Qué se juega al debilitar el Sistema de Comercio de Emisiones de la UE, el mayor mercado de carbono del mundo

Imagina que llevas dos décadas empujando una rueda cuesta arriba y, justo cuando empieza a tomar velocidad, alguien propone soltar el freno de mano a los que más contaminan. Eso es lo que ocurre con el Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) de la Unión Europea: la herramienta que ha puesto precio al carbono y ha inspirado a más de 35 países a hacer lo mismo. La Comisión Europea ha publicado una propuesta que permitiría a sectores como el acero y el cemento seguir emitiendo gases de efecto invernadero sin pagar por ellos hasta 2038, cuatro años más de lo previsto. La buena noticia es que aún no es definitivo y que la evidencia científica demuestra que un mercado de carbono fuerte sí funciona.

¿Qué es exactamente el mercado de emisiones y por qué importa tanto?

El ETS es, en esencia, un sistema de límites y comercio. La Unión Europea fija un tope total de emisiones permitidas y reparte una cantidad limitada de derechos: cada uno equivale a liberar una tonelada de dióxido de carbono (o su equivalente en otros gases). Las empresas que contaminan menos pueden vender los derechos que les sobran; las que contaminan más tienen que comprar. Cuanto más contamina una empresa, más paga. Ese precio, que ronda hoy decenas de euros por tonelada de CO₂, empuja a invertir en tecnologías limpias.

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El sistema cubre alrededor del 40 % de las emisiones de la UE: centrales eléctricas, refinerías, acerías, cementeras, vidrio, papel, parte de la industria química y, cada vez más, el transporte marítimo y la aviación. Son unas 10 000 instalaciones industriales y fábricas. Los ingresos se destinan a financiar la transición energética y proyectos verdes. Para que los objetivos climáticos sigan al alcance, el límite de emisiones se reduce cada año: actualmente un 4,3 % anual.

Dónde acierta y dónde se queda corto

Los resultados, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, son palpables. Las emisiones de las instalaciones industriales fijas cubiertas por el ETS han caído un 51 % entre 2005 y 2024. La industria siderúrgica, que consume mucha energía, emite hoy un 20 % menos que antes del sistema. La aviación, en cambio, cuenta una historia distinta: sus emisiones siguen subiendo porque el ETS solo captura una pequeña parte de su impacto climático total.

El talón de Aquiles del sistema tiene nombre: los derechos gratuitos de emisión. Se introdujeron como una medida temporal para proteger a la industria durante la transición. Pero dos décadas después, siguen muy extendidos. Según Carbon Market Watch, alrededor del 90 % de las emisiones industriales siguen cubiertas por permisos gratuitos. Esto significa que las empresas pagan el precio completo del carbono solo por una fracción mínima de sus emisiones reales. Algunas reciben más derechos de los que necesitan y venden el resto, sacando incluso un beneficio.

📋 Los datos clave de un vistazo

  • El dato: Las emisiones industriales fijas han caído un 51 % desde 2005 (Agencia Europea de Medio Ambiente).
  • Por qué importa: Demuestra que poner precio a la contaminación funciona cuando se aplica con ambición.
  • Lo que puedes hacer: Apoyar políticas climáticas ambiciosas y exigir transparencia a las empresas contaminantes.
  • A tener en cuenta: El 90 % de los permisos siguen siendo gratuitos, lo que diluye el incentivo real para descarbonizar deprisa.

Los grupos de presión de las grandes petroleras, las petroquímicas y los fabricantes que dependen del carbón están empujando para retrasar la eliminación progresiva de estos permisos. Wijnand Stoefs, responsable de política europea en Carbon Market Watch, lo resume: «En esencia, son las grandes petroleras y petroquímicas las que están haciendo un lobby intenso en contra, junto a algunos sectores manufactureros basados en el carbón».

mercado carbono

Desde 2005, las emisiones industriales del ETS cayeron un 51 %, pero nueve de cada diez toneladas aún no soportan el coste real del carbono.

La batalla en Bruselas y el efecto dominó global

La propuesta de revisión que ha puesto la Comisión sobre la mesa daría a las industrias el 80 % de los permisos gratuitos por adelantado si presentan planes de descarbonización, y el 20 % restante cuando ejecuten esas inversiones. Los Estados miembros y el Parlamento Europeo negociarán la versión final durante el próximo año. Algunos, como Suecia, defienden que mantener un factor de reducción anual suficientemente ambicioso es el elemento más crítico para preservar los incentivos a la inversión industrial. Otros, como la patronal BusinessEurope, alegan que la inflación, los conflictos geopolíticos y la debilidad económica ya presionan demasiado a la industria.

Mientras tanto, el segundo mercado de emisiones que debía empezar a aplicarse a los combustibles de edificios y transporte por carretera en 2027 ya se ha aplazado a 2028 por la presión política. La Agencia Federal de Medio Ambiente alemana advierte contra más retrasos o diluciones: limitar los permisos gratuitos y mantener un mercado de carbono robusto es esencial para que la UE cumpla sus metas climáticas.

Lo que decida Bruselas tiene eco planetario. Según el Banco Mundial, más de 35 sistemas de comercio de emisiones funcionan hoy en el mundo. El efecto Bruselas —la capacidad de las normas europeas para influir más allá de sus fronteras— está acelerando esa adopción. La puesta en marcha del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) ha llevado a Indonesia, Filipinas, India o Turquía a impulsar sus propios mercados. Pero también copian los errores: compensaciones poco transparentes o la exclusión de sectores clave (el sistema neozelandés apenas cubre la agricultura, que supone casi la mitad de sus emisiones).

Lo que está en juego más allá de la política: tu aire, tu bolsillo y el clima

Rebajar la ambición del ETS no es un debate abstracto para despachos. Si las industrias siguen recibiendo permisos gratis hasta 2038 o más, la señal de precio se debilita: se retrasan las inversiones en tecnologías limpias, se mantienen procesos sucios y la factura energética futura será más alta porque la transición se encarece. Además, cada tonelada de CO₂ que no se evite hoy se acumula en la atmósfera durante siglos, calentando el planeta y multiplicando los fenómenos extremos que ya golpean al Mediterráneo.

La ciencia es clara: el IPCC insiste en que esta década es decisiva para limitar el calentamiento a 1,5 °C. Para lograrlo, la UE necesita un mercado de carbono que mantenga el ritmo de reducción y elimine cuanto antes los privilegios gratuitos. La buena noticia es que la negociación política aún está viva. Quienes defienden un sistema más fuerte cuentan con el respaldo de la evidencia acumulada y con el ejemplo de países que ya han copiado el modelo europeo con ambición. La presión ciudadana y un consumo informado pueden inclinar la balanza: exigir a los representantes políticos que no cedan a los lobbies cortoplacistas es una de las acciones climáticas más directas que tenemos al alcance.

🌍 Ficha de Impacto: El futuro del mercado de carbono europeo

  • El problema: La propuesta de alargar los permisos gratuitos hasta 2038 frena la descarbonización industrial y resta ambición al mayor sistema de comercio de emisiones del mundo.
  • Datos importantes: El ETS ha reducido un 51 % las emisiones industriales fijas desde 2005; el 90 % de los permisos siguen siendo gratuitos; más de 35 países han copiado el modelo europeo.
  • Repercusión en tu vida: Un mercado de carbono débil retrasa la transición energética, encarece la factura futura y agrava los impactos del cambio climático sobre la salud y el entorno.

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