Europa inaugura su mayor planta de captura de carbono, pero el ritmo actual no responde a los escenarios climáticos.

Europa acaba de estrenar su mayor planta de captura de carbono, pero la capacidad mundial sigue lejos de lo que exigen los escenarios climáticos. La tecnología funciona; el auténtico problema no es inventarla, sino escalarla sin que se convierta en una coartada para seguir quemando combustibles fósiles.

La captura y almacenamiento de carbono, también llamada almacenamiento de CO2, conocida como CCS, atrapa el CO2 en un punto concreto —una chimenea industrial o una fábrica de amoniaco— antes de que llegue a la atmósfera. Después lo comprime, lo transporta por gasoducto o tren y lo inyecta en formaciones geológicas, como acuíferos salinos o antiguos yacimientos de petróleo.

Publicidad

No conviene confundirla con la eliminación de dióxido de carbono, que retira el CO2 ya emitido de la atmósfera. El IPCC y otros organismos estudian ambas vías, pero sus tecnologías y costes son distintos.

Cómo funciona la captura de carbono y por qué entusiasma

La lógica es atractiva: si no podemos parar todas las chimeneas hoy, al menos atrapemos el CO2 en la salida. La idea no es nueva. Sus raíces se remontan a los años sesenta, cuando la industria petrolera empezó a inyectar CO2 en yacimientos para extraer más crudo.

El primer gran proyecto de captura pensado para reducir emisiones arrancó en Noruega en 1996. Desde entonces, el despliegue ha avanzado con lentitud. En 2020 había 26 plantas comerciales operativas y, desde entonces, el número casi se ha triplicado.

La técnica, en sí misma, está lista. La geocientífica Susan Hovorka, que investiga la captura de carbono desde finales de los noventa, sostiene que el proceso es conocido y viable. Sin embargo, la experiencia comercial masiva todavía no existe. El economista Danny Cullenward, de la Universidad de Pensilvania, lo resume con claridad: falta demostrar que sea fácil, rentable y desplegable en muchos lugares.

Que la tecnología exista no basta: el reto es convertirla en una solución real, no en una promesa que retrase los recortes.

La brecha entre las promesas y las plantas reales

La nueva planta europea de la compañía de fertilizantes Yara, en Países Bajos, capturará unas 800.000 toneladas de CO2 al año y las enviará a Noruega para almacenarlas a 2.600 metros bajo el lecho marino. Es un gesto serio, pero la aritmética es contundente: para alcanzar el umbral inferior de los escenarios climáticos de la ONU harían falta unas 5.800 plantas de ese tamaño.

Los escenarios climáticos no son una predicción exacta. Son proyecciones con incertidumbre que dependen de decisiones energéticas y políticas.

La Agencia Internacional de la Energía calcula que en 2050 habría que capturar 7,6 gigatoneladas anuales. Las plantas operativas actuales, alrededor de 77, suman 64 millones de toneladas al año. Habría que multiplicar esa cifra por 119.

📋 Los datos clave de un vistazo

  • La nueva planta: 800.000 toneladas de CO2 al año, almacenadas bajo el lecho marino.
  • La escala necesaria: unos 350 gigatoneladas de CO2 este siglo en el escenario más contenido.
  • La brecha: las plantas actuales capturan 64 millones de toneladas; haría falta multiplicar por 119 para 2050.
  • El matiz: son proyecciones con incertidumbre, no un calendario exacto.
almacenamiento de CO2

El riesgo de convertir la captura en una coartada

El debate más amargo no es técnico, sino político. En 2023, alrededor del 80% de la capacidad mundial de captura se destinó a la recuperación mejorada de petróleo, según la organización Oil Change International. Eso puede anular a a su beneficio climático.

El riesgo moral es real: si existe la promesa de captura, aumenta la tentación de retrasar los recortes. Los modelos climáticos tienden a apostar de más por tecnologías todavía marginales y de menos por renovables ya baratas y competitivas.

Cuando obligas a un modelo a resolver un problema imposible, busca el atajo. En lugar de cambiar el sistema, se apoya en la tecnología futura. Esa es una advertencia que conviene recordar antes de cantar victoria.

La captura de carbono puede ser útil, pero solo si complementa la descarbonización, nunca si justifica más emisiones.

Qué papel sí puede jugar la captura de carbono

La lectura no es tirar la tecnología a la basura. Para sectores difíciles de descarbonizar, como el cemento, la captura puede ser una herramienta valiosa. No sustituye a las renovables ni a la eficiencia, pero puede aportar donde aún no hay alternativa madura.

La clave está en utilizarla con honestidad: regulación clara, precio del carbono y prioridad a recortar emisiones en origen. La buena noticia es que el conocimiento técnico ya existe. Falta que la escala y las reglas del juego acompañen.

La nueva planta europea demuestra que la captura puede alcanzar escala comercial. Pero una instalación no resuelve un problema global. La diferencia entre lo que tenemos y lo que necesitamos es todavía enorme.

🌍 Ficha de Impacto: La captura y almacenamiento de carbono

  • El problema: La capacidad real de captura está muy por debajo de la que exigen los escenarios climáticos.
  • Datos importantes: La nueva planta europea capturará 800.000 toneladas anuales; hoy las plantas activas rondan 64 millones de toneladas al año.
  • Repercusión en tu vida: La captura no sustituye a recortar emisiones; sin regulación y renovables, el riesgo es pagar como sociedad una falsa solución.

Artículos similares

Publicidad