Las sillas Pasinato pasan de los mercadillos a 12.000 euros: el diseño coleccionable que nadie supo ver

El precio de las sillas Pasinato oscila hoy entre 4.500 y 12.000 euros según estado, procedencia y expresividad. Hace dos décadas esas mismas maderas talladas se vendían por cuatro perras en cualquier mercadillo europeo. El diseñador Luis Laplace y su pareja, Christophe Comoy, se toparon con ellas paseando por uno: las dejaron pasar y, al volver, ya habían desaparecido.

Un vecino las había comprado. Años después, Laplace consiguió incorporarlas a su colección y hoy ocupan el comedor de su apartamento parisino. «Son como la música: aportan movimiento, dialogan entre sí, tienen sentido del humor», contó. Una mesa con sillas a juego le parecía rígida; estas, en cambio, muestran cada una su propia personalidad.

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Detrás está Francesco Pasinato (1932-2004), nacido en Padua, formado en pintura y escultura en Venecia y después en la escuela de arte de Nove di Bassano, donde se especializó en cerámica. Lo fichó el propietario de los grandes almacenes Sinn, en el Sarre, para hacerse cargo de la decoración. El empleo le duró poco. Cuando pasó a trabajar como carpintero, su primera medida fue instalar una tumbona en el taller: «Francis era un vago de narices», recuerda un antiguo compañero.

De Padua a Saarbrücken: el taller de roble que abasteció a media hostelería alemana

Cuando abrió Felsenhöhe, su restaurante en Saarbrücken, a orillas del Sarre y a un paso de la frontera francesa, Pasinato construyó él mismo todo el mobiliario: bancos, estanterías y sillas de madera maciza con huecos recortados en asiento y respaldo. Servía lomo de ternera y boletus recolectados por él, con un olfato que sus contemporáneos llamaban sobrenatural. La ergonomía nunca fue la prioridad, y eso se nota al sentarse.

El método de distribución fue igual de heterodoxo. No esperaba pedidos: aparecía por la puerta de restaurantes amigos con un cargamento de sillas y las instalaba, preguntara alguien o no. Así se dispersó un corpus que hoy resulta imposible de censar con precisión.

En 1977 inauguró la Galería Francis en el que durante años se consideró el barrio rojo del suroeste alemán, un local con más aire de taberna que de sala de exposiciones, equipado con roble pesado salido de su taller. Allí se codeaba con políticos e intelectuales, con sombrero de fieltro y regalos de Lalique en el bolsillo.

Cuánto cuesta una silla Pasinato y quién mueve realmente el mercado

Las primeras piezas reaparecieron en París hace algunos años, casi con seguridad procedentes de herencias y legados particulares. De allí saltaron a Los Ángeles. Quien mejor conoce ese circuito es el galerista Jarno Kooijman, de Galerie Fundamente (Róterdam), que ha colocado sillas, bancos e incluso un relieve mural metálico del italiano entre arquitectos y coleccionistas de renombre.

Su baremo es el único disponible hoy: entre 4.500 y 12.000 euros por silla, en función de la conservación, la procedencia documentada y la potencia escultórica. Sin firma sistemática, sin catálogo razonado y sin archivo de producción, el comprador paga la calidad del tallado y la historia que puede reconstruir. Nada más.

diseño coleccionable

En el diseño de autor, la procedencia pesa más que la madera: sin historia documentada, una Pasinato es solo una silla incómoda.

Kooijman insiste en la lectura formal: los huecos recortados pesan tanto como la propia madera y aportan una ligereza inesperada. Reconoce en estas piezas el lenguaje experimental del arte italiano de los sesenta y setenta, cuando lo escultórico invadió el mueble, con nombres como Giuseppe Capogrossi, Nerone Ceccarelli o Giancarlo Patuzzi.

Laplace apunta a otra clave: «Estamos acostumbrados a los productos industriales perfectos. Cuando aparece algo tan claramente hecho a mano, se siente la presencia del artista». El desgaste, la reparación torpe, el nudo mal resuelto, suman en este mercado en lugar de restar.

Análisis: por qué el corpus pequeño sostiene el precio y por qué no todo Pasinato vale

No todo lo que Pasinato dejó atrás tiene salida. Pintó acuarelas, hizo obra gráfica, trabajó el metal y fabricó lámparas de fibra de vidrio que ni siquiera en París encuentran comprador. Lo que es más relevante: el mercado no compra al artista, compra la categoría. La silla funciona porque escapa a toda clasificación, demasiado escultórica para un mueble convencional y demasiado funcional para venderse solo como arte.

La oferta, en paralelo, es rígida: no hay reediciones, no existe una fundación que catalogue el legado y buena parte de la producción se destruyó cuando cambiaron los gustos. Una restauradora del Sarre lo resume sin pudor: «¡Si lo hubiéramos sabido! Las tiramos todas».

Mi lectura como asesor es concreta. A estos niveles de precio, la silla Pasinato compite con mobiliario de autor contemporáneo que se produce en series cortas pero vivas, y ahí gana la pieza italiana: lo que no se puede volver a fabricar tiene un suelo de precio más firme.

El riesgo no es estético, es documental: sin archivo, autenticar resulta dificil y caro. Antes de pagar más de 8.000 euros por una silla, exijo procedencia trazable y una comparación directa del tallado con piezas de la misma hornada.

El mercado no colecciona a Pasinato: colecciona la única familia de su obra que ya no se puede volver a hacer.

💎 Ficha de Exclusividad: Silla escultórica de Francesco Pasinato

  • El producto / experiencia: Silla de madera maciza con asiento y respaldo recortados a mano, fabricada entre los años sesenta y ochenta para la hostelería del Sarre. Sin firma, sin número de serie y sin reedición posterior.
  • Dónde conseguirlo: Galerie Fundamente, Róterdam (Jarno Kooijman), principal canal de salida en Europa. El resto llega por herencias privadas de París y Los Ángeles. No hay canal oficial ni archivo de la marca.
  • Precio estimado: Entre 4.500 y 12.000 euros por silla según conservación, procedencia y expresividad. Bancos y relieves murales metálicos se mueven en rangos similares.
  • Ventajas de usarlo — el valor real: Corpus cerrado, no reeditado y en parte destruido: la oferta no puede crecer, lo que sostiene el precio mejor que cualquier mueble de autor en producción.

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