El Dr. Alfonso del Corral, ex jefe de los servicios médicos del Real Madrid durante 15 años, advierte sobre un fenómeno que muchos ignoran hasta que es demasiado tarde. Quien fue responsable de la salud de los futbolistas blancos entre 1994 y 2009 conoce bien la diferencia entre cuidar el cuerpo desde joven y abandonarlo a su suerte.
La bomba de los 40 no es una metáfora: es la manifestación violenta de dos décadas de negligencia. El organismo aguanta, compensa y oculta el deterioro hasta que colapsa.
La acumulación silenciosa del daño
Fumar un paquete diario durante 20 años no provoca los mismos síntomas que hacerlo durante dos meses. El daño cardiovascular, hepático y metabólico se acumula sin avisar mientras el cuerpo aún tiene capacidad de compensación. Las arterias se van obstruyendo, el hígado se va infiltrando de grasa y el páncreas va perdiendo eficacia, pero todo ocurre bajo el radar.
La juventud enmascara los problemas. Un cuerpo de 25 años puede metabolizar el alcohol con mayor eficiencia, reparar tejidos dañados por el tabaco y mantener cierta forma física a pesar del sedentarismo. Esa tolerancia biológica genera una falsa sensación de impunidad.
Sin embargo, ese margen de maniobra se agota. Cuando se cruza la barrera de los 35-40 años, los mecanismos de reparación celular pierden velocidad y eficacia. Lo que antes se compensaba ahora se manifiesta con toda su crudeza.
Los cuatro jinetes de la destrucción metabólica
El Dr. Alfonso del Corral identifica cuatro factores que actúan como detonantes cuando se mantienen durante décadas. No es el consumo puntual lo que mata, sino la persistencia en el tiempo de estos comportamientos destructivos.
✓ Tabaquismo crónico: cada cigarrillo libera más de 4.000 sustancias tóxicas que dañan el endotelio vascular y predisponen a trombosis
✓ Consumo excesivo de alcohol: el hígado puede procesar cierta cantidad, pero la sobrecarga continuada genera esteatosis, fibrosis y cirrosis
✓ Sedentarismo absoluto: la ausencia de ejercicio debilita el músculo cardíaco, reduce la capacidad pulmonar y dispara la resistencia a la insulina
✓ Mala alimentación sostenida: el exceso de grasas saturadas, azúcares y ultraprocesados inflama el organismo y acelera el envejecimiento celular
Por qué explota todo a los 40
La década de los 40 representa el momento en que el capital biológico se agota. Hasta ese punto, el cuerpo ha ido tirando de reservas: vasos sanguíneos colaterales que compensan arterias obstruidas, hepatocitos que sustituyen a células hepáticas dañadas, riñones que filtran con mayor esfuerzo.
Pero llega un momento en que esas reservas se terminan. La primera manifestación suele ser cardiovascular: angina de pecho, infarto de miocardio, ictus cerebral o trombosis venosa profunda. Son eventos agudos que parecen surgir de la nada, pero que en realidad llevaban años gestándose en silencio.
En Madrid, donde ejerce actualmente como director de la Unidad de Traumatología del Hospital Ruber Internacional, el especialista atiende a diario casos de personas que llegan con su salud quebrada. Muchos confiesan que nunca pensaron que sus hábitos les pasarían factura. La realidad es que el cuerpo siempre cobra, solo que lo hace con intereses acumulados.
La ventana de reversibilidad todavía existe
Aunque el panorama parece desolador, la capacidad de recuperación del organismo humano es sorprendente cuando se actúa a tiempo. Dejar el tabaco antes de los 45 años reduce el riesgo cardiovascular un 50% en menos de cinco años. El hígado tiene una capacidad regenerativa excepcional si se elimina el alcohol.
El ejercicio físico regular revierte la resistencia a la insulina y mejora la función endotelial. Incluso personas con arterias obstruidas pueden estabilizar sus placas de ateroma y evitar eventos agudos mediante cambios profundos en el estilo de vida. La clave está en no esperar a que llegue el infarto o el diagnóstico de diabetes tipo 2.
La medicina preventiva no consiste en hacerse analíticas cada año para ver cómo vas cayendo, sino en modificar los factores de riesgo antes de que sea demasiado tarde. El tiempo corre, pero aún queda margen.
Señales de alarma que no debes ignorar
El organismo envía mensajes antes del colapso definitivo, pero muchos los ignoran o los atribuyen al envejecimiento normal. La fatiga crónica que no mejora con el descanso, la dificultad para subir escaleras sin ahogarse, los dolores torácicos atípicos o la hinchazón de piernas son señales de alarma.
También lo son los despertares nocturnos con sudoración, la pérdida de libido, la dificultad para concentrarse o los cambios bruscos de peso sin motivo aparente. Estos síntomas reflejan que el cuerpo está luchando por mantener el equilibrio y perdiendo la batalla.
No hace falta esperar al análisis de sangre con el colesterol por las nubes o la glucosa disparada. Cuando esos números aparecen alterados, el daño estructural ya está instalado. La prevención real empieza mucho antes, cuando todavía todo parece estar bien pero los hábitos son pésimos.




