO₂ al año, menos del 0,2 % de las emisiones fósiles globales (AIE, Carbon Brief).
  • Por qué importa: Los modelos del IPCC asumen un papel mucho mayor de la CCS para que limitar el calentamiento a 1,5 ºC sea factible.
  • Lo que puedes hacer: Exigir que las inversiones en CCS no sustituyan a las políticas de reducción directa de emisiones y apoyar un consumo energético más responsable.
  • A tener en cuenta: La CCS no es una bala mágica; si no se recortan drásticamente las emisiones ya, ninguna tecnología de captura bastará para corregir la trayectoria.
emisiones netas cero

Lo que la ciencia dice y lo que no puede resolver sola

El IPCC insiste en que las cero emisiones netas sin CCS serían mucho más caras, disruptivas y, en algunos sectores, prácticamente inviables. La razón es sencilla: hay procesos, como la calcinación de la caliza para hacer cemento, que liberan CO₂ inevitablemente. La CCS es “virtualmente la única tecnología” capaz de eliminar ese residuo, según la AIE.

Sin embargo, los críticos subrayan que la historia de la CCS está llena de promesas incumplidas, proyectos cancelados y presupuestos disparados. Además, el vínculo con la industria fósil —que financia buena parte de los proyectos— despierta recelos. ¿Sirve la CCS para descarbonizar o, sobre todo, para perpetuar el negocio de los hidrocarburos?

La buena noticia es que se está destinando dinero público a proyectos que almacenan CO₂ sin extraer más combustibles. El Reino Unido, por ejemplo, ha comprometido más de 21 000 millones de libras en las próximas décadas. Pero incluso esos planes dependen de que se construyan oleoductos, se garantice la permanencia del almacenamiento y se demuestre que la tecnología funciona a escala masiva.

Tu margen de acción: del cubo a cerrar el grifo

Lo que la CCS no puede hacer es disculpar un modelo de consumo que siga quemando carbón, gas o petróleo como si nada. La herramienta más potente para frenar el cambio climático sigue siendo la que cada persona y cada empresa tiene a mano: usar menos energía, electrificar lo que se pueda y exigir políticas ambiciosas.

Cuando leas que “se va a capturar el CO₂”, pregunta: ¿cuánto se está capturando ya? ¿Quién paga el proyecto? ¿Y cuánto se está dejando de emitir mientras tanto? La CCS puede ayudar con lo que no se pueda eliminar, pero si la utilizamos como excusa para no hacer lo demás, la gotera seguirá creciendo.

🌍 Ficha de Impacto: Captura y almacenamiento de carbono (CCS)

  • El problema: Los planes de cero emisiones netas dependen en gran medida de una tecnología que hoy apenas está desplegada y que arrastra una historia de sobrecostes y retrasos.
  • Datos importantes: 75 proyectos operativos capturan 62,5 millones de toneladas de CO₂ al año, frente a los miles de millones necesarios; tres cuartas partes se emplean para extraer más combustibles fósiles.
  • Repercusión en tu vida: Si la CCS no escala como se espera, las políticas climáticas deberán ser aún más restrictivas para compensarlo, lo que afectará a precios y formas de vida. Por eso conviene apoyar de verdad el ahorro energético y las renovables, que no dependen de promesas inciertas.

Artículos similares

Publicidad