Desertificación COP17: 10.000 negociadores buscan frenar la sequía que azota el hemisferio norte

La COP17 contra la desertificación reúne desde el lunes en Mongolia a unos 10.000 negociadores para frenar una sequía que reseca parques, encarece alimentos y degrada el suelo del hemisferio norte. La buena noticia es que la agenda incluye soluciones concretas para devolver vida a la tierra.

Para entender qué está en juego, piensa en la tierra fértil como una manta que protege el suelo. La sequía y el calor la desgastan hasta dejarlo desnudo: se rompe, vuela con el viento y, poco a poco, se convierte en polvo. Eso es la desertificación, un proceso que no solo avanza en regiones áridas, sino que ya golpea zonas templadas del hemisferio norte.

Publicidad

La manta que perdemos: qué es la desertificación

La desertificación no es otra cosa que la degradación de la tierra hasta parecerse a un desierto, y puede volver imposible cultivar o alimentar al ganado. El calor extremo y el riego excesivo que vacía los acuíferos aceleran el daño. Las consecuencias van de la pobreza y el hambre a los desplazamientos forzosos y la pérdida de especies.

La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación nació en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992, a la sombra de las otras dos grandes convenciones de clima y biodiversidad. Su cumbre solo se celebra cada dos años, y por eso esta COP17 suele pasar más desapercibida de lo que merece: se ocupa del suelo que nos da de comer.

Las cifras de la ONU ponen la magnitud en la mesa: unos 500 millones de personas viven en áreas que han sufrido desertificación desde los años ochenta. Además, dos quintas partes de la superficie terrestre están degradadas. No es un problema lejano: un suelo dañado produce menos alimentos, retiene peor el agua y libera el carbono que antes guardaba.

La desertificación avanza sin titulares, pero cada palmo de suelo regenerado es comida, agua y clima menos extremos para todos.

La relación con el cambio climático es directa. Quemar combustibles fósiles calienta el planeta y reseca la tierra; después, la degradación libera dióxido de carbono y realimenta el calentamiento. Por eso luchar contra la desertificación no es solo adaptarse, también es mitigar, como recuerda el IPCC en sus informes. Un suelo dañado no espera: cada año perdido encarece la factura.

La sequía que recorre el hemisferio norte ha convertido parques urbanos en sabanas secas, ha arruinado cosechas y ha restado miles de millones a la producción económica. En Reino Unido, el comité de emergencia Cobra —reservado para crisis graves— tuvo que reunirse por el calor extremo y la falta de lluvia. El dato asusta. Pero hay salida.

Así se negocia el futuro del suelo en Mongolia

La COP17, que organiza la UNCCD cada dos años, arranca el lunes 17 de agosto y se alarga hasta el 28. Reúne a gobiernos de 196 países y, en su tramo final, a ministros y representantes de alto nivel para discutir resiliencia a la sequía, financiación y pastizales.

El asunto estrella es el formato del futuro acuerdo contra la sequía. En la cumbre anterior, África defendió un protocolo vinculante; Estados Unidos, Europa y Argentina prefirieron un marco menos rígido para no restar dinero a los proyectos sobre el terreno. Ahora toca retomar el pulso y buscar un punto medio.

Estados Unidos, que ya ha salido de la convención climática, sigue dentro de la UNCCD y acudirá con una delegación centrada en agricultura y desarrollo. Se espera que rechace de nuevo el protocolo, mientras los países en desarrollo insisten en que la financiación sea el eje.

📋 Los datos clave de un vistazo

  • El dato: La ONU calcula que 500 millones de personas viven en zonas desertificadas desde los años ochenta y que dos quintas partes de la tierra están degradadas.
  • Por qué importa: Un suelo sin cubierta vegetal libera carbono y complica cultivar alimentos, beber agua y mantener a los rebaños.
  • Lo que puedes hacer: Apoyar una alimentación con menos presión sobre el suelo, reducir el desperdicio y exigir políticas de restauración de tierras.
  • A tener en cuenta: Las proyecciones dependen de las decisiones que se tomen ahora; no son un destino inevitable.
sequía y desertificación

También se negociará una nueva política para proteger los pastizales y a los pastores que viven de ellos. Cubren cerca de la mitad de la superficie terrestre y Mongolia ha impulsado que 2026 sea su Año Internacional. La cita de Ulán Bator quiere que este asunto deje de ser un capítulo menor.

En paralelo, se espera que Arabia Saudí rinda cuentas sobre los 12.000 millones de dólares prometidos en la alianza de Riad contra la sequía. No solo se trata de anunciar dinero, sino de comprobar que llega a los 80 países más pobres que lo necesitan. Ahí está la clave.

La cumbre llega con liderazgo renovado: la presidencia recae en la ministra de Exteriores mongola, Battsetseg Batmunkh, y la nueva directora ejecutiva de la UNCCD, Yasmin Fouad, fue autora principal del IPCC en desertificación. Es un cambio de perfil que puede acercar la evidencia científica a la mesa de negociación.

Lo que sí está en tu mano: restaurar la tierra también empieza en casa

Puede que negociar un protocolo te quede lejos, pero las decisiones que tomamos cada semana influyen en la demanda de suelo fértil. La ONU y la FAO repiten una idea incómoda: desperdiciamos alrededor de un tercio de los alimentos que producimos. Planificar la compra, aprovechar sobras y priorizar alimentos de temporada reduce la presión sobre tierras ya frágiles.

No se trata de gestos simbólicos. La evidencia es clara: reducir el desperdicio, cuidar la dieta y exigir restauración de suelos son tres palancas con impacto real. Además, cada avance en financiación verde y cada hectárea restaurada frenan la espiral de calor, sequía y pérdida de cosechas.

  • Compra a conciencia: elige alimentos locales y de temporada para reducir la huella de transporte y el uso intensivo del suelo.
  • Aprovecha las sobras: planifica menús semanales y congela antes de tirar; así evitas que más tierras se cultiven en vano.
  • Apoya la restauración: infórmate sobre proyectos de reforestación y regeneración de suelos, y respáldalos con tu consumo o tu voto.

La sociedad civil no suele manifestarse con la fuerza de otras cumbres, pero sí recuerda que restaurar suelos es también proteger biodiversidad. Organizaciones como WWF piden que el próximo marco estratégico coloque la naturaleza y los sistemas alimentarios positivos en el centro. No es una petición cosmética: un suelo vivo es la base de casi todo lo que comemos.

El matiz honesto: ninguna proyección es una sentencia exacta, pero el consenso científico marca una dirección clara. La desertificación no se frena solo con acciones individuales. Hace falta coordinación global y dinero bien invertido. Pero la historia demuestra que los acuerdos llegan cuando la ciudadanía empuja con su consumo y su voto. La esperanza no es ingenua; es estratégica.

🌍 Ficha de Impacto: Desertificación y sequía del hemisferio norte

  • El problema: La sequía y la degradación del suelo reducen cosechas, encarecen alimentos y expulsan a comunidades de sus tierras.
  • Datos importantes: La ONU calcula que 500 millones de personas viven en zonas desertificadas desde los años ochenta y que dos quintas partes de la tierra están degradadas.
  • Repercusión en tu vida: Afecta al precio de la comida, a la calidad del agua y a la estabilidad del clima; también a tu bolsillo si no se actúa ahora.

Artículos similares

Publicidad