2026 va camino de ser el año más cálido récord y el dato que debería quitarnos el sueño no es la temperatura, sino otra cifra: la Tierra retiene hoy más del doble de energía que hace dos décadas.
El año que roza el récord: agosto más cálido y un septiembre de plata
Con tres cuartas partes del año ya consumidas, el análisis trimestral del estado del clima que Carbon Brief elabora cruzando seis conjuntos de datos de temperatura global coloca a 2026 al borde del podio: hay un 67% de probabilidad de que supere a 2024 como año más cálido del registro.
El calendario explica el vaivén. De enero a junio, cada mes corrió por detrás de su equivalente de 2024, porque los restos de una La Niña débil todavía enfriaban el Pacífico tropical. En julio el motor cambió de marcha y en agosto llegó el golpe: el agosto más cálido jamás registrado en los seis conjuntos, con unos 0,12 grados de margen sobre el récord anterior. Septiembre se quedó en segundo puesto, a 0,08 grados de septiembre de 2023.
El acumulado de enero a septiembre queda en unos 1,45 grados por encima de la era preindustrial, solo por detrás de 2024. La proyección para el cierre del año ronda los 1,52 grados. Y aquí aparece el matiz que separa el dato del titular fácil: no todos los conjuntos dirán lo mismo. Berkeley Earth otorga un 97% de probabilidad de récord; el servicio europeo Copernicus, con su producto ERA5, lo ve por debajo del 20%. No es un error de nadie: son seis maneras distintas de reconstruir el mismo planeta.
La cifra que de verdad importa: el desequilibrio energético
Esa horquilla no resta gravedad al asunto. La desplaza. Porque el año más cálido récord es la anécdota visible de un proceso mucho más profundo, y ese proceso sí tiene una cifra incómoda.
Discutir si 2026 empata o supera a 2024 es discutir el síntoma; el termómetro que de verdad sube es el del balance energético del planeta.
Se llama desequilibrio energético de la Tierra y mide algo que cabe en una frase: la diferencia entre la energía solar que el planeta absorbe y la que devuelve al espacio en forma de calor.
La energía que sobra no se evapora: se queda atrapada en el sistema, y ese exceso es el motor silencioso detrás de cada récord.
Piensa en una bañera. El grifo es la energía que llega del sol; el desagüe, la que el planeta devuelve al espacio. Si el desagüe se obstruye un poco —más gases de efecto invernadero, más vapor de agua en el aire—, el nivel sube aunque el grifo no se abra más. Eso es lo que ha pasado: el desequilibrio ha saltado de unos 0,5 vatios por metro cuadrado en los años 2000 a unos 1,25 en la última década. Más que el doble desde que hay satélites capaces de medirlo.

📋 Los datos clave de un vistazo
- El dato: 2026 tiene un 67% de probabilidad de superar a 2024 como año más cálido, con un cierre previsto en torno a 1,52 grados sobre la era preindustrial.
- Por qué importa: El desequilibrio energético de la Tierra ha pasado de 0,5 vatios por metro cuadrado en los años 2000 a 1,25 en la última década.
- Lo que puedes hacer: Recortar consumo eléctrico, mejorar el aislamiento y evitar vuelos innecesarios reduce emisiones en la única dirección que compensa ese exceso de energía.
- A tener en cuenta: El Niño es un empujón transitorio; amainará, pero no borra la tendencia de fondo del clima.
El mapa que tiñe de rojo España y media Europa
El promedio global es una abstracción cómoda. El mapa es otra cosa. Cerca del 22% de la superficie del planeta vivió entre julio y septiembre su trimestre más cálido desde que hay registros, y la mitad de la Tierra se quedó entre los cinco más cálidos. Solo un 0,5% estuvo entre los cinco más fríos.
En Europa el verano fue de manual. El oeste del continente firmó su estación más calurosa, con una media de 21,7 grados, 2,5 grados por encima de la media 1991-2020, superando el récord de 2003. Al final del verano, el 52% del continente estaba expuesto a un estrés térmico calificado de muy fuerte.
España se llevó su propia medalla: el septiembre más cálido del registro, 3,4 grados por encima de la media 1991-2020 y 0,7 grados por delante del récord anterior, que databa de 1987. Un margen enorme para una serie de casi un siglo.
A eso se suman las cicatrices del estío: los ríos europeos marcaron sus caudales estivales más bajos desde que el sistema europeo de alertas de inundaciones tiene registros, en 1992, y a principios de septiembre la superficie quemada en la Unión Europea casi duplicaba la media del periodo 2006-2025, según Copernicus.
Lo que sí está en tu mano y lo que es solo un gesto simbólico
Aquí conviene separar dos cosas que se mezclan a menudo. Una: el año más cálido récord es, en buena medida, ruido de corto plazo, porque El Niño y La Niña mueven la aguja de un año a otro. Otra: la tendencia de fondo la sostienen las emisiones de gases de efecto invernadero, y ahí el consenso científico es inequívoco. El IPCC lo resume sin ambages: el calentamiento del sistema climático desde la era industrial es de origen humano sin lugar a dudas.
El pronóstico inmediato tampoco invita a la calma. Este El Niño, que ya rompió en septiembre el registro diario de la región oceánica Niño3.4 y no ha bajado de ahí desde entonces, apunta a un pico de unos 4 grados de anomalía en diciembre, según el promedio de 656 simulaciones de 14 modelos.
Su mayor efecto llegará en 2027, que las proyecciones sitúan cerca de 1,7 grados sobre la era preindustrial, con un 96% de probabilidad de ser el año más cálido. Son estimaciones con su incertidumbre, y por eso se expresan en probabilidades. Conviene recordar que cruzar 1,5 grados en un año concreto no equivale a incumplir el Acuerdo de París: ese umbral se mide como tendencia de décadas, no como fotografía anual.
¿Y qué mueve la aguja de verdad? Hay dos escalas y ninguna sobra. La individual: menos consumo eléctrico, menos vuelos innecesarios, más transporte público, mejor aislamiento en casa. Nada de eso es magia, y su impacto se multiplica cuando deja de ser una excepción heroica y se convierte en norma compartida. La colectiva: electrificar la energía, sustituir los combustibles fósiles, proteger los sumideros de carbono. Los gestos individuales no sustituyen a a las políticas de fondo. Pero las políticas de fondo tampoco funcionan sin respaldo social.
La buena noticia es que la ciencia del clima no describe un destino escrito. Los escenarios del IPCC no dicen ‘esto va a pasar’: dicen ‘esto pasaría con estas emisiones’. Esa diferencia es exactamente el margen de maniobra. Que 2026 cierre el año en lo más alto no es una condena, es un aviso con fecha. Y los avisos, si se leen a tiempo, sirven para algo.
🌍 Ficha de Impacto: 2026 y el desequilibrio energético de la Tierra
- El problema: 2026 va camino de empatar o superar a 2024 como el año más cálido registrado, empujado por el calentamiento de fondo y un El Niño excepcional.
- Datos importantes: 67% de probabilidad de récord, cierre previsto en torno a 1,52 grados y un desequilibrio energético que se ha más que duplicado desde los años 2000.
- Repercusión en tu vida: Veranos más largos, ríos con menos caudal y más superficie quemada se traducen en más calor en tu ciudad, menos agua disponible y más riesgo para la salud.


