El error al beber agua en la ola de calor que los cardiólogos piden evitar: así puede afectar al corazón

Los cardiólogos llevan semanas repitiendo el mismo mensaje ante la ola de calor que atraviesa España: hidratarse es esencial, pero hacerlo mal también tiene consecuencias. El error no está en beber agua, sino en beberla de golpe y sin reponer los electrolitos que el cuerpo pierde por el sudor.

Ese desequilibrio recibe un nombre médico concreto y puede resultar especialmente peligroso para quienes ya tienen el corazón delicado. No es una anécdota rara: los servicios de urgencias registran cada verano casos de personas que, por miedo a la deshidratación, terminan generando el problema contrario.

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Lo que los cardiólogos están viendo en consulta este verano

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El doctor Roberto Martín Reyes, jefe del Servicio de Cardiología de la Unidad Integral del Corazón del Hospital Universitario La Luz, ha explicado en varias intervenciones que el calor obliga al organismo a un sobreesfuerzo constante. El corazón bombea más rápido para regular la temperatura y mantener la presión arterial, un trabajo extra que se complica si el equilibrio de líquidos y sales no se gestiona con cabeza.

Ese esfuerzo se agrava en personas con insuficiencia cardíaca, hipertensión o antecedentes de infarto, para quienes tanto la falta como el exceso descontrolado de agua suponen un riesgo real. La clave, insisten los especialistas, es la constancia a lo largo del día, no la cantidad bebida de una sola vez.

Por qué beber mucha agua de golpe puede ser tan peligroso como no beber

En este punto entra en juego los cardiólogos y su relación con un proceso llamado hiponatremia, un trastorno en el que el sodio de la sangre baja peligrosamente por exceso de dilución. Sucede cuando el volumen de agua ingerido supera la capacidad de los riñones para eliminarlo, algo que se vuelve más probable en episodios de calor extremo, esfuerzo físico prolongado o sudoración abundante.

El sodio no es un dato menor: interviene en el funcionamiento de nervios, músculos y, por supuesto, del propio corazón. Cuando su concentración cae de forma brusca, el organismo puede responder con mareos, confusión, calambres o, en los casos más graves, alteraciones del ritmo cardíaco que requieren atención urgente.

El caso que puso el foco en este fenómeno

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No hace falta irse muy lejos para encontrar ejemplos documentados de esta paradoja. La literatura médica recoge episodios de deportistas y personas expuestas a calor extremo que, tras beber grandes cantidades de agua en poco tiempo para «compensar» la sudoración, terminaron desarrollando síntomas graves horas después, incluso lejos ya del momento de mayor calor.

El propio Instituto de Salud Carlos III ha vinculado el exceso de temperatura con miles de fallecimientos en la última década en España. La hidratación mal gestionada no sustituye a las medidas básicas: evitar el sol en las horas centrales, buscar espacios frescos y no interrumpir la medicación habitual sin consultar antes con el médico.

Señales de alerta que conviene vigilar

Los cardiólogos recomiendan estar atentos a un conjunto de síntomas que pueden anticipar un desequilibrio de este tipo, sobre todo en personas mayores o con patología cardiovascular previa. Reconocerlos a tiempo marca la diferencia entre una simple molestia pasajera y una urgencia médica real.

Entre las señales que no conviene pasar por alto se encuentran:

  • Dolor de cabeza intenso acompañado de náuseas sin causa aparente
  • Confusión o desorientación repentina, especialmente en personas mayores
  • Calambres musculares frecuentes tras beber grandes cantidades de agua
  • Hinchazón en manos o pies que no remite con el descanso

Qué recomiendan realmente los especialistas para este verano

Frente al mito de «cuanta más agua, mejor», los cardiólogos apuestan por un enfoque más personalizado. No existe una cifra universal válida para todo el mundo, ya que la cantidad ideal depende de la edad, el peso, la actividad física y, sobre todo, de si existe una patología cardíaca o renal previa.

La recomendación práctica más repetida es sencilla: repartir la ingesta de agua a lo largo de todo el día, sin esperar a tener sed, pero también sin forzar el consumo como si fuera una competición. Quienes toman diuréticos o medicación para la tensión deben prestar especial atención, ya que la combinación con el calor puede alterar ese equilibrio con más facilidad de lo habitual.

Hacia dónde apunta la prevención cardiovascular frente al calor

Los propios cardiólogos coinciden en que el mensaje está cambiando: ya no se trata solo de «beber más», sino de beber mejor y de forma adaptada a cada persona. Esa personalización, apoyada en dispositivos que monitorizan la frecuencia cardíaca o en pautas médicas individualizadas, gana terreno cada verano que pasa.

El panorama, con todo, invita a un optimismo realista: cada vez hay más información disponible y los hospitales insisten en formar a la población sobre estos riesgos silenciosos. Escuchar al propio cuerpo, mantener la medicación bajo control médico y evitar los extremos —tanto la deshidratación como el exceso de agua— sigue siendo la fórmula más sensata para proteger el corazón durante los meses de más calor.

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