Emisiones de barcos fluviales: suponen el 25% del CO2 marítimo, según Nature

Imagina que cada vez que un barco transporta mercancías por un río, deja una nube de CO2 tan invisible como enorme. La imagen clásica de la contaminación marítima son los grandes cargueros oceánicos; pero hay otra flota que pasa desapercibida: los barcos fluviales. Un estudio que publica Nature Climate Change acaba de medir por primera vez su huella global y el dato es claro: estos barcos emiten alrededor del 25 % del CO2 de todo el transporte por agua, pese a navegar apenas un 0,4 % de la superficie navegable del planeta. La buena noticia es que, al saberlo, tenemos una oportunidad real para actuar.

Un cuarto del CO2 marítimo que no aparece en las cuentas

Los ríos y canales mueven una parte silenciosa del comercio mundial. Sin embargo, sus emisiones han sido históricamente un punto ciego en los inventarios climáticos. El equipo liderado por investigadores chinos utilizó cerca de 20.000 millones de registros del sistema de identificación automática (AIS) –el mismo que usan los grandes buques– para reconstruir la actividad de las embarcaciones interiores y calcular su gasto de combustible. El resultado: en 2022, los barcos fluviales emitieron 164,0 ± 1,58 millones de toneladas de CO2. Esa cantidad equivale al 24,7 % de todas las emisiones del transporte marítimo global, incluidos los enormes portacontenedores.

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El dato resulta aún más impresionante si se tiene en cuenta que estos barcos operan en una fracción minúscula de la superficie acuática mundial. “Es como si el tráfico de una sola calle concentrara la cuarta parte de los humos de una ciudad entera”, podría decirse para entender la intensidad. Y lo peor: hasta ahora, casi nadie incluía este capítulo en los compromisos de descarbonización.

Los ríos que más humean: el Yangtsé, el Rin, el Misisipi…

Las emisiones no se reparten por igual. El estudio dibuja un mapa de puntos calientes que coincide con los grandes corredores económicos del hemisferio norte. El Yangtsé, el Rin, el Misisipi, el Danubio, el Mekong y otros ríos muy transitados albergan la mayor parte del CO2. En la cuenca del Yangtsé, por ejemplo, el transporte de mercancías es tan intenso que sus emisiones son comparables a las de la flota pesquera mundial en ciertos tramos. La actividad económica marca la pauta: a más intercambio de productos, más barcos y más humo.

transporte interior CO2

📋 Los datos clave de un vistazo

  • El dato: Los barcos fluviales emitieron 164,0 ± 1,58 millones de toneladas de CO2 en 2022, el 24,7 % del total del transporte marítimo, según Nature Climate Change.
  • Por qué importa: Esta fuente de emisiones apenas está regulada y su aporte al calentamiento global es comparable al de sectores mucho más vigilados.
  • Lo que puedes hacer: Exigir a las administraciones que exijan estándares de eficiencia y combustibles limpios para la navegación interior, y apoyar la electrificación de rutas cortas.
  • A tener en cuenta: El recorte no será inmediato porque la renovación de flotas es lenta, pero cada barco que se reconvierte resta emisiones durante décadas.

La distribución también tiene mucho que ver con el clima. El estudio detecta una “amplificación dependiente de la línea base”: los años con caudales bajos por sequías o cambios hidrológicos reducen la navegabilidad, pero en los tramos que permanecen abiertos la concentración de barcos y emisiones puede llegar a ser mayor. En otras palabras, la crisis climática no solo no frena el problema, sino que puede empeorarlo al alterar los ríos.

Quitar el foco de los océanos y ponerlo sobre los ríos es el primer paso para que el transporte marítimo deje de esconder una cuarta parte de sus emisiones.

Lo que sí se puede hacer: del dato olvidado a la oportunidad climática

La buena noticia es que, al conocer el tamaño real del desafío, se pueden diseñar soluciones más quirúrgicas. La Agencia Internacional de la Energía y el IPCC llevan años pidiendo que se descarbonice el transporte marítimo, pero sus recomendaciones apenas han aterrizado en los ríos. Tecnologías como los motores eléctricos para distancias cortas o los combustibles sintéticos (amoníaco verde, metanol) pueden aplicarse a barcazas y remolcadores. Además, la navegación interior suele tener rutas más predecibles que las oceánicas, lo que facilita la instalación de puntos de recarga o repostaje.

Ya hay ejemplos que funcionan. En los Países Bajos, una de las mayores redes de canales de Europa, varias navieras están probando barcos eléctricos y de hidrógeno para el transporte de mercancías urbanas e interurbanas. En China, algunos puertos fluviales han empezado a instalar conexiones eléctricas para que los barcos apaguen sus motores diésel mientras cargan o descargan. Estas acciones demuestran que el cambio es técnicamente viable y solo necesita el impulso político y económico adecuado.

Pero para que la transición sea justa y efectiva, hacen falta tres cosas: una legislación que obligue a declarar las emisiones de la flota interior, incentivos para la renovación de los buques más sucios y una planificación que tenga en cuenta los efectos del cambio climático sobre los caudales. De lo contrario, corremos el riesgo de mirar solo al mar y olvidar que más de una cuarta parte del problema flota río arriba.

Ríos que se convierten en chimeneas: un mensaje para el ciudadano de a pie

Aunque la responsabilidad principal recae sobre gobiernos y grandes operadores, la presión social tiene un poder enorme. Al igual que el consumidor aprendió a preguntarse por la huella de carbono de lo que compra, puede empezar a reclamar transparencia sobre cómo llegan hasta su puerta las mercancías que cruzan el continente por vía fluvial. Apoyar normativas más estrictas, elegir productos con certificación ambiental de transporte y estar informado suma. No se trata de dejar de usar los ríos –son un modo de transporte mucho más eficiente que la carretera–, sino de limpiar su paso.

🌍 Ficha de Impacto: Emisiones de la navegación fluvial

  • El problema: Los barcos que circulan por ríos y canales emiten 164 millones de toneladas de CO2 al año, una cuarta parte de las emisiones del transporte marítimo, sin apenas regulación.
  • Datos importantes: El 24,7 % del CO2 del transporte por agua procede de la navegación interior, según Nature Climate Change; los ríos del hemisferio norte concentran la mayoría de las emisiones, muy influenciadas por la actividad económica y las sequías.
  • Repercusión en tu vida: El CO2 de estos barcos contribuye al calentamiento global que ya altera el clima, los precios de los alimentos y la calidad del aire que respiras. Actuar sobre ellos es una oportunidad de reducción de emisiones que beneficia a todos.

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