La remolacha un superalimento: la ciencia no respalda los milagros que le atribuyen sus defensores

La remolacha se ha ganado la etiqueta de superalimento a base de titulares, no de ensayos clínicos concluyentes. Eso no significa que no tenga nada. Significa que casi todo lo bueno que hace está muy localizado, y que el resto es marketing bien empaquetado.

Empecemos por lo indiscutible: es una hortaliza de raíz con 43 kcal por cada 100 gramos, unos 2,8 gramos de fibra y una cantidad notable de folatos, la forma natural de la vitamina B9, que participa en la formación de células nuevas. A eso se suman las betalaínas, los pigmentos que le dan ese rojo tan característico y que en el laboratorio muestran capacidad antioxidante.

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El interés científico real llegó por otra vía: los nitratos. La remolacha es una de las fuentes vegetales más concentradas, con cifras que rondan los 200 miligramos por cada 100 gramos según las bases de composición. En la boca, unas bacterias los transforman en nitrito; en el organismo, ese nitrito acaba convertido en óxido nítrico, una molécula que relaja y ensancha los vasos sanguíneos y de la que depende buena parte del efecto sobre la presión.

¿Y qué dicen los ensayos? Los metaanálisis que han agrupado estudios con zumo de remolacha describen descensos de la presión sistólica en el entorno de 3 y 5 mmHg, una cifra modesta pero real. Eso sí, el efecto aparece sobre todo en personas con la presión ya elevada y es bastante irregular en el resto. Traducido: ayuda, pero no sustituye a nada.

Ahí es donde la etiqueta de remolacha superalimento se estira demasiado. Se le atribuyen mejoras en el rendimiento deportivo, en la memoria o en el control del azúcar en sangre. En varios de esos frentes hay estudios pequeños, con muestras de pocas decenas de personas y resultados que no siempre se replican. La evidencia sigue siendo preliminar.

Una hortaliza puede ser buena, muy buena, y aun así no ser un remedio. La diferencia entre las dos cosas es la que separa la nutrición de la publicidad.

Hay incluso un detalle que casi nadie comenta y que demuestra lo frágil de algunos resultados: si te lavas los dientes con un colutorio antibacteriano potente, la conversión de nitrato en nitrito se frena y el efecto sobre la presión se diluye. Y la cantidad de nitratos varía muchísimo según el suelo, el cultivo y la temporada.

Cómo comer remolacha para aprovechar lo que de verdad aporta

La primera decisión práctica es la forma. El zumo concentra nitratos, pero pierde la fibra y suma azúcares de golpe; la hortaliza entera, cocida o asada, conserva la fibra y sacia mucho más. Para la mayoría de la gente, la raíz entera gana la partida.

La segunda es la cocción. Hervirla en abundante agua arrastra parte de los nitratos y de los compuestos hidrosolubles; asarla al horno o cocerla al vapor permite conservarlos mejor. Con 20 minutos de horno a 200 grados, cortada en dados y con un poco de aceite de oliva, tienes una guarnición que resuelve cualquier comida de diario.

La tercera es la dosis y el momento. Los estudios que sí han visto efectos claros usan concentrados equivalentes a unos 250 mililitros de zumo, tomados entre dos y tres horas antes del esfuerzo o de la medición. No hace falta más. Y las cápsulas de moda no mejoran lo que da una remolacha asada.

Comer remolacha por su fibra, sus folatos y su sabor ya es una razón suficiente. No necesitas añadirle milagros para justificar su sitio en el plato.

Remolacha sí, milagro no: dónde está el límite honesto del superalimento

Si te llevas una idea de este artículo, que sea esta: la remolacha es una verdura excelente que no necesita que la vendan como fármaco. Aporta fibra, potasio, folatos y compuestos fenólicos, y eso ya justifica que aparezca en tu menú dos o tres veces por semana. Lo que no justifica es pagar el triple por un formato que promete longevidad.

Consulta siempre a tu médico o nutricionista antes de realizar cambios drásticos en tu dieta.

Hay grupos que deben ir con más cuidado del que indica el envoltorio. Quien tiene la tensión baja puede notar mareos si abusa del zumo concentrado, y quien ha tenido cálculos renales de oxalato debería moderar la raíz, porque es rica en oxalatos. Y si la orina o las heces salen teñidas de rojo, no hay alarma: es la betanina, un pigmento que se elimina tal cual. Se llama beeturia y no tiene nada de peligroso.

El consejo que sí funciona hoy es sencillo: compra remolacha fresca, ásala el domingo y tenla lista en la nevera para ensaladas, bocadillos o legumbres. Sin batidos milagro, sin cápsulas y sin esperar que la tensión baje por arte de magia. La constancia en el conjunto de la dieta pesa infinitamente más que cualquier superalimento aislado.

⚖️ El Veredicto: la remolacha como superalimento milagroso

  • El Mito: «La remolacha mejora el rendimiento, baja la presión y protege el cerebro; tómala a diario como remedio».
  • La Verdad: Sus nitratos relajan los vasos y pueden reducir la presión sistólica entre 3 y 5 mmHg, sobre todo si ya está alta, pero no hay ensayos concluyentes para el resto de promesas.
  • Conclusión: Cómela entera y asada dos o tres veces por semana por su fibra, sus folatos y su sabor, y no la uses como sustituto de un tratamiento médico.

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