La pseudociencia que promete curar el cáncer con bicarbonato y otros remedios sin base vuelve a circular en charlas y retiros, pero no tiene ningún respaldo científico. Reconocerla a tiempo protege tu salud y evita retrasar el tratamiento médico.
Qué dice de verdad la ciencia sobre el bicarbonato y el cáncer
El cáncer no es un hongo. Es un conjunto de enfermedades en las que algunas células se multiplican sin control, y esa realidad biológica está descartada desde hace décadas por toda la comunidad oncológica. Decir que el cáncer es un hongo que se cura con bicarbonato no procede de ningún estudio serio: es un mito sin base que se repite en foros, vídeos y charlas.
El bicarbonato de sodio, o bicarbonato sódico, sí tiene usos médicos concretos, siempre pautados por un profesional y en situaciones muy específicas. Lo que no es, en ningún caso, un tratamiento contra el cáncer. Ninguna sociedad oncológica lo recomienda como terapia, y cambiar un tratamiento con evidencia por este tipo de promesas puede tener consecuencias serias para la salud.
Fíjate en el matiz, porque aquí está la clave. No hablamos de una opinión distinta sobre qué comer o cómo descansar, aspectos sobre los que la ciencia también investiga. Hablamos de remedios sin base que se presentan como cura de enfermedades graves. Cuando alguien retrasa o abandona el tratamiento con evidencia por seguir esas promesas, el riesgo deja de ser teórico. Y hay una señal que casi nunca falla: si un consejo te aleja del médico, es mala señal.
Cómo reconocer un remedio sin base cuando lo ves

Estas propuestas comparten un patrón bastante reconocible. No hace falta ser médico para detectarlo: basta con prestar atención a cómo se presentan y a lo que prometen. Cuanto más grandiosa es la promesa, más conviene desconfiar.
La promesa de cura fácil suele apoyarse en la desconfianza hacia la medicina, no en datos que puedan comprobarse.
Ojo con cinco señales que aparecen una y otra vez.
Desconfía de quien promete curar lo que la medicina todavía no cura: la autocuración sin base suele esconder un negocio bien montado.
- Promete curar enfermedades graves con productos sencillos, como el bicarbonato, las plantas o las dietas milagro.
- Descalifica a la medicina convencional y habla de intereses ocultos de farmacéuticas o médicos.
- Apela a la ‘autocuración natural’ como si el cuerpo pudiera revertir cualquier enfermedad por sí solo.
- Cobra sumas elevadas por retiros, consultas o conferencias, a menudo sin una titulación sanitaria verificable.
- No aporta estudios verificables, o cita investigaciones que no existen o están sacadas de contexto.
Aquí está la clave para no caer en la trampa: la buena divulgación no te pide que abandones nada, sino que preguntes a un profesional. Entender qué es la pseudociencia ayuda a poner distancia con quienes venden certezas absolutas.
📋 Los datos clave de un vistazo
- Qué es: La idea de que el cáncer es un hongo curable con bicarbonato es un mito sin respaldo científico.
- La realidad: Ninguna sociedad oncológica recomienda el bicarbonato como tratamiento del cáncer.
- Cómo protegerte: Ante un diagnóstico, sigue las indicaciones de tu equipo sanitario y consulta con él cualquier duda.
- A tener en cuenta: La desinformación de salud puede llevar a retrasar tratamientos eficaces, y ese retraso sí tiene consecuencias.
Lo que advierten los expertos
El fenómeno no es nuevo. La australiana Barbara O’Neill, que se presenta como naturópata y nutricionista, fue prohibida de forma permanente en 2019 por la comisión de quejas sanitarias de Nueva Gales del Sur para ofrecer servicios de salud. El organismo concluyó que difundía afirmaciones peligrosas sin evidencia, entre ellas que el cáncer es un hongo tratable con bicarbonato, que las vacunas causan autismo o que las embarazadas con estreptococo B no necesitan antibióticos.
A pesar de esa prohibición, que solo se aplica dentro de Australia, O’Neill sigue dando charlas, retiros y conferencias en el Reino Unido e Irlanda, con entradas que en algunos casos rondan las 700 libras. Un grupo de científicos, entre ellos el profesor Colin Doherty, jefe de la Facultad de Medicina del Trinity College de Dublín, ha escrito, una carta a los locales donde tiene previstas sus charlas para advertir del riesgo. La preocupación es la misma que señala la evidencia: estas afirmaciones no tienen base científica y pueden llevar a algunas personas a abandonar tratamientos eficaces.
Los datos respaldan esa inquietud. Según la Academia de Ciencias Médicas del Reino Unido, alrededor del 67% de los adultos británicos considera la desinformación sanitaria un problema grave o muy grave, y un 89% cree que pone vidas en riesgo. Expertos como el doctor David Elliman, del hospital Great Ormond Street, recuerdan que seguir estos consejos en lugar de los basados en la evidencia ‘puede resultar peligroso’. No se trata de prohibir opiniones, sino de que la información de salud que recibes esté a la altura de lo que está en juego. La propia comisión australiana ha pedido a quienes asistan a estos actos que contrasten cualquier consejo con un profesional sanitario titulado.
Nada de esto significa que no puedas cuidarte con hábitos saludables. Alimentarte bien, moverte, dormir lo suficiente y gestionar el estrés ayudan a tu bienestar y forman parte de la prevención. Puedes ampliar información rigurosa en la web de la Organización Mundial de la Salud. La diferencia es clara: un hábito saludable acompaña al tratamiento, nunca lo sustituye. Y ante cualquier duda sobre tu salud, la respuesta siempre está en un profesional sanitario: esta información es orientativa y no sustituye su valoración.
📌 Ficha de Salud: La pseudociencia del cáncer y el bicarbonato
- El consejo: Ante cualquier promesa de curar el cáncer con remedios caseros, contrasta la información con un profesional sanitario antes de tomar decisiones.
- Datos importantes: El cáncer no es un hongo y el bicarbonato no es un tratamiento oncológico. En 2019, la comisión sanitaria de Nueva Gales del Sur prohibió a una promotora de estas ideas ofrecer servicios de salud.
- Repercusión en tu vida: Reconocer la desinformación y seguir los tratamientos con evidencia protege tu salud y evita retrasos que sí pueden tener consecuencias graves.


