La deforestación del Amazonas cae un 42% y marca su mínimo histórico desde 1988

La deforestación del Amazonas ha caído un 42% en un año y ha tocado su nivel más bajo desde 1988, según el INPE. No es una promesa ni un anuncio: es un dato medido por satélite. Y dice algo enorme. Cuando hay vigilancia, la selva responde.

Qué ha pasado exactamente en la selva amazónica

Vamos a los números, sin adornos. Entre el 1 de agosto de 2025 y el 31 de julio de 2026 se perdieron en la Amazonia brasileña 3.335 kilómetros cuadrados de selva, según el sistema PRODES del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE). Es un 42% menos que el año anterior y la cifra más baja de la serie histórica, que arranca en 1988.

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Para hacerse una idea de la escala: esa superficie es más pequeña que la isla de Mallorca. Suena extraño celebrar que se haya perdido ‘solo’ un trozo de selva de ese tamaño. Y es sano que suene extraño. La noticia no es que la Amazonia esté a salvo; es que la curva, después de décadas, apunta por fin hacia abajo.

El informe trae un segundo dato que suele pasar desapercibido. En el Cerrado, la sabana arbolada que rodea la Amazonia, la pérdida cayó un 24% hasta los 5.516 kilómetros cuadrados, también su mínimo histórico. Importa, y mucho: en las últimas décadas el Cerrado ha sido el bioma más castigado de Brasil, convertido en pastizal y en campo de agricultura industrial a una velocidad enorme.

Y aquí va el matiz honesto que conviene no saltarse. El Cerrado sigue perdiendo más superficie que la Amazonia. El récord de la selva es espectacular, sí, pero el conjunto del país no está todavía en cifras tranquilizadoras.

Un bosque que se recupera no es un bosque intacto, pero cada hectárea que deja de caer es carbono que se queda donde debe.

De dónde viene el cambio y qué lo sostiene

INPE

Nada de esto ha caído del cielo. La reducción se aceleró a partir de 2023, cuando el gobierno brasileño retomó la aplicación de la ley ambiental, amplió los programas de conservación y volvió a impulsar áreas protegidas y el reconocimiento de territorios indígenas. La otra pata es la vigilancia por satélite: el mismo sistema que hoy publica el récord permite detectar un foco de tala casi en tiempo real. Lo que no se mide, no se puede frenar.

Sobre el futuro inmediato hay dos incógnitas. La primera es política: Brasil vota este mes de octubre y parte del debate gira en torno a si se mantienen o se relajan las protecciones ambientales; siete de los nueve gobernadores de los estados amazónicos están alineados con el candidato favorito, que ha planteado reducirlas. La segunda es climática, y preocupa más a los científicos.

📋 Los datos clave de un vistazo

  • El dato: 3.335 kilómetros cuadrados deforestados en la Amazonia brasileña entre agosto de 2025 y julio de 2026, un 42% menos que el año anterior (INPE, sistema PRODES).
  • Por qué importa: es el nivel más bajo desde 1988 y aleja emisiones y pérdida de biodiversidad en la mayor selva tropical del planeta.
  • Lo que puedes hacer: mirar el origen de lo que compras y exigir trazabilidad en carne, soja, madera y papel.
  • A tener en cuenta: el Cerrado sigue perdiendo más superficie que la Amazonia y un El Niño intenso podría revertir parte del avance.

En el Pacífico se está gestando un El Niño de gran intensidad. Estos episodios se asocian a sequías en el sur de la Amazonia, y los incendios suelen repuntar el año siguiente a uno fuerte. Conviene decirlo con claridad: es una previsión científica con su margen de incertidumbre, no una certeza. Un bosque debilitado por la sequía arde con más facilidad, y el fuego puede deshacer en semanas lo que la vigilancia tarda meses en ganar.

Lo que de verdad mueve la aguja (y lo que está en tu mano)

Hay un mito que conviene desmontar: la Amazonia no produce una quinta parte del oxígeno del planeta; buena parte del oxígeno atmosférico viene del fitoplancton marino. Eso no le resta ni un ápice de importancia. La selva regula las lluvias de media Sudamérica, almacena cantidades ingentes de carbono y alberga una biodiversidad, que no existe en ningún otro lugar. El IPCC señala que la deforestación y el cambio de uso del suelo son una fuente relevante de gases de efecto invernadero, y por eso cada kilómetro cuadrado cuenta.

¿Y qué funciona? La evidencia disponible asocia los territorios indígenas y las áreas protegidas con menores tasas de pérdida de bosque. También la trazabilidad: una cadena de suministro que se puede seguir es una cadena que se puede vigilar. Los gestos simbólicos sin seguimiento se quedan cortos.

Lo que sí está en tu mano:

  • No comprar a ciegas: busca el origen en carne, soja, aceite de palma, papel y madera.
  • Priorizar sellos verificables y desconfiar de etiquetas que nadie audita.
  • Preguntar a las marcas por su cadena de suministro.
  • Apoyar la conservación con organizaciones que publiquen cuentas claras.

La lección de este récord es más grande que Brasil. Durante décadas nos dijeron que frenar la tala era imposible. Los datos acaban de demostrar lo contrario: la selva responde cuando se la vigila y se la defiende. Ese margen existe, y ahora sabemos que funciona.

🌍 Ficha de Impacto: la deforestación del Amazonas

  • El problema: la pérdida de selva tropical libera carbono, altera el ciclo del agua y arrasa biodiversidad; la Amazonia es el mayor bosque tropical del planeta.
  • Datos importantes: 3.335 kilómetros cuadrados perdidos entre agosto de 2025 y julio de 2026, un 42% menos; mínimo de la serie del INPE desde 1988; el Cerrado bajó un 24% hasta 5.516 kilómetros cuadrados.
  • Repercusión en tu vida: los bosques tropicales influyen en las lluvias y el clima global, y muchos productos cotidianos (carne, soja, papel) proceden de cadenas ligadas a la tala.

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