Imagina que mientras millones de personas soportan olas de calor mortíferas y fenómenos climáticos cada vez más extremos, un puñado de empresas gana en tres meses una cifra mareante. Ocho de las mayores petroleras del mundo acumularon beneficios por más de 93.000 millones de dólares en el último trimestre, según un análisis de The Guardian. La cifra reaviva un debate que ya no es solo de activistas: ¿deben quienes se lucran con los combustibles fósiles pagar por el daño ambiental que provocan?
El negocio de quemar el planeta
Los gigantes del petróleo y el gas han facturado históricamente sumas astronómicas, pero en los últimos años la contradicción se ha vuelto insostenible. Mientras los científicos del IPCC advierten de que tenemos menos de una década para reducir las emisiones de forma drástica, las mismas compañías que extraen y venden los combustibles que calientan el planeta siguen registrando beneficios récord. La combinación de conflictos geopolíticos, precios altos de la energía y una demanda todavía anclada a los fósiles les ha permitido amasar ganancias extraordinarias.
El análisis de The Guardian revela que Saudi Aramco, BP, Shell, TotalEnergies, Chevron, ExxonMobil, Eni y Equinor ingresaron, juntas, más de 93.000 millones de dólares netos en tres meses. Una cantidad difícil de imaginar: equivale, por ejemplo, al presupuesto anual de ayudas climáticas para países vulnerables que se negocia desde hace años sin alcanzar las cifras prometidas. El dato golpea especialmente porque se produce en un contexto de crisis climática aguda, con incendios, inundaciones y sequías que baten récords.
La deuda climática: de los números a las vidas
Hablar de beneficios en miles de millones puede sonar abstracto. Pero el coste real de la quema de combustibles fósiles se mide en vidas, en cosechas perdidas y en ecosistemas que colapsan. La Agencia Europea de Medio Ambiente calcula que los fenómenos extremos relacionados con el clima ya han costado a Europa más de medio billón de euros en las últimas cuatro décadas. Y la Organización Meteorológica Mundial señala que los desastres climáticos se han multiplicado por cinco en los últimos 50 años. Detrás de cada cifra de beneficios exorbitantes hay comunidades que sufren el impacto de un modelo energético basado en el carbono.
La ciencia es clara. Para limitar el calentamiento a 1,5 °C, el IPCC indica que las emisiones globales deben reducirse un 45 % para 2030 y alcanzar el cero neto a mediados de siglo. Sin embargo, la producción prevista de combustibles fósiles duplicaría con creces lo compatible con ese objetivo. Esto convierte a las petroleras en parte central del problema y, cada vez más, en el centro de la exigencia de responsabilidad financiera.
📋 Los datos clave de un vistazo
- El dato: Ocho petroleras obtuvieron 93.000 millones de dólares de beneficio en un trimestre, durante una crisis de precios energéticos, según The Guardian.
- Por qué importa: Esos ingresos se generan extrayendo combustibles que alimentan la crisis climatica y sus daños, mientras los fondos para paliar los efectos siguen siendo insuficientes.
- Lo que puedes hacer: Exigir a gobiernos y fondos de inversión que redirijan subsidios y gravámenes hacia la transición energética, y elegir opciones de consumo sin fósiles.
- A tener en cuenta: El impuesto a las ganancias extraordinarias es una herramienta que ya se ha aplicado en la Unión Europea, pero su alcance y permanencia varían según la voluntad política de cada país.

Las petroleras no solo ganan dinero: cada dólar que ingresa está ligado a emisiones que aceleran la crisis. Y hay formas de empezar a pagar esa factura.
El llamado “principio de quien contamina paga” lleva décadas sobre la mesa. En las últimas cumbres climáticas se ha traducido en el concepto de pérdidas y daños: los países más vulnerables, que apenas han contribuido al calentamiento, exigen que quienes más emiten y se lucran con ello asuman una parte de la factura. Un impuesto a los beneficios extraordinarios de las energéticas, como el que aprobó la Unión Europea en 2022, es una de las propuestas más concretas.
Los críticos señalan que gravar solo las ganancias no basta si la producción sigue creciendo. Por eso, cada vez más voces piden eliminar los subsidios a los combustibles fósiles, que según el Fondo Monetario Internacional alcanzaron los 7 billones de dólares en 2022, y redirigir ese dinero hacia renovables y fondos de compensación. En paralelo, el movimiento por un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles gana adhesiones de gobiernos y ciudades, y los fondos de inversión que excluyen a las petroleras de sus carteras suman activos récord.
De la indignación a la acción: qué puede cambiar este debate por ti
La buena noticia es que el debate ya no es un nicho. En España, por ejemplo, la discusión sobre un impuesto permanente a las energéticas ha entrado en la agenda política, y cada vez son más las instituciones que, como el Banco Central Europeo, alertan del riesgo financiero de seguir invirtiendo en combustibles fósiles. Cada persona puede impulsar este cambio con decisiones cotidianas que, sumadas, tienen un impacto real:
- Revisar dónde invierte tu banco o fondo de pensiones. Muchas entidades ya ofrecen productos libres de combustibles fósiles.
- Elegir una comercializadora de electricidad 100 % renovable. Aumenta la demanda de energía limpia y resta espacio a los fósiles.
- Apoyar iniciativas ciudadanas que exijan una fiscalidad climática justa, ya sea firmando peticiones o participando en consultas públicas.
- Reducir tu propia dependencia del petróleo optando por la movilidad compartida, la bicicleta o el transporte público.
Lejos de la parálisis, estos pasos construyen una presión social que ya ha conseguido, por ejemplo, que la Agencia Internacional de la Energía declare que no hacen falta nuevos proyectos de petróleo y gas para cubrir la demanda futura. Las petroleras mismas empiezan a diversificarse, aunque aún de forma tímida. El verdadero poder está en que la ciudadanía, como inversora y como consumidora, sepa que puede dejar de alimentar un modelo que considera injusto.
El reto es enorme. Pero cada euro que se mueve hacia las renovables y cada voz que pide responsabilidad a los que más ganan con el carbono son pasos en la dirección correcta. La crisis climática no es un problema que pueda resolver una sola persona, pero sí es una suma de decisiones que, colectivamente, pueden forzar el giro que la ciencia reclama.
🌍 Ficha de Impacto: Beneficios récord de las petroleras
- El problema: Las grandes petroleras obtienen ganancias extraordinarias mientras la quema de sus productos agrava la crisis climática y los daños asociados.
- Datos importantes: 93.000 millones de dólares de beneficios en un trimestre, según The Guardian. Las emisiones globales tendrían que caer un 45 % para 2030 para evitar los peores escenarios, según el IPCC.
- Repercusión en tu vida: La factura climática se traduce en eventos extremos que afectan a la salud, la seguridad alimentaria y el coste de los seguros y la energía. Exigir que quien contamina pague puede reducir esa carga y acelerar la transición a un modelo más limpio y justo.


