El 84% de los países incumplen el plazo de 2025 para identificar subsidios dañinos para la biodiversidad

Solo 21 países cumplieron el plazo de 2025 para identificar los subsidios que dañan la biodiversidad; otros 113 no lo hicieron, a pesar de que los informes ya contabilizan 270.000 millones de dólares anuales en estos incentivos nocivos, según un análisis de Carbon Brief.

El plazo de 2025 que casi nadie cumplió

En 2022, casi todos los países del mundo acordaron un conjunto de metas para frenar y revertir la pérdida de biodiversidad en el Marco Mundial Kunming-Montreal de la Diversidad Biológica. La meta 18 pedía que cada nación identificara todos los subsidios perjudiciales para la naturaleza antes de 2025 y, a partir de 2030, eliminara o reformara al menos 500.000 millones de dólares anuales en ayudas dañinas.

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El recuento, basado en 134 informes nacionales presentados a la Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB) hasta julio de 2026, es demoledor: solo 21 países —el 16%— declararon haber identificado la totalidad de sus subsidios lesivos. Otros 11, más la Unión Europea, aportaron cifras parciales. La mayoría, 68 Estados, ni siquiera ha empezado el proceso.

Los 32 países que han suministrado datos agrupan casi 270.000 millones de dólares al año en apoyos gubernamentales, desde exenciones fiscales al combustible para maquinaria agrícola hasta subvenciones a infraestructuras o minería. «Es solo la punta del iceberg», advierten los expertos: la cifra global podría rozar los 1,8 billones de dólares.

Para Eva Zabey, directora de Business for Nature, los datos son una advertencia de que «el mundo no se está moviendo lo bastante rápido». Sin embargo, también señala que algunos países han demostrado que es posible y deberían animar a otros a seguir su ejemplo.

La reforma de los subsidios perjudiciales no es un capricho ecológico, sino una necesidad económica que ya nadie debería ignorar.

¿Qué son los subsidios nocivos para la naturaleza?

No hay una definición universal. En general, se considera dañino cualquier incentivo público —directo, como una central térmica subvencionada, o indirecto, como una rebaja fiscal al gasóleo agrícola— que degrada ecosistemas o especies. La OCDE subraya que los subsidios que disparan las emisiones de gases de efecto invernadero también perjudican indirectamente a la biodiversidad, porque el cambio climático es uno de sus principales motores de pérdida.

Los sectores más señalados son los combustibles fósiles, la agricultura intensiva y las infraestructuras, con aportaciones menores de la silvicultura, la minería y la pesca. De los subsidios notificados al CDB, casi la mitad corresponden a combustibles fósiles y una cuarta parte a la agricultura y la pesca.

📋 Los datos clave de un vistazo

  • El dato: 84% de los países incumplió el plazo de 2025 para identificar subsidios lesivos, según Carbon Brief.
  • Por qué importa: Sin ese inventario, no se pueden redirigir los fondos públicos de actividades destructivas a otras que restauren la naturaleza.
  • Lo que puedes hacer: Exigir transparencia presupuestaria a tu gobierno y apoyar a organizaciones que fiscalizan el gasto público.
  • A tener en cuenta: La cifra reportada, 270.000 millones de dólares, es solo una fracción del total mundial, que podría rondar los 1,8 billones.

La falta de estandarización complica el seguimiento. Por ejemplo, China asegura haber reformado ya la totalidad de de sus subsidios, mientras que Australia, en su informe oficial, solo reconoce 155 millones de dólares, frente a los 26.300 millones que un estudio independiente identificó el año pasado. «Esa discrepancia demuestra la necesidad de una evaluación externa, no solo un trámite burocrático», comenta Paul Elton, investigador de la Universidad Nacional Australiana.

La presión para actuar y el camino que sí podemos recorrer

La próxima cumbre de biodiversidad, la COP17, prevista para octubre de 2026 en Armenia, pondrá los subsidios dañinos en el centro de la agenda. Los países tendrán que rendir cuentas y la presión ciudadana puede marcar la diferencia. La meta colectiva de eliminar 500.000 millones de dólares anuales en ayudas perversas para 2030 es un compromiso que ya no admite más retrasos.

Varios Estados megadiversos —Colombia, México, Sudáfrica y Brasil— sí cumplieron con la tarea de identificar sus subsidios, lo que demuestra que la voluntad política es posible. Los expertos coinciden en que reformar estos flujos no solo protege la biodiversidad, sino que libera recursos públicos para sectores como la sanidad, la educación o las energías limpias.

Aunque las cifras actuales parezcan un aviso serio, también trazan un camino. El escrutinio internacional va en aumento y cada vez más organizaciones vigilan el gasto gubernamental. La reforma de los subsidios nocivos se está convirtiendo en un requisito de buena gobernanza, no en una opción.

🌍 Ficha de Impacto: Los subsidios que dañan la biodiversidad

  • El problema: La mayoría de los países no ha identificado qué ayudas públicas destruyen la naturaleza, incumpliendo el plazo de 2025 del acuerdo global de biodiversidad.
  • Datos importantes: Solo 21 de 134 países completaron la tarea; los informes ya recogen 270.000 millones de dólares al año en subsidios nocivos, aunque la cifra real podría superar los 1,8 billones.
  • Repercusión en tu vida: Esos subsidios mantienen sistemas que degradan los ecosistemas de los que dependemos para el agua limpia, la polinización y un clima estable, y además malgastan dinero público.

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