El consumo energético de la IA entra en la agenda del clima: la COP31 reclama transparencia a las tecnológicas y energía limpia para sus centros de datos, cuyas emisiones se duplicarán de aquí a 2030, según la AIE.
Durante años, la pregunta era qué podía hacer la inteligencia artificial por el planeta: predecir sequías, optimizar redes eléctricas, ajustar el riego de un cultivo. Hoy la pregunta se ha dado la vuelta: toca saber cuánta electricidad necesita la IA para funcionar y de dónde sale esa electricidad. Y esa pregunta, por fin, ha llegado a la mesa donde se negocia el clima.
La COP31 pone a la IA en el punto de mira
La presidencia turca de la COP31, que se celebrará en Antalya a principios de noviembre, ha anunciado el Compromiso de Antalya sobre IA. Se presenta como una declaración política sobre cómo se diseña, se contrata, se alimenta, se despliega, se mide y se gestiona esta tecnología. El borrador se compartirá antes de que arranque la cumbre.
Murat Kurum, presidente de la COP31, ha sido explícito: hay que discutir abiertamente el creciente consumo energético de la IA y ha llegado el momento de que los gobiernos empiecen a poner las condiciones. Su expectativa es que las empresas sean transparentes con su gasto eléctrico y alimenten sus operaciones con energía limpia. Aún no se sabe si el compromiso incluirá una obligación concreta de renovables ni quién podrá firmarlo.
El responsable de clima de la ONU, Simon Stiell, fue un paso más allá en un discurso en Nueva York. Advirtió de que los líderes de la IA están sobre hielo fino en cuanto a su licencia para operar, y de que una inteligencia artificial devoradora de energía está impulsando la contaminación que calienta el planeta procedente del carbón, el petróleo y el gas, mientras dispara los costes energéticos de hogares y empresas.
Una tecnología que promete eficiencia no puede sostener su promesa sobre carbón y gas, con una factura eléctrica que sube para todos.
En Estados Unidos, la oposición vecinal ya ha frenado proyectos de centros de datos, de Nueva York a Texas. La factura de la luz y las obras han convertido la IA en un tema de barrio.
Cuando un centro de datos se frena por la oposición de un barrio, el debate climático deja de ser abstracto y se vuelve vecinal.
El empujón no llega solo desde la cumbre. Este año, el secretario general de la ONU, António Guterres, puso en marcha una iniciativa para que las compañías de IA rindan cuentas de su impacto ambiental, con una petición clara: que sus grandes centros de datos funcionen con energía renovable en 2030. El organismo de la ONU para el clima anima además a estas empresas a estar presentes en las cumbres, donde se decide la política energética que hoy les afecta.
Qué dicen los datos, sin alarmas y sin barra libre
Aquí conviene pisar seguro, porque el tema se presta a exagerar en los dos sentidos. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al consumo eléctrico de los centros de datos se duplicarán con creces entre 2024 y 2030. Son proyecciones, con su margen de incertidumbre, no certezas cerradas.

La propia AIE proyecta que, al final de la década, estos edificios consumirán más electricidad que todos los países del mundo salvo cinco. Y el mapa importa: en China, en torno al 70% de la electricidad que alimenta sus centros de datos viene del carbón, según un informe de la agencia. En Estados Unidos, la carrera por la IA ha llevado a a las tecnológicas a firmar acuerdos con operadores de gas fósil.
📋 Los datos clave de un vistazo
- El dato: la AIE calcula que las emisiones de los centros de datos por su consumo eléctrico se duplicarán con creces entre 2024 y 2030.
- Por qué importa: al final de la década consumirán más electricidad que casi cualquier país, y no toda será limpia.
- Lo que puedes hacer: pedir información; si una empresa presume de IA sostenible, busca su consumo eléctrico real.
- A tener en cuenta: son proyecciones con incertidumbre y el detalle del Compromiso de Antalya todavía no es público.
¿Y si la IA fuera parte de la solución? La propia AIE estima que las aplicaciones actuales de la inteligencia artificial podrían recortar más emisiones de las que añaden los centros de datos, por ejemplo optimizando el consumo de edificios, industrias y redes. Los críticos responden que no es lo mismo comparar un ahorro teórico con un aumento de emisiones que ya está ocurriendo, y recuerdan que estas herramientas también se usan para extraer petróleo y gas más rápido. La discusión sigue abierta.
Lo que sí está en tu mano (y lo que no)
Vamos con la parte honesta, la que no suele caber en un titular. Apagar el móvil no va a arreglar el consumo de un centro de datos que trabaja las veinticuatro horas para millones de personas a la vez. Venderte esa idea sería tramposo. La escala del problema se decide en otro sitio: en cómo se diseña la red eléctrica que los alimenta, en qué energía se contrata y en si las empresas publican de verdad sus cifras. Por eso importa que exista el Compromiso de Antalya, aunque hoy sea solo un borrador sin letra pequeña. El precedente juega a favor: cuando la transparencia se vuelve exigible, las cifras se mueven. La COP31 ha anunciado además una iniciativa de tecnologías limpias, con proyectos piloto en energía inteligente e industria verde. La ciencia, eso sí, pide prudencia: distinguir el consenso, el que recoge el IPCC, de la proyección, y no confundir un anuncio con un resultado.
- Pide la letra pequeña: si una empresa presume de IA verde, busca su informe de consumo eléctrico. Si no lo publica, ese silencio habla.
- No confundas gesto con cambio: ahorrar en casa cuenta, pero el consumo de los centros de datos se decide en contratos de energía, no en tu salón.
- Sigue el rastro del borrador: el Compromiso de Antalya se hará público antes de la cumbre, y ese es el momento de exigir algo más que una foto.
🌍 Ficha de Impacto: el consumo energético de la IA
- El problema: los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial funcionan día y noche, y su demanda eléctrica crece más rápido que la energía limpia disponible.
- Datos importantes: la AIE prevé que sus emisiones se dupliquen con creces entre 2024 y 2030; en China, en torno al 70% de la electricidad de sus centros de datos viene del carbón.
- Repercusión en tu vida: la presión sobre la red se nota en la factura de hogares y empresas, y los nuevos centros de datos ya generan rechazo vecinal en varios lugares.


