El infarto de miocardio representa una de las principales causas de muerte en España y en el mundo. Sin embargo, el corazón rara vez deja de funcionar sin advertencia previa. Durante semanas antes del ataque agudo, el organismo puede manifestar síntomas que pasan desapercibidos o se atribuyen erróneamente a otras causas menores como estrés o cansancio cotidiano.
Identificar estas señales tempranas permite actuar antes de que se produzca el daño irreversible al músculo cardíaco. La diferencia entre reconocer estos avisos y pasarlos por alto puede determinar la supervivencia del paciente y la calidad de vida posterior al episodio.
Fatiga extrema sin causa aparente
El cansancio inusual constituye uno de los primeros avisos que el cuerpo envía cuando el corazón comienza a trabajar con dificultad. No se trata del agotamiento tras una jornada intensa, sino de una fatiga que aparece al realizar actividades cotidianas como ducharse o hacer la cama.
Las mujeres reportan este síntoma con mayor frecuencia que los hombres, llegando a manifestarlo hasta seis meses antes del infarto. Este tipo de fatiga se caracteriza por ser desproporcionada respecto al esfuerzo realizado y por no mejorar con el descanso habitual.
La explicación radica en que las arterias coronarias estrechadas obligan al corazón a bombear con mayor esfuerzo para mantener el flujo sanguíneo. Este trabajo forzado consume más energía y genera una sensación de síntomas permanente que no responde a las horas de sueño.
Dificultad respiratoria progresiva
La falta de aire representa otra manifestación temprana que merece atención inmediata. Cuando las personas experimentan disnea al subir escaleras que antes recorrían sin problemas, el sistema cardiovascular puede estar enviando una advertencia clara.
Esta dificultad para respirar profundamente suele aparecer de forma progresiva y empeora con el paso de los días. Algunos pacientes la describen como una sensación de ahogo que les impide completar frases largas sin detenerse a tomar aire.
El origen de este síntoma radica en la reducción del oxígeno que llega al músculo cardíaco. Cuando el corazón no recibe suficiente sangre oxigenada debido al estrechamiento de las arterias, compensa aumentando la frecuencia respiratoria, lo que genera esa percepción de falta de aire constante.
✓ Cansancio extremo al realizar tareas domésticas básicas
✓ Dificultad respiratoria que persiste más de dos semanas
✓ Sudoración fría sin relación con la temperatura ambiente
✓ Dolor o presión en el pecho que aparece y desaparece
Molestias digestivas persistentes
El dolor abdominal de naturaleza episódica confunde frecuentemente tanto a pacientes como a profesionales sanitarios. Estas molestias en la boca del estómago, acompañadas de náuseas o sensación de hinchazón, pueden aparecer y desaparecer durante semanas antes del infarto agudo.
La tensión física tiende a empeorar estos dolores estomacales, lo que proporciona una pista importante para diferenciarlos de problemas digestivos comunes. Muchos pacientes relatan haber visitado al médico por problemas gastrointestinales días antes de sufrir el ataque cardíaco.
Esta manifestación resulta especialmente engañosa porque se localiza lejos del pecho, la zona que tradicionalmente asociamos con los problemas cardíacos. Por ello, las personas mayores de 45 años con factores de riesgo cardiovascular deben prestar especial atención a estos síntomas digestivos atípicos.
Sudoración fría y malestar general
La transpiración abundante sin motivo aparente, especialmente durante la noche o en reposo, constituye una señal de alarma que no debe ignorarse. Este sudor frío suele acompañarse de palidez extrema y escalofríos que aparecen sin relación con la temperatura ambiente.
Los pacientes describen este síntoma como particularmente angustiante porque se presenta junto con una sensación de muerte inminente o pánico inexplicable. Esta manifestación indica que el organismo está respondiendo al estrés extremo que supone el funcionamiento deficiente del corazón.
Cuando este tipo de sudoración aparece de madrugada y despierta a la persona, la situación requiere atención médica urgente. Especialmente si se combina con dolor en el pecho que irradia hacia el brazo izquierdo, la mandíbula o la espalda. Cada minuto cuenta en estas circunstancias, y la demora puede marcar la diferencia entre la recuperación completa y el daño cardíaco permanente.




