El 30×30 de biodiversidad choca con petróleo y minería: 61,5 millones de hectáreas protegidas en riesgo

El 30×30 de biodiversidad promete proteger el 30% de la tierra y los mares en 2030, pero 61,5 millones de hectáreas ya protegidas se solapan con bloques de petróleo y gas; mirar qué se protege importa tanto como cuánto.

Del compromiso de Montreal al suelo que se comparte con pozos y minas

Vamos por partes. En 2022, en la cumbre de Montreal, 196 países adoptaron el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal, con 23 metas para frenar la pérdida de naturaleza. La más citada es la tercera: conservar al menos el 30% de la tierra, las aguas continentales y las zonas costeras y marinas en 2030. Ese es el 30×30. Sobre el papel, ambicioso. Sobre el terreno, más complicado.

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Imagina que declaras tu salón zona limpia y dejas la puerta abierta para que sigan entrando con las botas llenas de barro. El cartel dice ‘limpio’; la realidad, otra cosa. Algo así pasa con muchas áreas protegidas: figuran en mapas e inventarios oficiales, pero comparten suelo con industrias extractivas que ya operan o que tienen previsto hacerlo.

El informe de Earth Insight, publicado el 8 de octubre, pone cifras a ese desajuste en los países tropicales. Más de 61,5 millones de hectáreas de zonas protegidas y conservadas se solapan con bloques de petróleo y gas en marcha o planificados, un área de unas 2,5 veces el Reino Unido. Otras 42,7 millones de hectáreas se cruzan con bloques o concesiones mineras.

Detrás del análisis hay una coalición de organizaciones: la propia Earth Insight, la Comisión Mundial de Áreas Protegidas, el secretariado de las Áreas Clave para la Biodiversidad y el Foro Internacional de Pueblos Indígenas sobre Biodiversidad, entre otras. Todas llegan a una conclusión incómoda: ampliar la superficie protegida no basta si dentro de esos límites se permite la extracción.

Una reserva puede figurar en el catastro y, al mismo tiempo, convivir con una plataforma o una concesión minera dentro de sus límites.

El calendario añade urgencia. La COP17 de biodiversidad arrancó el 19 de octubre en Ereván (Armenia) y se cierra el día 30, con el avance hacia el 30×30 sobre la mesa. No es una cita cualquiera: es el foro donde los países se enseñan las cartas y donde se decide si el objetivo se cuenta en hectáreas o en ecosistemas que funcionan.

Qué dice el informe de Earth Insight (y qué no dice)

Conviene ser precisos, porque aquí es fácil exagerar. El trabajo no calcula si el mundo llegará o no al 30% en 2030; mide la distancia entre lo que se declara protegido y las presiones industriales que soportan esas mismas zonas. Y el resultado es elocuente.

📋 Los datos clave de un vistazo

  • El dato: más de 61,5 millones de hectáreas protegidas tropicales se solapan con petróleo y gas; 42,7 millones, con minería (Earth Insight, octubre de 2026).
  • La escala: el primer solapamiento equivale a unas 2,5 veces el Reino Unido.
  • Por qué importa: el 30×30 mide superficie; la conservación real depende de qué se protege y de cómo se gestiona.
  • A tener en cuenta: el informe contabiliza solapamientos, no extracciones confirmadas en todos los casos.
áreas protegidas petróleo

Florencia Librizzi, subdirectora de Earth Insight y autora del informe, resumió el hallazgo para Mongabay: el análisis revela ‘una brecha importante entre los compromisos de conservación y las presiones industriales que afrontan zonas ya contabilizadas como protegidas’. El problema no está solo en lo que falta por proteger, sino en lo que se da por protegido sin serlo del todo.

Por eso el informe no reclama solo más hectáreas. Reclama cambiar la pregunta: evaluar qué ecosistemas se están preservando, asegurar que la normativa se cumple de verdad y evitar que la actividad industrial socave la conservación. La mayoría de los análisis sobre conservación apunta en la misma dirección: sin gestión efectiva, el mapa es solo un dibujo.

Lo que sí está en tu mano y lo que de verdad mueve la aguja

Aquí toca ser honesta. Ninguna de tus decisiones de esta semana va a cerrar un bloque petrolífero ni a retirar una concesión minera. Pero la distancia entre el mapa y el terreno no es ajena a ti: es una cuestión de reglas, y las reglas se escriben y se vigilan con presión ciudadana.

La ciencia es clara en el diagnóstico. La Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) identificó como motores directos de la pérdida de naturaleza el cambio de uso del suelo y del mar, la explotación directa de organismos, el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras. Lo que aporta este informe es el mapa donde esas presiones se cruzan con los compromisos firmados.

¿Qué puedes hacer, sin heroicidades ni culpas?

  • Sigue el cierre de la cumbre: cuando acabe la COP17, comprueba si tu país defiende evaluar la calidad de las áreas protegidas y no solo sumar hectáreas.
  • Pregunta por la gestión: un parque sin presupuesto, sin vigilancia y sin plan es un cartel en una valla.
  • Mira tu huella material: el aluminio, el litio o el combustible de tu día a día salen de algún sitio; alargar la vida de los objetos rebaja esa demanda.
  • Apoya con criterio: las entidades que trabajan sobre el terreno con comunidades locales suelen sostener la protección cuando falta presupuesto público.

Y aquí está la buena noticia. Que exista un informe así, con cifras y mapas, significa que el desajuste se puede medir; y lo que se mide, se puede corregir. El 30×30 no es una varita mágica ni una condena: es una herramienta con fecha, y la diferencia entre cumplirla o maquillarla depende de decisiones que siguen abiertas.

🌍 Ficha de Impacto: el 30×30 frente al petróleo y la minería

  • El problema: millones de hectáreas declaradas protegidas comparten suelo con bloques de petróleo, gas y concesiones mineras.
  • Datos importantes: 61,5 millones de hectáreas de solapamiento con petróleo y gas y 42,7 millones con minería, según Earth Insight; el 30×30 debe estar cumplido en 2030.
  • Repercusión en tu vida: la calidad de la protección decide el agua, el clima y los alimentos de los que dependes, y tu manera de consumir y de votar influye en cómo se vigila.

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