Lhardy sale de casa por primera vez en 187 años: abre Lhardy Café Madrid junto al Retiro

El Lhardy Café Madrid abre en Velázquez 8 y rompe la norma que la casa respetó 187 años. El restaurante más antiguo de la capital, fundado por Emilio Huguenin en 1839, sale por primera vez de su Carrera de San Jerónimo y aterriza en los bajos del Hotel Wellington, en pleno barrio de Salamanca y a un paso del Retiro. Llevo años recomendando la casa madre a quien quiere entender qué come Madrid sin aspavientos; ahora tengo una segunda dirección que dar.

Qué es Lhardy Café y qué no: el hermano pequeño que no copia a la casa madre

La propia casa lo define como una mezcla de bistró, cafetería y tienda. Abajo, una barra desenfadada y una pastelería que funciona como imán. Arriba, un comedor de ritmo pausado con servicio en sala y puertas abiertas de la mañana a la noche: algo que la sede histórica nunca ha hecho.

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El detalle que separa esta apertura de un homenaje vacío es el mobiliario. Las cazuelas de cobre, los moldes de repostería, las vajillas y las chocolateras que decoran el local proceden de los fondos históricos de Lhardy y de los almacenes que Pescaderías Coruñesas, propietaria del grupo desde 2021, ha reunido durante años. No hay atrezo comprado a granel: hay patrimonio.

Del 8 al 8. La coincidencia de números entre Carrera de San Jerónimo y Velázquez parece deliberada, aunque ahí acaban las similitudes evidentes: nadie ha trasladado la decoración original ni ha intentado replicarla.

La carta: el consomé sigue saliendo del samovar y el soufflé se sirve para uno

Los rituales aguantan intactos. El consomé se sigue sirviendo desde su samovar, solo o con la chispa que la casa lleva décadas defendiendo. En carta aparecen la gilda Lhardy, el huevo Rossini, la bomba de cocido y esa croqueta que conviene pedir por docenas sin remordimiento alguno.

Lo que no aparece es el cocido, y no es un despiste. El plato más emblemático se queda en el centro para que la nueva dirección no eclipse a la original. Quedan sus ecos en unos raviolis servidos en su propio consomé.

Una casa de 187 años no se expande para repetirse: se expande para decir algo que en su sede histórica sería imposible.

El resto de la carta lleva el sello de Pescaderías Coruñesas: quisquilla de Motril al ajillo, salpicón, salmón ahumado artesanal con bearnesa, bogavante del Cantábrico en escabeche de aceitunas, calamar de anzuelo y ostras. Junto a ellos, cecina de wagyu, terrina de foie, steak tartar aliñado en sala y un solomillo de buey al whisky que la casa firma con un Desde 1911.

Lhardy nuevo café

El golpe teatral llega con el carro entremés. Abel Valverde, director de Gastronomía del grupo, recupera una costumbre popularizada en la Francia de principios del siglo XX, cuando el cliente no se levantaba y los entrantes viajaban hasta la mesa. El carro procede de un antiguo platero madrileño y prepara la ensalada a la vista: César con poularde, Waldorf con capón a baja temperatura o tomate y ventresca.

En la planta baja, la pastelería funciona como negocio paralelo: croissants, ensaimadas, financiers, kouign-amann y pain au chocolat. Y vuelve el icono. El soufflé que en la casa madre es postre de gran ocasión aquí se prepara también en formato individual, incluso para llevar, bajo una montaña de merengue tostado y su placa de chocolate.

La bodega merece párrafo propio: botellas nacionales e internacionales, Jerez, champán y, sobre todo, cuvées elaboradas expresamente para Lhardy por Raúl Pérez, Ismael Gozalo y Niepoort. Parte se sirve por copa desde una bañera situada en la planta alta, un guiño fotogénico que también invita a alargar la sobremesa.

Análisis: qué significa esta apertura en el mercado gastronómico madrileño

Madrid vive desde hace un lustro una competición feroz por el ticket alto en el eje Salamanca-Retiro. Hoteles de lujo, grupos de restauración y chefs con estrella pugnan por las mismas esquinas y, a menudo, por el mismo cliente. En ese mapa, Lhardy Café no compite por el menú degustación: compite por el día entero.

Ahí está su ventaja real. Un local que abre por la mañana con café de especialidad y bollería, que sirve almuerzo y picoteo a media tarde y que cierra con cenas y copas reparte sus costes fijos entre muchas más horas que un restaurante de servicio único. Es el modelo de café europeo aplicado al patrimonio español.

El movimiento de Pescaderías Coruñesas responde a una lógica que el sector conoce bien: las enseñas centenarias tienen un valor de marca que ningún grupo puede fabricar desde cero. Lo que sí puede fabricarse es el formato donde esa marca rinde sin desgastarse. Por eso el cocido se queda en San Jerónimo. Por eso el soufflé viaja. La casa madre protege el símbolo; la nueva dirección explota el deseo cotidiano.

El cocido se queda en San Jerónimo porque el símbolo no se toca; el soufflé viaja porque el deseo hay que ir a buscarlo.

Mi veredicto es directo. Si buscas el Lhardy de mantel largo y cocido de tres vuelcos, vete al centro. Si quieres un café con vocación parisina, memoria española y buen producto de mar, esta es la dirección que llevo semanas dando a quien me pregunta por Madrid. El aviso, eso sí, es para el barrio: cada apertura de este nivel empuja el ticket medio del eje Wellington-Retiro un poco más arriba.

💎 Ficha de Exclusividad: Lhardy Café (Velázquez 8, Madrid)

  • El producto / experiencia: Primera expansión de Lhardy en 187 años: bistró, cafetería y tienda con barra informal abajo y comedor con servicio en sala arriba; consomé de samovar, croquetas, carro entremés y soufflé individual.
  • Dónde conseguirlo: Calle de Velázquez 8, bajos del Hotel Wellington (barrio de Salamanca, junto al Retiro). Horario continuado; conviene reservar para el comedor superior y entrar sin reserva a barra y pastelería.
  • Precio estimado: La casa no publica carta con precios. El ticket varía según el formato: café y bollería en barra frente a comida completa con vinos de bodega, donde las cuvées de Raúl Pérez, Ismael Gozalo y Niepoort elevan la cuenta.
  • Ventajas de usarlo — el valor real: Acceso a una marca fundada en 1839 sin la rigidez del comedor histórico: misma despensa de Pescaderías Coruñesas, mismo consomé y mismo soufflé, con horario continuado y formato individual para llevar.

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