El coleccionismo de lujo de los nuevos ricos: pagan miles por cartas Pokémon y relojes que revalorizan su infancia

El coleccionismo de lujo ya no se mide en quilates: se mide en nostalgia certificada. Una carta de Pokémon promocional de 1998 se adjudicó por 16,49 millones de dólares. Una chaqueta de Tom Ford que llevó el fundador de Nvidia se pagó a 960.000 dólares en Sotheby’s. Los nuevos ricos no compran la historia de otros: compran la suya.

Llevo años sentado con clientes que quieren entrar en este mercado y la conversación ha cambiado por completo. Antes la pregunta era qué reloj, qué cuadro, qué coche. Ahora es qué videojuego, qué zapatilla, qué carta. La puerta de entrada al lujo ha dejado de ser la antigüedad del objeto y ha pasado a ser la conexión emocional con él.

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El dato que sostiene el giro no es anecdótico. El 94% de los encuestados de la Generación Z y los millennials con grandes patrimonios posee algún tipo de coleccionable, frente al 82% de la Generación X y el 58% de los boomers y la generación silenciosa, según la investigación de Bank of America Private Bank sobre grandes patrimonios.

Qué compra de verdad la nueva generación de grandes patrimonios

El mercado de subastas ha dejado de ser un termómetro del arte para convertirse en un termómetro del gusto. Christie’s, Sotheby’s y Phillips facturaron 6.800 millones de dólares en el primer semestre, un 70% más interanual, según los datos de ArtTactic. Dentro de ese perímetro, la categoría de memorabilia creció un 308%, hasta 96,1 millones.

La cifra sigue siendo una fracción pequeña del total y ahí está el matiz que importa. Crece desde una base mínima y a una velocidad que ningún departamento tradicional puede replicar. Heritage Auctions, especializada en coleccionables, alcanzó 1.400 millones de dólares en el semestre, un 47% más. Phillips registró 507 millones, un 60% más que en el periodo anterior.

El detalle técnico que explica estos precios es siempre el mismo y no tiene nada que ver con el objeto. Rareza, estado de conservación, procedencia documentada y autenticidad certificada. La Pikachu Illustrator se creó en Japón en 1998 como premio de los concursos de ilustración de la revista CoroCoro: solo 39 ejemplares llegaron a manos de los ganadores y otros dos aparecieron después vinculados a un antiguo empleado de The Pokémon Company, según The Japan Times.

El coleccionable joven no se compra por gusto estético: se compra por procedencia, gradación y una liquidez que ya cotiza en subasta internacional.

El bolsillo real: estimación de 60.000 dólares, adjudicación de 960.000

Aquí está el dato que ningún catálogo explica. La chaqueta negra de Tom Ford firmada por Jensen Huang salió a subasta en Sotheby’s con una estimación de entre 40.000 y 60.000 dólares. Se vendió por 960.000.

Convocó a 45 coleccionistas y cerró con 65 rondas de pujas. Nadie pagó esa cantidad por una prenda de cuero; se pagó por la documentación fotográfica y la certificación que la vinculaban a una de las figuras centrales del boom de la inteligencia artificial.

El videojuego sigue la misma lógica. Una copia sellada de Super Mario Bros. para NES se adjudicó por 3 millones de dólares en Heritage Auctions, por encima del máximo anterior de 2 millones fijado en 2021. Solo se conocían tres copias selladas de esa variante concreta, con el adhesivo brillante intacto, y la subastada obtuvo una calificación PSA 9.6 A++.

El canal de acceso se ha transformado en paralelo. Casi el 70% de las obras que vendió Phillips en su temporada de primavera salieron online, y en su plataforma Dropshop el 70% de los compradores eran nuevos clientes. Millennials y Generación Z ya firman uno de cada tres pujadores de la casa, y el 40% de sus compradores no había operado antes con ella.

Dónde encaja este mercado dentro del lujo y qué conviene vigilar

Mi lectura es que no estamos ante una moda pasajera, sino ante una redefinición del perímetro del lujo. Los relojes y las joyas no desaparecen: siguen siendo la categoría más habitual entre los jóvenes con patrimonio. Lo que cambia es que dejan de ser la única puerta de entrada.

Bank of America Private Bank señala que el 42% de los ricos de la Generación Z y los millennials posee una colección de arte, frente al 13% de los boomers, y que el 75% de los que aún no tiene ninguna manifiesta interés en empezar. El mismo comprador adquiere un Patek Philippe, arte contemporáneo, zapatillas y una primera edición de un videojuego.

Martin Wilson, consejero delegado de Phillips, lo ha descrito como una transferencia de gusto más que como una simple transferencia de riqueza. Comparto el diagnóstico, con una advertencia. La liquidez de estas piezas depende de un sistema de gradación privado que puede endurecer o relajar criterios, y al precio de martillo se le suman las comisiones de la casa y los costes de custodia y aseguramiento. Nada de eso aparece en el titular del récord.

El lujo del siglo XX se construyó sobre la exclusividad; el de esta generación se está construyendo sobre la identidad.

Quien compra por identidad y no por reventa rara vez se equivoca. Quien compra pensando en la rentabilidad debería mirar antes el mercado secundario que el escaparate.

💎 Ficha de Exclusividad: Pikachu Illustrator (The Pokémon Company, 1998)

  • El producto / experiencia: Carta promocional japonesa de 1998 entregada como premio en los concursos de ilustración de la revista CoroCoro. Tirada original de 39 ejemplares, más dos de procedencia interna posterior.
  • Dónde conseguirlo: Casas especializadas en coleccionables: Goldin Auctions, Heritage Auctions y Phillips. El acceso real pasa por listas privadas de coleccionistas y ejemplares con gradación PSA o BGS vigente; no hay canal de boutique.
  • Precio estimado: El ejemplar récord se adjudicó por 16,49 millones de dólares. Las copias con calificación alta rara vez salen al mercado abierto y se negocian de forma privada, con comisión de casa aparte.
  • Ventajas de usarlo — el valor real: Es la pieza con escasez mejor documentada del coleccionismo moderno: liquidez internacional, gradación verificable y una procedencia que ningún mercado secundario puede replicar.

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