El calzado plano de verano que las mujeres de 30 deben evitar según los podólogos

Llega el verano y las manoletinas vuelven a los escaparates como si nada. Lo que muchas mujeres no saben es que el Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos de España (CGCOP) acaba de publicar un manifiesto que vincula su uso habitual con la fascitis plantar crónica, una de las lesiones del pie más incapacitantes y difíciles de revertir. El dato no es menor: alrededor del 10% de la población padecerá fascitis plantar en algún momento de su vida, y la incidencia aumenta con la edad.

A partir de los 30, la musculatura del pie y la fascia plantar pierden elasticidad de forma progresiva. Eso significa que el mismo calzado que a los 22 no pasaba de una ligera molestia, a los 33 puede convertirse en el detonante de meses de rehabilitación. La pregunta no es si las manoletinas son bonitas —lo son— sino si merece la pena el precio que paga tu cuerpo.

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Por qué el calzado plano de verano daña más de lo que parece

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El problema de las manoletinas y otras sandalias planas de verano no es solo la ausencia de tacón, sino la combinación de suela finísima y nula sujeción del tobillo. Cuando caminas con ellas, la fascia plantar —esa banda de tejido que va del talón a los dedos— se ve obligada a absorber cada impacto sin ningún tipo de amortiguación intermedia, lo que genera microtraumatismos repetidos que, acumulados, inflamam el tejido de forma crónica.

Jorge Escoto, podólogo y miembro de la junta directiva del Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana (ICOPCV), lo explica con claridad: pasar directamente de un calzado de invierno con algo de tacón a unas manoletinas planas «es muy brusco para el pie». Las suelas finas obligan al pie a absorber los impactos directamente contra el suelo, sin dar tiempo a la fascia a adaptarse, y el tejido plantar se inflama provocando la fascitis.

Las sandalias planas de verano y el círculo vicioso de la fascitis

El verano multiplica el riesgo por varias razones que se potencian entre sí. El calor hincha los pies, los materiales blandos de las manoletinas no ofrecen sujeción lateral, y la tendencia a caminar más —playas, terrazas, ciudades turísticas— dispara la carga sobre una fascia que ya trabaja al límite sin soporte de arco.

Lo más frustrante de la fascitis plantar es que cuando duele, ya llevas semanas dañando el tejido. El dolor matutino al poner el pie en el suelo —ese primer paso que duele como pisar cristales— es la señal de que el proceso inflamatorio crónico lleva tiempo instalado. A esa altura, el tratamiento conservador exige semanas de fisioterapia, plantillas, estiramientos y, sobre todo, cambiar el calzado de inmediato.

Qué dice la podología sobre el calzado ideal para el verano

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Los especialistas no piden que abandones el calzado plano de verano para siempre, sino que lo reserves para lo que realmente es: un calzado de ocasión. La recomendación unánime del ICOPCV es optar por un zapato con buena sujeción, suela de goma flexible y una ligera cuña en el talón de entre 1 y 4 centímetros, suficiente para reducir la tensión sobre la fascia sin los problemas del tacón alto.

Las sandalias con correa en el tobillo y plantilla anatómica son la opción que mejor cumple estos criterios en verano: permiten que el pie transpire, ofrecen el soporte que las manoletinas no tienen y distribuyen el peso de forma más equitativa. No tienen que ser ortopédicas ni feas; el mercado de 2026 ofrece modelos estilosos que cumplen todos los requisitos podológicos.

Los cuatro tipos de calzado plano que más problemas causan en verano

Los podólogos coinciden en señalar este listado como los principales culpables de las consultas de verano:

  • Manoletinas clásicas de suela de cartón: cero amortiguación, cero sujeción del arco.
  • Chanclas de dedo (flip-flops): obligan a los dedos a hacer pinza para no perderlas, tensando tendones y fascia.
  • Alpargatas de esparto sin plantilla: suela rígida que no permite la flexión natural del pie.
  • Bailarinas de tela con suela lisa: especialmente peligrosas en superficies duras como el asfalto o el adoquín.

Por qué las manoletinas son el mayor problema

La particularidad de las manoletinas frente a otras opciones planas es que combinan todos los factores de riesgo a la vez: suela fina, ausencia de sujeción, material que no adapta al arco y una horma que no sujeta el talón. En una sandalia con correa, al menos el pie queda sujeto; en una manoletina, el pie flota dentro del zapato con cada paso.

El efecto acumulativo que se dispara a partir de los 30

La almohadilla grasa del talón, que actúa como amortiguador natural, empieza a adelgazarse a partir de los 30 años. Eso significa que el margen de error con el calzado se reduce: lo que antes era una molestia puntual pasa a ser una lesión estructural. Los podólogos insisten en que las mujeres de esta franja de edad son las que más rápido evolucionan de la molestia a la fascitis crónica.

Cómo proteger tus pies este verano sin renunciar al estilo

La buena noticia es que en verano no hay que elegir entre salud y estética. Las marcas españolas e internacionales han incorporado las recomendaciones podológicas en colecciones que incluyen sandalias con arco de soporte, plantillas de memoria y cuña oculta de 2 centímetros. El cambio visual respecto a una manoletina es mínimo; el cambio para la fascia plantar, enorme.

El consejo más práctico de los especialistas es también el más sencillo: si tienes que pasar más de dos horas caminando en verano, elige una sandalia con sujeción y reserva las manoletinas para la terraza o la cena. Alternar el calzado a lo largo del día —algo que pocas mujeres hacen y todos los podólogos recomiendan— es una de las estrategias más eficaces para prevenir la fascitis sin renunciar a ningún look.

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