La colección de relojes de Haaland suma, solo con las piezas documentadas, más de 3,8 millones de euros. Ese dato, que cualquier casa de subastas firmaría sin pestañear, explica mejor que su ficha deportiva qué clase de comprador es el noruego.
Llevo años siguiendo los joyeros de deportistas de élite y casi todos cometen el mismo error: compran lo que se ve. El del Manchester City hace justo lo contrario en la mitad de los casos, y ahí está la lección para quien tenga presupuesto y quiera aprender de verdad.
Su primera relación con la alta relojería no fue una compra, sino un contrato. Breitling firmó con él una colaboración de la que salieron ediciones limitadas en cuyo diseño participó el propio jugador. El Chronomat Automatic GMT de esa línea existe en dos variantes, ambas con la inscripción «ERLING HAALAND 9» en el dorso de la caja y un grabado del futbolista celebrando un gol. El tope de la serie, el Chronomat B01 42, cuesta 10.200 euros y, por supuesto, está en su caja personal. Es la puerta de entrada: un reloj de marca con nombre y apellidos, pero pieza de catálogo al fin y al cabo.
Del Chronomat al Nautilus: las piezas que Haaland sí enseña
El primer reloj con el que se le vio ya instalado en la élite fue el Audemars Piguet Royal Oak Double Balance Wheel 15407ST, una referencia de acero con doble volante que se tasa en 73.000 euros. Conserva el bisel octogonal y el brazalete integrado que definen a la casa de Le Brassus desde 1972.
Más singular es el Royal Oak Concept «Black Panther», la edición de 250 piezas que la manufactura lanzó como tributo al personaje de Marvel: caja de titanio arenado, bisel de cerámica negra satinada y pulida, y los detalles morados del superhéroe. En el mercado de segunda mano se paga por encima de 260.000 euros.
De Patek Philippe hay al menos cuatro referencias. La más reconocible es el Nautilus 5711/1A-010, valorado en el secundario en torno a 140.000 euros: la deportiva sencilla que prefiere el coleccionista que ya lo tiene todo. La otra es el Aquanaut 7968/300R, en oro rosa de 18 quilates, con 40 zafiros en el bisel exterior, 40 diamantes en el interior y 12 zafiros más como marcadores horarios. Supera los 300.000 euros.
El reloj de un futbolista no dice cuánto gana: dice si compra lo que le enseñan o lo que ya no se fabrica.
El joyero invisible: Richard Mille, Vacheron Constantin y el Daytona de un millón
Los Richard Mille son la prueba de que Haaland ha entrado en la categoría de cliente que no necesita lista de espera. Lleva un RM 55-01 blanco TPT de cuerda manual, ultrafino, en torno a 700.000 euros, y tiene además el RM 35-03 Rafael Nadal Quartz TPT, la tercera versión del tributo al tenista, a un precio similar.
De Vacheron Constantin hay al menos dos Overseas Perpetual Calendar. La referencia 4307V/220G-236C, en oro blanco con zafiros azules engastados en el bisel, supera los 400.000 euros; la otra, en oro rosa, la lució en las vacaciones que siguieron al último Mundial. Es un calendario perpetuo, la complicación que separa al aficionado del coleccionista.
El bloque Rolex es el más interesante de todos. Tiene un Cosmograph Daytona John Mayer de oro amarillo y esfera verde, unos 80.000 euros en el mercado de segunda mano, y un Daytona Eye of the Tiger con bisel de 36 diamantes talla trapecio y esfera de laca negra con detalles champán que ronda los 200.000 euros.
Pero la guinda es otra. El Daytona «Paul Newman» John Player Special (ref. 6264) de oro amarillo, la pieza más antigua y más cara de su caja. Casi todos los Daytona de esa referencia se fabricaron en acero inoxidable; en oro amarillo salió un puñado de unidades y se conservan menos aún. Por eso supera con holgura el millón de euros.
Las piezas con pedrería retienen mal el dinero. La escasez estructural, en cambio, nunca ha pasado de moda.
Análisis de experto: qué compra de verdad el coleccionista que viene
Aquí está el matiz que separa esta colección de las de otros futbolistas. Haaland opera en tres mercados distintos a la vez: el catálogo contemporáneo (Breitling, el Nautilus, el Overseas), las referencias engastadas —el Aquanaut de zafiros, el Eye of the Tiger— y el vintage de subasta. Los dos primeros pierden valor en cuanto salen de la boutique; el tercero es el único que lo crea.
En mi experiencia, la pedrería es la que peor retención tiene: el comprador de segunda mano paga la piedra a precio de materia prima, no a precio de marca. Un Aquanaut con zafiros en el bisel puede dejar por el camino entre el 30% y el 40% del desembolso en una década. Un Daytona 6264 en oro amarillo hace exactamente lo contrario. Ese es el secreto que nadie comenta en el palco.
Por eso el joyero de Haaland vale lo que vale: no por la suma, sino por la proporción. Más de 3,8 millones de euros en referencias documentadas, con un solo reloj —el Paul Newman— aportando más de una cuarta parte del total. Quien quiera replicar el patrón con seis cifras de presupuesto tiene una vía razonable: una deportiva de producción actual como único reloj de uso diario y el resto del capital en una pieza descatalogada, con papeles y servicio de fábrica documentado.
Y un último apunte que los buscadores de gangas ignoran: el reloj que mejor defiende el dinero casi nunca es el más caro del catálogo vigente, sino el que ya no se fabrica y todo el mundo reconoce de un vistazo.
💎 Ficha de Exclusividad: Rolex Daytona «Paul Newman» John Player Special Ref. 6264 en oro amarillo
- El producto / experiencia: Cronógrafo vintage de oro amarillo de 18 quilates con esfera negra, referencia 6264. La producción en este metal fue residual frente a la abrumadora mayoría de unidades en acero inoxidable.
- Dónde conseguirlo: Subastas de Phillips, Christie’s y Sotheby’s en Ginebra y Hong Kong; en el canal privado, mediante dealers especializados en vintage con certificado de autenticidad y trazabilidad. No existe acceso por boutique.
- Precio estimado: Por encima de 1.000.000 de euros para ejemplares en oro amarillo con papeles, caja original y mantenimiento de fábrica documentado.
- Ventajas de usarlo — el valor real: Escasez estructural verificable: la combinación de referencia, metal y esfera es la que el mercado reconoce al instante, y por eso es la pieza que sostiene el valor de todo el conjunto.


