Las renovables y la dependencia del gas acaban de darnos la cifra del año: la eólica y la solar récord de Reino Unido han evitado 5.900 millones de libras en importaciones de gas. Tu factura también se juega algo aquí.
El dato no nace de un titular de conveniencia. Sale de un cálculo sencillo de entender: cuánto gas habría tenido que comprar el país si esa electricidad se hubiera generado quemándolo, como se hacía hace no tanto. La respuesta equivale a más de 100 entregas extra de buques metaneros de gas natural licuado.
Mientras el precio del gas trepaba a niveles que no se veían desde la crisis energética de 2022, el Reino Unido generaba cantidades récord de electricidad con viento y sol: un 14% más que el año anterior. Eso ha recortado cerca de un 10% la generación con gas. Y el resultado es que la eólica y la solar han cubierto el 41% de la electricidad británica en lo que va de año, frente al 25% del gas.
Hace una década, ese 41% habría sonado a utopía. Hoy es una tabla de salvación económica.
El ahorro del último mes es el más elocuente: 1.300 millones de libras solo en septiembre, gracias a una producción eólica y solar de casi 10 teravatios hora que coincidió con unos precios del gas desbocados.
Cuando la electricidad deja de depender del gas, la factura deja de temblar cada vez que estalla una crisis al otro lado del mundo.
¿Y por qué el gas sigue marcando el precio de la luz? Porque en el mercado mayorista la tecnología más cara que entra para cubrir la demanda arrastra el precio de todas las demás, y esa tecnología suele ser un ciclo combinado de gas.
Mientras el gas fije el precio de la última hora, cada molino y cada panel que entra antes es un ahorro invisible en el mercado, pero real en la factura.
De dónde viene el problema: una factura atada al mercado global
El gas no es caro porque sí. Es caro porque se compra en un mercado internacional donde el precio lo fijan la escasez, las guerras y el invierno. El análisis lo dibuja con claridad: entre 2023 y comienzos de este año se pagó de media a unos 90 peniques por termia, tres veces más que en 2019. Desde el estallido de la crisis de Ormuz, la media ha subido a 134 peniques; y en septiembre ha llegado a 189 peniques por termia, casi cuatro veces el nivel de 2019.
Y el calendario no ayuda. Se acerca el invierno, sube la demanda de calefacción, las reservas europeas están bajas y Europa tendrá que competir con Asia por los mismos cargamentos de gas natural licuado. La tormenta perfecta para el bolsillo.
En Reino Unido lo notan sobre todo las calefacciones: desde el 1 de octubre, la factura típica de gas de un hogar es un 33% más alta que en abril, unos 200 libras al año, según el análisis del think tank Nesta. La factura eléctrica, en cambio, apenas ha subido un 4%. La razón es exactamente esa: la electricidad lleva cada vez más viento y sol dentro.
📋 Los datos clave de un vistazo
- El dato: 5.900 millones de libras en importaciones de gas evitadas en Reino Unido desde el inicio de la crisis de Ormuz, según el análisis de Carbon Brief.
- Por qué importa: la eólica y la solar cubren ya el 41% de la electricidad británica, frente al 25% del gas.
- Lo que puedes hacer: elegir electricidad con garantía renovable y avanzar en la electrificación de la calefacción.
- A tener en cuenta: el ahorro es una estimación de lo que se habría importado sin esa generación limpia, no una caja que nadie haya cobrado.

Qué dice la ciencia y qué está de verdad en tu mano
El IPCC lo viene repitiendo en sus informes: la solar y la eólica están entre las tecnologías con mayor capacidad para recortar emisiones, y sus costes han caído con una rapidez que pocos pronosticaron. El caso británico demuestra que esa palanca ya funciona en la práctica, incluso con los precios desbocados. Más contexto sobre el proceso en esta entrada sobre la transición energética.
No es un fenómeno aislado. La Unión Europea ha tenido que pagar unos 100.000 millones de euros extra por sus importaciones de combustibles fósiles desde que comenzó la crisis, y el diésel británico ha tocado las 2 libras por litro. Con esos precios, las cifras recogidas en ese análisis sitúan la conducción eléctrica hasta nueve veces más barata que la de combustión.
Eso sí, seamos honestos con el matiz. El mérito no es solo de los paneles y los molinos: también cuenta la red, el almacenamiento, la gestión inteligente de la demanda y un mercado eléctrico que deje de trasladar automáticamente el precio del gas a la luz. La mayoría de los análisis apunta en la misma dirección: sin ese cambio de reglas, el viento sopla pero la factura no baja.
En España lo hemos visto de cerca. La llamada excepción ibérica de 2022 topó el precio del gas que se usa para generar electricidad, y el país lleva años con una cuota renovable muy alta en su mix, con la eólica y la solar fotovoltaica entre las principales fuentes de generación. El caso británico es la misma película con otro acento.
¿Y qué está en tu mano hoy? Estas son las palancas que de verdad mueven la aguja:
- Contratar electricidad con garantía de origen renovable y ajustar la potencia contratada a lo que consumes.
- Electrificar la calefacción cuando toque sustituir la caldera: bomba de calor o aerotermia.
- Valorar el autoconsumo solar si el tejado y la orientación acompañan.
- Moverse en transporte público, bicicleta o coche eléctrico en los trayectos posibles.
Y una capa que casi nunca se cuenta: la energía más limpia es la que no se consume. Aislar bien una vivienda o bajar un grado la calefacción recorta la demanda de gas más que cualquier gesto simbólico. Ahí sí hay margen real en casa.
El caso británico no es un milagro. Es una demostración de que la transición ya está amortiguando el golpe.
🌍 Ficha de Impacto: la eólica y la solar frente a la dependencia del gas
- El problema: la luz y la calefacción siguen atadas a un gas cuyo precio se fija en un mercado global expuesto a guerras y a la escasez invernal.
- Datos importantes: la eólica y la solar ya cubren el 41% de la electricidad británica, frente al 25% del gas. En septiembre, el gas se pagó casi cuatro veces más caro que en 2019.
- Repercusión en tu vida: cuando la electricidad lleva más viento y sol, tu factura se mueve menos aunque el gas se dispare; aislar la casa reduce esa exposición.


