La sequía y la agricultura en España forman un círculo incómodo: el país abastece a Europa de frutas y hortalizas frescas mientras los acuíferos que las riegan se van vaciando. La buena noticia es que ya hay soluciones que funcionan.
El acuífero que riega el huerto de Europa
En el suroeste de España, el Parque Nacional de Doñana se está quedando seco. Es uno de los humedales más importantes de Europa, refugio de millones de aves migratorias y de especies amenazadas como el lince ibérico, y descansa sobre un acuífero del que depende todo: lagunas, pueblos y campo.
La conexión con tu cesta de la compra es directa: se estima que España aporta alrededor de una cuarta parte de las frutas y hortalizas frescas que se consumen en Europa, y los países más fríos del continente comen tomate, fresa o pimiento todo el año gracias a estos cultivos.
En 1971, con Franco en el poder, el Estado declaró de interés nacional el riego de la comarca y lanzó el Plan Almonte-Marismas, bautizado así por el acuífero que iba a explotar. La apuesta fue la fresa, el llamado ‘oro rojo’: según cálculos a partir de datos de la FAO, una hectárea puede reportar hasta 150.000 euros brutos al año, frente a unos 20.000 de la patata o 15.000 de la uva.
De dónde viene el problema (y a dónde se va el agua)

Las cuotas concedidas parecían generosas. No bastaron. Los campos crecían y muchos agricultores recurrieron a pozos y balsas al margen de la ley: una estimación de WWF España de 2016 situó en más de 1.000 los pozos ilegales y en más de 1.700 las balsas del entorno, con una superficie regada equivalente a 4.200 campos de fútbol.
El acuífero no distingue entre una fresa y un pueblo: si se vacía, se queda sin agua tanto el campo como quien vive a su lado.
El clima empuja en la misma dirección. En El Rocío, al norte de la marisma, los vecinos describen años cada vez más calurosos y un agua que se agota deprisa. El calor y las sequías asociadas al cambio climático son parte del problema. Solo parte: la otra mitad se decide en las concesiones y en los contadores.
Hubo un punto de inflexión. En 2019, un niño de dos años murió al caer en un pozo profundo, presuntamente ilegal, cerca de Málaga. La Guardia Civil creó entonces unidades específicas contra el robo de agua y, en 2021, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que España no había protegido el acuífero de Doñana.
Hoy la vigilancia combina satélites, drones e inspección a pie. Los investigadores comparan imágenes de satélite con los mapas de derechos de riego para localizar parcelas sospechosamente verdes, y revisan los contadores: manipularlos con un imán es habitual. Las multas son la sanción más común, aunque los delitos contra el medio ambiente y el fraude pueden castigarse con hasta cinco años de prisión.
📋 Los datos clave de un vistazo
- El dato: Una estimación de WWF España de 2016 cifró en más de 1.000 los pozos ilegales y en más de 1.700 las balsas en el entorno de Doñana.
- Por qué importa: Doñana es un humedal esencial para millones de aves migratorias y para especies amenazadas como el lince ibérico.
- Lo que puedes hacer: Elegir fruta y verdura de temporada reduce la demanda de cultivos que exigen riego en los meses más secos.
- A tener en cuenta: La sequía agrava el problema, pero no es la única causa: cuotas de riego y pozos sin control llevan décadas sumando.
Lo que ya funciona y lo que sí está en tu mano
Pero hay salida. Frente a décadas de exceso, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y las administraciones locales han negociado un plan conjunto de 1.400 millones de euros. En Doñana se han sellado casi 300 pozos ilegales, se compran fincas para renaturalizarlas y se financian empleos en turismo y renovables.
Los agricultores también riegan de otra manera. Muchos han pasado al riego por goteo, con un gotero para cada planta, y lo combinan con sensores de humedad que marcan cuánta agua necesita el cultivo. Así se ahorra agua, y fertilizante. Además, se plantan cultivos menos intensivos en agua y se desplaza parte de la temporada a los meses fríos.
España no es un caso aislado, y tampoco lo es Doñana: hay más comarcas agrícolas del país con acuíferos tensionados. Marruecos vigila el riego con satélites y subvenciona el goteo; India orienta a sus agricultores hacia cultivos que beben menos; California paga a productores para que dejen de regar ciertas parcelas.
Conviene afinar el criterio, porque no todo lo que se presenta como solución lo es. Cerrar pozos ilegales y vigilar por satélite atacan la raíz del problema. El goteo y los sensores ahorran agua planta a planta, pero la eficiencia por sí sola no garantiza que se extraiga menos del acuífero: si la superficie regada sigue creciendo, el consumo total puede mantenerse o incluso subir.
Ahí está la clave. El IPCC identifica la cuenca mediterránea como uno de los puntos calientes del cambio climático, con un riesgo creciente de sequías y de episodios de calor extremo. Son proyecciones con su incertidumbre, pero apuntan en la misma dirección: el agua deja de ser un recurso abundante y barato. En tu mano está elegir fruta y verdura de temporada y apoyar un consumo que no obligue a regar a contracorriente.
🌍 Ficha de Impacto: sequía y sobreexplotación de acuíferos en la agricultura española
- El problema: España abastece a Europa de buena parte de su fruta y hortaliza fresca mientras los acuíferos que riegan esos cultivos, como el de Doñana, se vacían.
- Datos importantes: España aporta en torno a una cuarta parte del producto fresco que consume Europa. En 2021, la justicia europea condenó al país por no proteger el acuífero de Doñana.
- Repercusión en tu vida: De estos acuíferos depende la fruta y la verdura que llega a tu nevera, y también el agua de los pueblos que viven junto a ellos.


