5 hábitos diarios para proteger tu piel y tu cabello de los excesos del sol

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Ritual post-playa: enjuague con agua fría y gel de aloe vera puro

Close-up of aloe vera plant with water droplets
Foto de Mohammad Zeeshan en Unsplash

El primer gesto del ritual post-playa no admite demora: un enjuague con agua fría en cuanto se sale del agua. La sal marina, el cloro, la arena y los restos de protector solar quedan adheridos a la piel y al cabello y, si se dejan secar, actúan como una esponja que extrae la humedad de las capas superficiales: los cristales de sal raspan la cutícula capilar, dejándola áspera y quebradiza, y sobre la piel forman una película que acentúa la tirantez. El agua fría, además de arrastrar esos residuos, aporta un beneficio propio: a diferencia de la caliente, no arrastra los lípidos naturales que componen la barrera cutánea, ya castigada por horas de sol, y al contraer los vasos sanguíneos superficiales reduce el enrojecimiento y la sensación de calor. Por eso los dermatólogos recomiendan aclarar cuanto antes, en la ducha de la playa o nada más llegar a casa, siempre con agua fría o tibia, nunca caliente.

El segundo paso es el gel de aloe vera puro, el aftersun de toda la vida que sigue respaldado por la evidencia. Su contenido en polisacáridos como el acemanano y en vitaminas A, C y E le confiere un doble papel: hidrata sin dejar grasa, formando una película que retiene el agua en la epidermis, y calma la inflamación y el picor de la piel expuesta al sol. Aplicado con la piel todavía húmeda tras el enjuague, sella mejor esa hidratación y frena la pérdida de agua transepidérmica. También el cabello se beneficia: una pequeña cantidad sobre medios y puntas húmedos suaviza, doma el encrespamiento y alivia un cuero cabelludo reseco por la sal y el cloro. Conviene elegir fórmulas con alto porcentaje de jugo de aloe, sin alcohol ni fragancias que irriten una piel sensibilizada, y guardar el bote en la nevera para potenciar su frescor.

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