Usar andador correctamente no es solo tenerlo delante: si la altura está mal ajustada o la postura es forzada, aumentan las caídas evitables. Ajustarlo bien y avanzar con una técnica sencilla protege tu autonomía al caminar, según las recomendaciones de la OMS.
Por qué un andador mal ajustado aumenta el riesgo de caídas
La Organización Mundial de la Salud recuerda que las caídas son la segunda causa mundial de muerte por traumatismos involuntarios. Cada año se producen 684.000 caídas mortales en el mundo, y las tasas más altas se concentran en los mayores de 60 años.
Esto no es para asustar, sino para entender una idea clave: muchas caídas se pueden prevenir. La OMS incluye entre las medidas para mayores ejercicios de marcha y equilibrio, entrenamiento funcional y revisar el entorno. El andador encaja en ese conjunto de ayudas a la movilidad, pero solo cumple su función si está bien ajustado y se usa con la técnica adecuada.
Un andador demasiado bajo obliga a encorvarse; uno demasiado alto, a levantar los hombros y a apoyar mal. En ambos casos, la marcha pierde fluidez y el cuerpo va tenso. Y un cuerpo tenso tropieza más.
Las caídas no mortales también pesan: cada año cerca de 37,3 millones requieren atención médica. En mayores, la OMS destaca que las consecuencias van más allá del golpe: pérdida de autonomía y miedo a volver a caer.
El andador no te frena: bien ajustado, te acompaña para que sigas caminando con seguridad.
Con el andador, muchas de estas caídas se pueden evitar. No es magia ni un invento milagroso: es biomecánica sencilla. Un apoyo estable delante del cuerpo amplía la base de sustentación y da tiempo a reaccionar.
Señales de que la altura no es la correcta
- Te obligas a encorvar los hombros o a levantar las muñecas por encima de los codos.
- Sientes molestias en los hombros, las muñecas o la zona lumbar después de caminar.
- El andador se tambalea o las ruedas no tocan el suelo de forma uniforme.
Cómo usar el andador paso a paso (sin complicarte)
Vamos a lo práctico. Antes de dar el primer paso, colócate de pie con los brazos relajados y comprueba que las empuñaduras quedan a la altura de las muñecas.
- Ajusta la altura. Las empuñaduras deben quedar a la altura de tus muñecas cuando estás de pie con los brazos relajados.
- Mantén una postura erguida. Acércate al andador y evita encorvarte; los codos quedan ligeramente flexionados.
- Avanza el andador primero. Desplázalo un paso corto hacia delante y comprueba que sus patas tocan el suelo.
- Da el paso con el cuerpo. Lleva un pie dentro del andador y luego el otro, sin arrastrar el aparato de golpe.
- Frena en giros y puertas. Gira el cuerpo despacio y no tires del andador hacia un lado.
Parece mecánico, lo sé. Con un poco de práctica se convierte en algo automático, como aprender a llevar el ritmo al bailar. El ajuste de la altura no es un capricho técnico; determina cómo reparte el peso tu columna.
📋 Los datos clave de un vistazo
- Qué es: El andador es una ayuda para caminar que mejora la estabilidad cuando se usa con la altura y la técnica correctas.
- El ajuste: Las empuñaduras deben quedar a la altura de las muñecas; así los hombros y los codos trabajan relajados.
- La técnica: Avanza el andador, pisa dentro de él y mantén la espalda erguida, sin arrastrarlo ni empujarlo lejos.
- A tener en cuenta: Si tienes dudas, un fisioterapeuta o un profesional de ortopedia puede revisar el ajuste contigo.
Lo que dice la evidencia y lo que puedes esperar en tu día a día
La evidencia de la OMS es clara: los programas de ejercicio que trabajan marcha y equilibrio reducen el riesgo de caídas en mayores. El andador forma parte del mismo principio; no sustituye al ejercicio, pero protege mientras recuperas confianza.
Aquí va un matiz honesto: no todas las personas necesitan el mismo tipo de andador. Hay modelos con ruedas, sin ruedas, con asiento y frenos. La mejor elección depende de tu movilidad, de tu fuerza y del entorno de tu casa. Puedes consultar las diferencias en la descripción del andador en Wikipedia.
Mi consejo como asesor: no te conformes con el andador que tienes por costumbre. Revisa la altura cada pocos meses, sobre todo si cambias de calzado o si notas molestias en hombros o espalda.
La mayoría de las caídas en personas mayores se produce por tropiezos evitables. Y aquí está la clave: un pequeño ajuste de altura vale más que cualquier remedio improvisado.
Además, la OMS recomienda evaluar la vivienda y reducir obstáculos: alfombras sueltas, cables o muebles en zonas de paso. Con el andador, el pasillo libre es doblemente importante.
La OMS también recuerda que algunos medicamentos y la inactividad física pueden afectar al equilibrio. Por eso, revisar el andador es solo una pieza: conviene moverse un poco cada día y mantener la casa despejada.
Un andador bien usado devuelve algo muy valioso: la confianza para salir a caminar sin miedo. Y esa confianza se entrena, igual que el equilibrio. No esperes a sentirte inseguro para revisar la altura; hazlo hoy, con las zapatillas que usas a diario.
Recuerda que esta información es orientativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si has sufrido caídas recientes o notas inestabilidad, consulta con tu médico o fisioterapeuta.
📌 Ficha de Salud y Bienestar: Uso correcto del andador
- El consejo: Ajusta la altura del andador a tus muñecas y avanza con el aparato primero, pisando dentro de él con la espalda erguida.
- Datos importantes: La OMS cifra en 684.000 las caídas mortales anuales en el mundo y sitúa las tasas más altas en mayores de 60 años.
- Repercusión en tu vida: Caminar con seguridad te ayuda a mantener la autonomía y a reducir el miedo a tropezar dentro y fuera de casa.


