La contabilidad de carbono en empresas esconde una trampa contable: con solo cambiar el método de cálculo, la huella reportada puede parecer la mitad sin haber recortado ni una tonelada de emisiones. Un análisis con 401 compañías europeas acaba de ponerle cifras a ese espejismo. La parte esperanzadora es que el fallo no está en los datos, sino en las reglas, y las reglas se pueden endurecer.
El espejismo de la huella a la carta
El estudio, publicado como perspectiva revisada por pares en Nature Sustainability, analizó 401 empresas europeas. Los investigadores detectaron que los métodos aceptados para contabilizar emisiones ofrecen margen suficiente para que una misma actividad se cuente de formas muy distintas. El resultado es que una compañía puede parecer pionera climática o rezagada según qué números decida mostrar.
El autor principal, Ramana Gudipudi, profesor invitado en la European School of Management and Technology de Alemania, lo explicó sin rodeos: si una empresa contrata a un buen matemático y le dice cuánto progreso quiere mostrar, el marco actual permite maquillar la respuesta. No hace falta ignorar los datos; basta con elegir la combinación correcta de líneas de base y métodos.
Piensa en dos balanzas que midieran cada una un kilogramo distinto: comprar fruta sería un caos. Con la huella de carbono sucede algo parecido, porque cada estándar contable acepta matices que cambian el resultado final y las empresas pueden elegir entre ellos sin mentir formalmente.
Esa flexibilidad no es un simple detalle técnico. Es la puerta de entrada al greenwashing. Las empresas suelen publicar la cifra final sin explicar cómo llegaron a ella. Sin transparencia, distinguir un recorte real de un cambio de cálculo se vuelve casi imposible.
Cómo se difuminan las emisiones de alcance 3
El hallazgo más incómodo está en la cadena de suministro. En la contabilidad climática, esas emisiones indirectas se conocen como alcance 3 y suelen representar la mayor parte del impacto de una empresa. El estudio observó que el 62,5% de la variación interanual de esas emisiones no se explicaba por cambios en el negocio, la industria o la intensidad de emisiones.
En cambio, las emisiones directas de las mismas compañías —las que quedan más cerca de su control, como las de sus instalaciones o vehículos— variaban apenas algo más de un 5%. La diferencia muestra que el ruido contable se concentra justo donde la trazabilidad es más complicada y donde las empresas suelen externalizar parte de su impacto.
La misma empresa puede parecer pionera o rezagada solo por elegir unos números u otros; el clima, en cambio, no reacciona a la contabilidad creativa.
El greenwashing no siempre es inventar un dato; a menudo consiste en seleccionar el número que mejor encaja con la historia que se quiere contar. Si una empresa cambia su metodología y no lo aclara, la comparación entre años se vuelve ruido. El estudio no acusa de fraude a las 401 empresas, pero sí demuestra que el sistema actual no permite saber quién está descarbonizando de verdad.

📋 Los datos clave de un vistazo
- El dato: El 62,5% de la variación en las emisiones de la cadena de suministro de 401 empresas europeas no se explica por cambios reales, según un estudio en Nature Sustainability.
- Por qué importa: Si la huella cambia por el método y no por la acción, los compromisos climáticos pierden credibilidad.
- Lo que puedes hacer: Exigir que las compañías publiquen sus métodos de cálculo, sus bases de comparación y sus recortes verificados.
- A tener en cuenta: El problema no es la cifra en sí, sino la falta de un estándar único y de transparencia sobre las decisiones contables.
Transparencia y estándares: la vía para distinguir el progreso real
El diagnóstico tiene implicaciones directas para inversores, clientes y reguladores. Si los informes de sostenibilidad usan metodologías dispares, comparar dos empresas del mismo sector se convierte en un ejercicio de fe. Por eso, la armonización contable y la divulgación de la metodología no son burocracia: son la diferencia entre un dato y una promesa.
La buena noticia es que el propio autor del estudio no describe un engaño masivo, sino un marco laxo que permite lecturas a la carta. Cuando no hay un estándar único, la responsabilidad se desplaza hacia la transparencia. Publicar las bases de cálculo, los cambios de método y las verificaciones externas no elimina la incertidumbre, pero reduce el margen para el greenwashing.
Para el ciudadano, esto se traduce en un criterio sencillo. Antes de creerse un sello o un porcentaje de reducción, conviene preguntar: ¿qué método usó la compañía, con qué año se compara y quién lo ha verificado? La mayoría de las empresas no comparte a a qué criterios responde su cifra, así que la sola ausencia de esa información ya es una señal.
También hay espacio para el optimismo técnico. La presión regulatoria sobre la divulgación climática está empujando hacia marcos más comparables. A medida que los métodos se estrechan, la contabilidad de carbono corporativa dejará de ser un lienzo en blanco y pasará a medir lo que de verdad importa: cuánto se reduce, no cuánto se consigue aparentar.
🌍 Ficha de Impacto: Contabilidad de carbono en empresas
- El problema: La disparidad de métodos contables permite variaciones enormes en la huella reportada y dificulta distinguir recortes reales de greenwashing.
- Datos importantes: Un estudio con 401 empresas europeas encontró que el 62,5% de la variación en emisiones de cadena no se explica por cambios reales. Las emisiones directas variaron solo algo más del 5%.
- Repercusión en tu vida: Afecta a la credibilidad de los sellos y a la información con la que decides qué empresas apoyar como consumidor o inversor.


