La deforestación de Serra do Pingano se ha llevado el 43% del bosque de su núcleo central en dos décadas, y Angola acaba de proteger lo que queda. La ciencia avisaba; todavía hay margen.
Imagina una biblioteca que se queda sin estanterías. Cada libro que desaparece no se pierde solo: se lleva consigo las conexiones con los demás, las notas al margen, el índice que permitía encontrar algo. En el norte de Angola, en la provincia de Uíge, está pasando algo parecido con un bosque. El paisaje se ha ido pelando hasta dejar a la vista laderas cada vez más desnudas, y lo que era una masa verde continua empieza a parecer un archipiélago de árboles.
No es la impresión de quien mira desde la carretera. Un estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, firmado por once investigadores de varias instituciones —dos de ellos angoleños—, puso cifras a lo que los satélites y el trabajo de campo venían dibujando desde hacía años.
Y las cifras asustan. En el núcleo central de la sierra desapareció el 43% de la cobertura forestal original en dos décadas. Si se mira el conjunto del ecosistema, el Serra do Pingano Forest Ecosystem, la pérdida se queda en el 21%, que aun así equivale a 536 kilómetros cuadrados de bosque menos.
El matiz importa: no hablamos de un bosque que se apaga de golpe, sino de una resta lenta, año tras año, que hoy se puede medir con precisión. Y esa resta tiene consecuencias para las especies que viven allí y para los suelos que sostienen la vida de la zona.
Qué se ha perdido y qué sigue en pie en la sierra
Los autores del trabajo no se limitan a describir el daño. Plantean su estudio como una advertencia urgente y, al mismo tiempo, como una llamada a la acción para proteger lo que queda del bosque. Porque queda mucho: si el núcleo ha perdido el 43%, todavía conserva algo más de la mitad de su cobertura original. Esa es la parte que se puede salvar.
La otra mitad de la historia ocurrió fuera de las revistas científicas. Después de años de peticiones, el gobierno angoleño declaró la Zona de Conservación de Serra do Pingano, en la provincia de Uíge. La figura existe sobre el papel desde hace unos meses; ahora empieza el trabajo de verdad: dotarla de medios, de personal y de vigilancia sobre el terreno.
Un bosque no se pierde en un solo verano, sino en la suma de muchos años en los que nadie miró. Y se protege igual: con decisiones sostenidas en el tiempo.
Por qué este bosque vale más de lo que parece
Hay selvas famosas y selvas discretas. Serra do Pingano pertenece al segundo grupo, y eso tiene sus riesgos: lo que no sale en los documentales se protege peor. Sin embargo, los ecólogos la consideran una pieza rara, porque ahí se juntan dos mundos que rara vez se dan la mano.
La sierra funciona como zona de transición ecológica entre la selva tropical húmeda y la sabana de miombo. En un mismo paisaje conviven elementos de los bosques del centro-oeste de África con especies y linajes evolutivos propios del sur y del este del continente. Además, alberga algunos de los últimos bosques tropicales que quedan en Angola al sur del río Congo.

Para hacerse una idea: es como encontrar en una sola finca el huerto mediterráneo y el invernadero tropical, con plantas que llevan millones de años evolucionando por separado. Esa mezcla convierte la zona en un laboratorio natural y en un refugio de biodiversidad que no se puede replicar en otro sitio.
Thea Lautenschläger, etnobotánica alemana especializada en el norte de Angola y directora científica del Jardín Botánico de Hamburgo, es una de las voces que mejor conoce el terreno. Lleva años documentando qué especies crecen allí y qué presiones las amenazan, y su diagnóstico coincide con el del resto del equipo: el bosque se está quedando sin margen.
📋 Los datos clave de un vistazo
- El dato: el núcleo central de Serra do Pingano ha perdido el 43% de su bosque original en veinte años, según Nature Ecology & Evolution.
- El conjunto: el ecosistema completo ha perdido el 21%, el equivalente a 536 kilómetros cuadrados de bosque.
- Por qué importa: es una de las últimas grandes masas de bosque tropical al sur del Congo y reúne flora de dos regiones distintas.
- Lo que puedes hacer: mirar el origen de la madera y el papel que compras y alargar la vida de lo que ya tienes en casa.
Lo que sí está en tu mano (y lo que de verdad protege un bosque)
Vamos a los datos que dan esperanza. Declarar un área protegida no es un gesto decorativo: cuando esa figura llega acompañada de financiación, personal sobre el terreno y acuerdo con las comunidades locales, frena la pérdida de bosque. La ciencia de la conservación coincide en que las áreas bien gestionadas están entre las herramientas más eficaces para conservar ecosistemas. La diferencia entre «protegido» y «protegido de verdad» está exactamente ahí, en los medios.
Lo que no funciona es la protección de escaparate: un decreto sin presupuesto, un mapa, sin guardas forestales, un cartel sin nadie que lo lea. La experiencia internacional es tozuda en ese punto. Por eso la noticia de Angola conviene leerla como un comienzo y no como un final, y por eso merece la pena seguir mirando qué ocurre en Uíge en los próximos años.
Y aquí entra tu parte, la que de verdad mueve la aguja. La deforestación tropical no avanza solo por lo que pasa en el hemisferio sur: también por lo que compramos en el hemisferio norte. Cuatro gestos concretos, sin heroicidades:
- Mira el origen del papel y la madera que entran en casa: mejor con certificaciones forestales reconocidas que sin ellas.
- Alarga la vida de los muebles: reparar, heredar o comprar de segunda mano reduce la presión sobre los bosques más que cambiar de sofá cada cinco años.
- Reduce el desperdicio de papel en el día a día: facturas digitales, cuadernos que se terminan, impresión a doble cara.
- Fíjate en quién firma la ciencia: los estudios con autores locales tienen más recorrido a la hora de sostener decisiones políticas. Sin datos, no hay protección.
Ninguno de estos gestos salva por sí solo una sierra de Angola. Decir lo contrario sería greenwashing de manual. Lo que hacen es empujar el sistema en la dirección correcta mientras la política forestal avanza, que es el trabajo que le toca a cada parte.
La Serra do Pingano sigue en pie con algo más de la mitad de su núcleo intacto. No es una victoria; es margen. Y el margen, cuando hay voluntad y datos, se puede usar.
🌍 Ficha de Impacto: la deforestación de Serra do Pingano
- El problema: el bosque tropical del norte de Angola se ha ido degradando durante décadas y el paisaje queda cada vez más despejado.
- Datos importantes: el núcleo central ha perdido el 43% de su cobertura forestal en veinte años; el ecosistema completo, el 21%, unos 536 kilómetros cuadrados.
- Repercusión en tu vida: la pérdida de bosque tropical suma emisiones a la atmósfera y reduce la biodiversidad de la que dependen alimentos y medicamentos.


