Un centro de datos para inteligencia artificial de 100 megavatios puede consumir al año tanta electricidad como unos 100.000 hogares. Y en Talavera de la Reina, el proyecto de Meta prevé utilizar hasta 504 millones de litros de agua anuales. La buena noticia es que la regulación puede poner límites; la mala, que las ONG creen que el borrador actual se queda corto.
Las organizaciones Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF, junto a otros actores sociales, han presentado alegaciones al proceso público del proyecto de Real Decreto por el que se regulan los requisitos de sostenibilidad energética, ambiental, de resiliencia y soberanía digital aplicables a los centros de datos. Valoran que el Gobierno avance, pero consideran el texto insuficiente para prevenir y reducir los impactos sobre dos recursos básicos: el agua y la energía.
El reto de un sector que devora agua y electricidad
El punto de partida es la avalancha de peticiones de conexión a Red Eléctrica. No es solo una cuestión tecnológica: hablamos de agua y electricidad en un país que vive ciclos de sequía y de estrés hídrico cada vez más intensos. La Agencia Internacional de la Energía aporta una referencia que ayuda a dimensionar el reto.
Según este organismo, un centro de datos para inteligencia artificial de 100 MW puede consumir al año tanta electricidad como unos 100.000 hogares. Las cifras varían según el tamaño, la carga de los servidores y, sobre todo, el sistema de refrigeración. Por eso no vale medir solo la eficiencia puntual: si el número de centros crece sin límite, el consumo total sigue subiendo.
Qué dice el proyecto y por qué las ONG lo ven insuficiente
El borrador reconoce que el sector necesita requisitos de sostenibilidad. Hasta ahí el avance es real. Pero las organizaciones ecologistas advierten de que falta una pieza fundamental: evaluar el impacto acumulado de todos los centros de datos de un territorio, no proyecto por proyecto.
📋 Los datos clave de un vistazo
- El dato: Un centro de datos de IA de 100 MW puede consumir la electricidad de unos 100.000 hogares al año, según la Agencia Internacional de la Energía.
- Por qué importa: El proyecto de Meta en Talavera de la Reina, con 248 MW previstos, contempla consumir hasta 504 millones de litros de agua al año, sumando consumo propio y reservas futuras.
- Lo que puedes hacer: Seguir la tramitación del Real Decreto y exigir que se debata cuánto, dónde y bajo qué condiciones se instalan estos centros.
- A tener en cuenta: Las cifras dependen del tamaño, la carga y la refrigeración; no todas las instalaciones consumen lo mismo.

Las tres exigencias: límites, planificación y participación
Las alegaciones plantean tres cambios principales.
Un centro de datos puede consumir tanta electricidad como una ciudad pequeña y tanta agua como un municipio: decidir sus límites es también decidir qué territorio queremos.
- Límites ambientales: establecer salvaguardas máximas al consumo de agua y energía y evaluar el impacto acumulado del conjunto de centros de datos presentes en cada territorio.
- Planificación energética y territorial: decidir dónde y en qué condiciones pueden instalarse y exigir que su nueva demanda eléctrica se cubra con generación 100% renovable, sin desplazar la descarbonización del resto de la sociedad.
- Garantías democráticas: aplicar el principio de precaución, mejorar la transparencia y asegurar una participación pública suficiente y rendición de cuentas.
No son exigencias abstractas. Detrás hay territorios concretos que ya notan la presión sobre el agua y la red. Las organizaciones también alertan de los riesgos de manipulación y desinformación, que pueden dañar procesos democráticos y derechos colectivos.
El respaldo no es solo ecologista: se han sumado plataformas como Tu nube seca mi río, No es sequía es saqueo, Juventud por el Clima–Fridays for Future y movimientos vecinales. Eso amplía el alcance social del debate.
Qué significa para tu día a día y por qué hay margen
Aquí está la clave: mejorar la eficiencia no basta si el consumo total sigue creciendo sin límites. Un centro de datos más eficiente puede ser una buena noticia, pero si multiplicamos el número de instalaciones sin planificar, la presión sobre el agua y la electricidad puede anular la mejora.
La buena noticia es que la transición digital no está condenada a ser extractiva. Existen dos palancas: planificar antes de autorizar y dotar cada nueva demanda de energía renovable adicional. No se trata de frenar toda la digitalización, sino de decidir cuánta infraestructura, dónde y bajo qué condiciones se despliega.
Para ti, esto aterriza en cosas concretas. Una red eléctrica tensionada por los grandes centros de datos puede influir en los precios y en el esfuerzo colectivo de descarbonización. Si la nueva demanda no se cubre con renovables, los hogares y las empresas compiten por una energía que también tendría que ayudar a cerrar centrales fósiles.
La participación ciudadana no es decorativa: es una garantía para que el despliegue digital no ocurra de espaldas a los municipios, a los regantes o a las plataformas locales. Solo así se evita el patrón de llegar primero y preguntar después, incluso cuando cada proyecto es eficiente por por separado.
Por eso, las ONG piden pasar de una lógica de proyectos a una lógica de territorio. La planificación energética y territorial no frena la innovación; la ordena. Y eso es lo que protege tanto a los ecosistemas como a la factura de la luz.
🌍 Ficha de Impacto: Centros de datos, agua y energía
- El problema: El despliegue de centros de datos para inteligencia artificial dispara la demanda de agua y electricidad en territorios que ya sufren presión hídrica.
- Datos importantes: Un centro de datos de IA de 100 MW puede consumir la electricidad de unos 100.000 hogares al año. El proyecto de Meta en Talavera de la Reina prevé usar hasta 504 millones de litros de agua anuales.
- Repercusión en tu vida: Más presión sobre el agua de tu zona, una red eléctrica más tensionada y menos margen para descarbonizar la energía que usas en casa.


