El reloj de lujo 200.000 euros que ha lucido Lamine Yamal tiene una particularidad incómoda: nadie sabe cuánto cuesta realmente. El futbolista apareció en una concentración de la selección con una pieza de oro rosa y esfera esqueletizada, y la industria tardó menos de un día en identificarla.
Se trata del Richard Mille RM 67-01 Automatic Winding Extra Flat, una de las lecturas más delgadas de la caja tonneau que define a la casa suiza. Yamal lo llevó con una correa dividida en naranja y azul cielo, un contraste que convierte un modelo relativamente sobrio —dentro de los códigos de la firma— en un objeto imposible de ignorar.
Hay un detalle que pocos perciben: es la primera vez que se le ve públicamente con una de las manufacturas más cerradas del sector. Y eso, en alta relojería, mueve precios.
Richard Mille RM 67-01: 7,75 milímetros y 215 operaciones de mecanizado
Su aspecto engaña. Richard Mille construyó su reputación con relojes voluminosos y de inspiración mecánica agresiva; el RM 67-01 nació con el objetivo contrario. El reloj completo mide 7,75 milímetros de grosor, una cifra poco habitual en una caja tonneau.
El calibre CRMA6 es la clave. Este movimiento automático se queda en 3,60 milímetros de altura sin renunciar a las prestaciones habituales de la casa. La platina y los puentes están mecanizados en titanio grado 5, elegido por rigidez y por ligereza, con tratamientos de electroplasma gris y negro.
La esfera esqueletizada deja el mecanismo casi al descubierto. Los numerales no descansan sobre un disco convencional: son piezas de metal macizo fijadas a dos raíles de titanio conectados directamente al movimiento. Un detalle de construcción que explica parte del sobreprecio.
El CRMA6 late a 28.800 alternancias por hora —4 Hz— y ofrece unas 50 horas de reserva de marcha. A las cinco se sitúa la fecha semiinstantánea, en una abertura vertical. A las dos, un indicador señala qué función ha seleccionado la corona: cuerda, fecha o puesta en hora. Richard Mille lo compara con el indicador de la caja de cambios de un automóvil.
La carga automática corre a cargo de un rotor de platino montado sobre rodamientos cerámicos, que transmite energía en los dos sentidos de giro. Y queda la caja: según la propia firma, cada una exige más de 215 operaciones de mecanizado antes del cepillado y el pulido manual.
El precio real: por qué el RM 67-01 de oro rosa supera los 200.000 euros en el secundario
Aquí llega la parte que interesa al bolsillo. Richard Mille no publica en su web la tarifa del RM 67-01 en oro rosa, así que no existe precio oficial con el que tasar el ejemplar del futbolista. En el mercado secundario esa referencia supera los 200.000 euros, y algunas estimaciones sitúan una pieza como la suya en torno a los 240.000.
Cuando una marca deja de publicar su precio de lista, el mercado secundario se convierte en la única referencia real.
Esa opacidad no es un descuido, es política comercial. Sin tarifa pública el comprador no puede comparar, el distribuidor recupera margen y la pieza conserva un aura de precio libre que alimenta la especulación. En este segmento, la información también es un activo escaso.
Con Richard Mille hay un factor añadido que tensa la reventa: producción corta y una demanda que no depende del coleccionista tradicional. La firma ha construido su identidad sobre atletas —Rafael Nadal, Charles Leclerc o Bubba Watson— y ha llegado a desarrollar piezas para competir con ellas puestas. Ese relato deportivo tiene un precio medible.

Análisis: qué compra realmente quien paga 240.000 euros por este Richard Mille
Pongamos la pieza en su liga. En el entorno de los 200.000 euros conviven tres mercados distintos: la alta complicación tradicional, el deportivo de acero con lista de espera y el objeto de estatus puro. El RM 67-01 juega en el tercero y no compite con un Patek Philippe: compite con la visibilidad.
Su valor no está en la exactitud —cualquier calibre certificado la garantiza— ni en la reserva de marcha, donde 50 horas es una cifra correcta y nada excepcional. Está en la silueta. Un RM 67-01 se reconoce a quince metros, y eso es exactamente lo que paga su cliente.
Hay un matiz que la marca no publicita. Es una de las referencias menos voluminosas del catálogo y, por tanto, de las más llevables a diario. Para quien busca el sello de la casa sin el compromiso de una caja descomunal, es la puerta de entrada más razonable. Eso también sostiene el precio: la demanda no es solo del coleccionista extremo.
Mi lectura práctica: en oro rosa, este reloj se compra con el corazón y se vende con el calendario. El metal ha subido y el suministro de la firma no se ha relajado, dos vientos a favor de la retención. Eso sí, quien compre pensando en plusvalías rápidas debe recordar que este mercado es estrecho: pocos compradores, tickets altos y liquidez lenta.
Un Richard Mille no se compra para saber la hora: se compra para que los demás sepan quién eres sin que tengas que decirlo.
💎 Ficha de Exclusividad: Richard Mille RM 67-01 Automatic Winding Extra Flat en oro rosa
- El producto / experiencia: Reloj automático ultrafino en oro rosa con caja tonneau de 7,75 milímetros de grosor total, calibre CRMA6 de 3,60 milímetros con platina y puentes de titanio grado 5, fecha semiinstantánea e indicador de función en la corona.
- Dónde conseguirlo: Boutiques Richard Mille y distribuidores autorizados a través de richardmille.com; en secundario, plataformas verificadas como Chrono24 y casas de subasta especializadas tipo Phillips.
- Precio estimado: Sin tarifa pública en oro rosa. En el mercado secundario, entre 200.000 y 240.000 euros según configuración, año y estado de conservación.
- Ventajas de usarlo — el valor real: Silueta reconocible a distancia y una de las referencias más llevables del catálogo; en oro rosa, la más sencilla de colocar dentro de un mercado deliberadamente estrecho.


