5 hábitos diarios para proteger tu piel y tu cabello de los excesos del sol

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Protege tu cabello con un leave-in con filtro UV y un sombrero

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Foto de Samuel Toh en Unsplash

El cabello paga una factura solar que casi nadie advierte: la radiación UVB daña la cutícula y degrada las proteínas de la fibra, mientras que la UVA penetra hasta el córtex y acelera la pérdida de color, tanto del pigmento natural como del tinte. Los estudios de fotodeterioro muestran que la exposición prolongada oxida los enlaces de cistina de la queratina, reduce la resistencia mecánica del pelo y provoca pérdida de proteínas; los tonos rubios, canosos o teñidos son los más vulnerables por su menor contenido en melanina, y los tintes oscuros pueden aclararse de forma perceptible tras apenas unas horas de sol intenso. Frente a eso, un leave-in con filtro UV hace lo que un acondicionador normal no puede: crea una película con filtros cuaternarios, siliconas y antioxidantes que se adhiere a la superficie de la fibra y actúa como barrera física y química. Conviene aplicarlo antes de la exposición y reaplicarlo tras cada baño, porque la sal y el cloro arrastran esa capa protectora. Como en cosmética capilar no existe un índice regulado tipo SPF, lo sensato es elegir fórmulas de amplio espectro, ligeras y que no apelmacen.

El sombrero aporta lo que ningún cosmético puede: cubre a la vez cuero cabelludo, orejas y nuca, no se desgasta con el sudor ni con los baños y no exige reaplicación. Los dermatólogos recomiendan un ala ancha de al menos siete centímetros, capaz de bloquear más del 70% de la radiación directa, y advierten del riesgo de las gorras de visera, que dejan expuestas la coronilla y las sienes; de hecho, se han documentado queratosis actínicas en la parte posterior del cráneo de pacientes que usaban gorra a diario. La piel de la cabeza es más fina que la del rostro y acumula el mismo daño que el resto del cuerpo, agravado en cabellos finos o con alopecia, porque el pelo no es una barrera infalible: uno denso y oscuro filtra más que uno rubio y ralo, pero nunca del todo. El ala ancha añade además protección frente al golpe de calor. Combinado con el leave-in, cubre las dos caras del problema: el filtro protege la fibra y el sombrero protege la piel que la sostiene.

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