Glovo vuelve a sentarse, virtualmente, frente a la Inspección de Trabajo. CCOO de Euskadi ha denunciado a la compañía de reparto y a su subcontrata Fliits por lo ocurrido el pasado 3 de octubre en Bizkaia: aviso naranja por lluvias, aviso rojo desde las seis de la tarde, calles inundadas y, según el sindicato, la aplicación de Glovo funcionando y enviando pedidos como cualquier otro día.
La pregunta de fondo no es solo si la empresa cumplió. Es si una app puede colocarte en una situación de riesgo sin que ninguna persona con nombre y teléfono asuma la responsabilidad de decir basta.
Qué investiga la Inspección de Trabajo tras la denuncia de CCOO en Bizkaia
La denuncia, presentada por la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO, pide revisar cuatro cosas concretas: las condiciones en que se prestó el servicio, las instrucciones que recibió la plantilla, los protocolos de actuación existentes y las medidas preventivas que adoptaron Glovo y Fliits.
El sindicato recuerda que AEMET había activado el aviso naranja en varios tramos horarios y el rojo desde las 18:00 hasta pasada la medianoche, con inundaciones en el Casco Viejo de Bilbao. Ninguna de las dos aplicaciones se detuvo.
Egoitz Gil, responsable de FSC-CCOO en Bizkaia, lo resume con una frase incómoda: en este tipo de empresas «los trabajadores no tienen un referente humano que les diga que tienen que parar». Los jefes de flota, ese mando intermedio que aparece en los chats, son también trabajadores.
Y hay un dato que convierte el caso en algo más que una anécdota meteorológica: según el sindicato, algunos repartidores que se pusieron a cubierto y no atendieron pedidos fueron sancionados. Las penalizaciones van del apercibimiento escrito a la pérdida de un plus ligado a las métricas o a días de empleo y sueldo. Glovo sostiene que las impone la propia aplicación y que negocia retirarlas.
Ningún pedido urgente justifica cruzar una calle inundada. Si el algoritmo decide por ti, la responsabilidad de parar sigue siendo de la empresa.
Tu derecho a parar con alerta roja: qué dice la ley y cómo ejercerlo
Aquí conviene bajar al texto legal. La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales obliga a la empresa a garantizar la seguridad del personal y a adaptar las condiciones cuando aparece un riesgo nuevo. Una alerta roja anunciada con horas de antelación es exactamente eso.

El artículo 21 de esa norma regula el riesgo grave e inminente: puedes interrumpir la actividad y abandonar el lugar de trabajo si consideras que existe un peligro serio para tu integridad, y no puedes sufrir perjuicio por hacerlo. No es una concesión. Es una garantía legal.
Consulta siempre tu convenio colectivo o a un abogado laboralista o sindicato antes de tomar decisiones sobre derechos específicos: las condiciones concretas varían según el sector, la empresa y tu situación personal.
En la práctica, ejercerlo requiere tres gestos. Antes del turno, guarda captura del aviso meteorológico y del protocolo interno si existe. Durante el turno, comunica por escrito —chat de la app, correo o mensaje al jefe de flota— que interrumpes la actividad por riesgo grave e inminente. Y después, conserva la respuesta: el silencio también sirve como prueba.
El matiz que muchos desconocen es que la obligación de prevenir no se delega en el individuo. El protocolo de meteorología adversa que CCOO echa en falta es precisamente eso: que la empresa decida antes de que la decisión sea tuya, y no al revés.
Negarte a un trabajo peligroso no es rebeldía: es una garantía legal pensada para que no elijas entre tu integridad y tu nómina.
La subcontrata, el algoritmo y el reparto del riesgo: dónde está el límite
La subcontratación no es un detalle técnico. Glovo organiza la demanda y fija tiempos; Fliits emplea y paga, con alrededor de 250 personas cada una en Bizkaia. Cuando la seguridad depende de dos empresas que se pasan la pelota, quien está bajo la lluvia queda en tierra de nadie.
Hay un segundo elemento que incomoda: la app como jefa real. En una plataforma no hay un supervisor que vea la inundación por la ventana, sino una notificación que dice que tu pedido está listo y un sistema de métricas que premia aceptar y castiga rechazar. Esa asimetría es el corazón del problema.
¿Para quién funciona el consejo de parar cuando hay alerta roja? Para quien tiene contrato, nómina y antigüedad, porque puede reclamar sin jugarse el acceso al trabajo. Para quien encadena pedidos con métricas ajustadas, el margen real es más estrecho: por eso la salida no es individual, pasa por protocolos escritos y presión colectiva.
Y aquí está el matiz que el discurso corporativo suele ignorar: ninguna mejora de eficiencia justifica que la seguridad acabe siendo una decisión personal tomada a contrarreloj. Parar una flota entera es responsabilidad de quien la organiza.
Para tu próxima semana laboral hay una acción concreta y barata: pregunta por escrito cuál es el protocolo ante alerta naranja o roja. Si la respuesta es «la app sigue funcionando», ya tienes la primera prueba de lo que falta.
📋 Ficha Laboral: trabajar con alerta meteorológica
- Qué tengo que saber: La Ley 31/1995 obliga a la empresa a adaptar o suspender la actividad ante un riesgo grave e inminente, como una alerta roja de AEMET. El artículo 21 permite interrumpir el trabajo sin sufrir represalias.
- A quién afecta: Personas repartidoras con contrato en plataformas y subcontratas de reparto y, por extensión, cualquier oficio al aire libre: construcción, limpieza viaria, logística o mensajería.
- Fechas clave: De aplicación inmediata, antes de tu próximo turno con aviso naranja o rojo. La denuncia de CCOO se presentó en octubre de 2026 y sigue en manos de la Inspección de Trabajo de Bizkaia.


