Four Seasons Formentor: el hotel de Mallorca de Grace Kelly y Borges que cobra desde 900€ la noche

El Four Seasons Formentor se esconde tras 18 curvas, un siglo de huéspedes ilustres y tarifas desde 900 euros por noche. Cuando un cliente me pide un hotel para desaparecer sin renunciar a nada, este rincón del norte de Mallorca entra siempre en mi lista corta.

La última curva explica todo lo demás. Atrás queda la isla de las rotondas con buganvillas; delante aparece una línea blanca recostada frente a la bahía de Pollença, con los pinos hundiendo los pies en la arena y un agua tan transparente que deja contar las piedras del fondo.

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Y un silencio de los que ya casi no se fabrican, roto solo por los gorriones que saltan entre las mesas de la terraza como si llevaran allí más tiempo que nadie.

Los chóferes que cubren el trayecto desde el aeropuerto de Palma repiten la misma idea con palabras distintas: los sitios más bonitos del mundo son de difícil acceso. Aquí la frase funciona a la vez como advertencia y como promesa.

El hotel que un poeta argentino levantó en 1929

A este rincón llegó en 1929 Adán Diehl, poeta y empresario argentino, con una idea que en plena Gran Depresión sonaba a locura: levantar un gran hotel en un terreno virgen al que casi no se podía llegar. Le salió bien.

Durante décadas, el Hotel Formentor fue el lugar al que uno iba para desaparecer con estilo: Winston Churchill, Charles Chaplin, Audrey Hepburn, Jane Birkin. En 1956, Grace Kelly y Rainiero de Mónaco hicieron escala aquí durante su luna de miel.

La huella llegó incluso al armario. En 1932, Jean Patou se alojó en el hotel y, mirando estas playas, diseñó un pantalón ancho y fluido al que llamó, sin más, Formentor; Marlene Dietrich lo popularizó y hoy lo conocemos como pantalón palazzo.

Diehl también quiso que el hotel pensara: impulsó las Conversaciones Literarias de Formentor, de las que nacieron en 1961 los Premios Formentor ideados por Carlos Barral, con un primer jurado incapaz de elegir que dejó un empate entre Jorge Luis Borges y Samuel Beckett.

Ningún hotel de Mallorca puede replicar mil doscientas hectáreas de pinar: la escala es el único lujo que no se compra por metros de mármol.

Antes que todos ellos estuvo Miquel Costa i Llobera, cuya familia estuvo ligada durante siglos a la finca Cases Velles y que escribió aquí en 1875 El Pi de Formentor, el poema que convirtió un pino agarrado al acantilado en símbolo de constancia.

La reconstrucción que no debía notarse desde el mar

En 2024 el edificio reabrió como Four Seasons Resort Mallorca at Formentor tras una reconstrucción integral firmada por Estudio Lamela con SCT Arquitectos. La estructura estaba agotada y hubo que levantarla de nuevo, pero con una condición innegociable: que desde el mar nadie notara la diferencia. «Había que mantener la volumetría y el color», resume Carlos Lamela.

Alrededor quedan 1.250 hectáreas de pinar, jardines y viñedos dentro de la Serra de Tramuntana, Patrimonio Mundial de la UNESCO, un sello LEED Gold que ningún otro hotel de la isla tiene y dos Llaves de la Guía Michelin.

Dentro, el estudio parisino Gilles & Boissier tomó una decisión que se agradece cada mañana: antes la mitad de las habitaciones miraban hacia el interior del edificio; ahora todas dan al Mediterráneo y todas tienen terraza. Para lograrlo hubo que desplazar los pasillos a la parte trasera.

hotel lujo Mallorca

El mostrador de recepción es un bloque de piedra mallorquina y el lobby agrupa sofás de tejidos ocres bajo la luz filtrada por los pinos. Revocos minerales, maderas cepilladas, metales martillados y artesanía local: vidrio soplado de Gordiola, textiles de Vicens.

Qué entra en los 900 euros y qué se paga aparte

La tarifa de entrada ronda los 900 euros por noche e incluye habitación con terraza, acceso al spa de piedra y yeso con tratamientos de Biologique Recherche o Sepai y la piscina infinita que confunde su borde con el horizonte. Todo lo demás se factura: seis propuestas gastronómicas, entre ellas el nikkei de Shima, el producto de temporada de Mel y el arroz de carabineros de Llum i Sal, servido literalmente sobre la arena.

Hay dos partidas que casi nadie mete en el cálculo y que aquí pesan. La primera es la programación de chefs invitados, con cenas a cuatro manos y mesas al aire libre en Cases Velles. La segunda es la bodega: siete hectáreas de viñedo recuperadas en la finca Cases Velles, documentada desde el siglo XV, de las que salen los vinos de Vinyes de Formentor y el aceite de oliva de la casa.

Beber un vino cuya uva creció a unos minutos de tu mesa es un lujo que ninguna decoración puede imitar.

Mi veredicto: para quién tiene sentido esta tarifa

Mallorca se ha llenado de hoteles de lujo en la última década y casi todos compiten con el mismo argumento: diseño, gastronomía firmada y una piscina fotogénica. Formentor juega otra liga, y no por el interiorismo, que es excelente. Juega por la escala: terreno protegido, viñedo propio y una playa que no comparte con nadie.

Conviene saber qué se compra y qué no. Aquí no hay beach club con música ni servicio urbano de campanilla permanente. Hay silencio, una carretera de 18 curvas que convierte cualquier excursión en una decisión y un tiempo que se estira solo. Para quien busca privacidad, producto de la finca y un programa de arte site-specific que ha llegado a usar la escultura Hombre Árbol como fuente, la relación entre tarifa y experiencia aguanta. Para quien quiere Mallorca de copas, no.

💎 Ficha de Exclusividad: Four Seasons Resort Mallorca at Formentor

  • El producto / experiencia: Resort de lujo en el extremo norte de Mallorca, reabierto en 2024 tras la reconstrucción de Estudio Lamela y SCT Arquitectos, con interiorismo de Gilles & Boissier. Todas las habitaciones tienen terraza y vistas al Mediterráneo, dentro de 1.250 hectáreas de pinar y viñedo.
  • Dónde conseguirlo: Reserva directa en fourseasons.com/formentor o a través del concierge del resort. Acceso exclusivamente por la carretera de Pollença, 18 curvas entre el pinar y el mar.
  • Precio estimado: Desde unos 900 euros por noche en habitación con terraza. Spa, restaurantes, cenas de chefs invitados y experiencias en la finca se facturan aparte.
  • Ventajas de usarlo — el valor real: Escala y privacidad irrepetibles en la isla, con vino y aceite de la propia finca, dos Llaves Michelin y un sello LEED Gold que ningún otro hotel de Mallorca tiene.

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