El lujo residencial Miami tiene nueva dirección: 75 Broadway, en pleno Brickell, con pisos desde 3 millones de dólares. La cifra de entrada no es la noticia. Lo es quién la financia.
Tyko Capital, firma de préstamo privado respaldada por Elliott Investment Managment, ha cerrado 817 millones de dólares —unos 723 millones de euros— para levantar dos torres residenciales de alta gama. Es el mayor crédito de construcción residencial de la historia de Florida. El dinero no lo pone un banco: lo pone un fondo. Y eso cambia las reglas para el comprador.
Qué hay detrás del 75 Broadway: piscina en azotea, muelle privado y 817 millones de deuda privada
Las dos torres se levantarán sobre el río Miami con piscina en azotea, amarre privado para los yates de los residentes y un club de miembros cerrado al resto de la ciudad. El proyecto lo firman Fortune International Group —la promotora de Edgardo Defortuna— y KAR Properties, dos nombres que llevan una década colocando Brickell en el radar del capital latinoamericano y europeo.
Adi Chugh, consejero delegado de Tyko, lo resume con una idea que funciona como manual de instrucciones: la marca se percibe en el ADN del edificio, y detalles como la carpintería o el club privado son la prueba de calidad que busca el residente. Traducido al español de la calle, aquí no se vende una vista: se vende la certeza de que el vecino de al lado ha pasado el mismo filtro.
El resto del paisaje confirma el patrón. En Miami se construyen residenciales firmados por Waldorf Astoria, Mercedes-Benz y Baccarat, y el estado sigue sin aplicar impuesto sobre la renta personal. A eso se suma el traslado de la sede mundial de Citadel, el fondo de Ken Griffin, que levanta en la ciudad una torre de 2.500 millones de dólares; Tyko, precisamente, financió el 830 Brickell, el edificio de oficinas donde ya conviven Citadel, Microsoft y Thoma Bravo. Cuando tu vecino de planta es Microsoft, el metro cuadrado residencial deja de comportarse como vivienda y empieza a comportarse como activo financiero.
El coste real de vivir en Brickell: lo que no aparece en los 3 millones de dólares

Los 3 millones compran la llave, no la vida dentro. En mi experiencia con producto branded en Brickell, el HOA —la cuota de comunidad— ronda el 1% del valor del inmueble cada año; en edificios con mayordomía, conserjería 24 horas y muelle, esa cifra se queda corta. Súmese el impuesto de propiedad del condado, el seguro —el gran agujero de Florida— y unos costes de cierre que se mueven entre el 2% y el 4% del precio.
Y luego está el calendario. Defortuna ha vendido el 45% de Faena Residences, incluido un ático de 30 millones de dólares, con entrega prevista para principios de 2030. Comprar sobre plano significa inmovilizar pagos escalonados durante más de tres años antes de dormir una sola noche en la casa.
En Miami no se paga por metros cuadrados: se paga por el filtro de acceso. Y ese filtro tiene una cuota mensual que nadie enseña en el folleto.
El mercado secundario tiene su propio idioma. Las asignaciones de contrato —vender la promesa antes de la entrega— se han convertido en la vía habitual para capturar la revalorización sin escriturar, y en el punto donde más operaciones se rompen: el promotor cobra por autorizar la cesión y el comprador final paga en efectivo lo que el banco no financia. Quien entre pensando en reventa debería contar antes cuántas unidades idénticas hay en el mismo edificio. La escasez se fabrica; la liquidez, no.
Por qué Miami sostiene estos precios aunque lleguen menos millonarios
El dato que desmonta la narrativa fácil: Florida pasó de recibir 1.640 nuevos residentes al día en 2022 a 551 en 2025, según la Oficina del Censo. Menos mudanzas, sí. Pero el condado de Miami-Dade registró 24 ventas de vivienda por encima de 30 millones de dólares en su último ejercicio comparable, frente a 21 en el anterior, según la Miami Association of Realtors. Llega menos gente y se mueve más dinero. Ese es el mercado.
Mi lectura es que Miami ha dejado de ser un destino de refugio fiscal para convertirse en un destino de permanencia. Lo dijo Defortuna con precisión: el comprador ya no es solo latinoamericano, llega del noreste de Estados Unidos y de California. En paralelo, Stephen Ross convierte West Palm Beach en su apuesta personal, con campus universitario y vivienda de lujo, lo que reparte el mapa del dinero en el sur de Florida en lugar de concentrarlo.
¿Vale lo que cuesta? Para el comprador de uso propio con horizonte de una década, sí: el diferencial entre un branded de Brickell y un condominio convencional se sostiene mientras el edificio mantenga servicio real. Para el comprador que busca rentabilidad a dos años, no. Los 817 millones de deuda privada se conceden a tipos que no son los del banco central, y esa factura acaba siempre en el precio de la última unidad. Cuando los tipos bajen, el crédito privado se retirará; el edificio, el muelle y el club se quedarán.
El lujo residencial se mide en una sola cosa: cuánto tarda en venderse el mismo piso cuando ya nadie habla del lanzamiento.
💎 Ficha de Exclusividad: 75 Broadway, Brickell (Miami)
- El producto / experiencia: Dos torres residenciales de ultra lujo sobre el río Miami, con piscina en azotea, muelle privado para yates, club de miembros cerrado y servicio de mayordomía. Pisos desde 3 millones de dólares.
- Dónde conseguirlo: Equipo de ventas de Fortune International Group (Brickell, Miami) y de KAR Properties. El acceso a unidades antes del lanzamiento público se gestiona con bróker de contrato de exclusividad y cita previa en la sala de ventas.
- Precio estimado: Desde 3 millones de dólares (unos 2,6 millones de euros). Referencia de techo cercana: ático vendido en Faena Residences por 30 millones de dólares.
- Ventajas de usarlo — el valor real: Muelle propio y club cerrado son los dos atributos que mejor sostienen la reventa en Brickell; la ausencia de impuesto estatal sobre la renta hace el resto.


