La cochera de los Mellon, mansión de Manhattan por 80 millones: el townhouse más caro de Nueva York

La mansión de Manhattan por 80 millones de dólares se esconde detrás de una fachada de caliza de 1902. Nadie que camine por el Upper East Side adivinaría qué fue este edificio antes de convertirse en una casa de seis plantas.

La dirección es 165 East 70th Street. Superficie construida: cerca de 1.486 metros cuadrados —16.000 pies cuadrados— repartidos en 20 habitaciones. Lo comercializa Mike Fabbri, de The Agency, y hoy es el townhouse con el precio más alto en el mercado de la ciudad. Si se cierra cerca de la petición, superará el récord local de 77,1 millones de dólares que marcó el número 14 de East 67th Street en 2019.

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De cochera de caballos a mansión: 1902, un banquero y seis años de obra

El edificio lo diseñó en 1902 el arquitecto C.P.H. Gilbert para el banquero Henri P. Wertheim. Su anchura de 33 pies —diez metros— es la anomalía que lo explica todo: en una trama de rowhouses estrechas, diez metros de fachada permiten una planta entera de ventanas a ambos lados.

Antes de ser vivienda fue establo de caballos, garaje de automóviles y almacén de algunas de las familias más ricas de la ciudad, incluido Stephen C. Clark, heredero de las máquinas de coser Singer. Los Mellon —Paul y Bunny— lo usaron como garaje privado. Y cuando John y Christy Mack lo compraron en 2009 por 13,5 millones de dólares, seguía funcionando como cochera.

La conversión duró seis años. Christy Mack dirigió el proyecto junto al estudio de arquitectura e interiorismo Sawyer Berson: se conservó la fachada protegida, se añadió una planta y se reforzó el interior con vigas de acero. Fabbri lo resume en tres palabras: six-year gut job. Del garaje al inmueble residencial, el edificio entero, por dentro.

Los acabados van de lo heredado a lo contemporáneo: suelos de roble de cuarto de sello almohadillados a mano, papeles pintados a medida de Holland & Sherry y luminarias de Armani, Ralph Pucci y Allison Berger. La planta principal es un salón de fachada a fachada, comedor forrado de madera lacada en gris y cocina abierta con salida al jardín-terraza.

En Manhattan el metro cuadrado se compra. El acceso rodado hasta la puerta de casa, no: ese privilegio no se construye, se hereda.

En la tercera planta, biblioteca panelada en caoba Sapele oscura, den con barra húmeda y suite principal con tres vestidores y dos baños de mármol. Tres dormitorios más, todos con baño propio, y otra sala con barra abren a una terraza de casi 56 metros cuadrados. Arriba, dos despachos insonorizados y un solárium de techo vítreo del que arrancan las escaleras al jardín de cubierta.

El garaje que no se puede replicar y el vino que sí

La planta baja conserva el curb cut privado —el rebaje de acera que permite meter un coche desde la calle— y conduce a un garaje que también funciona como sala de eventos. En Manhattan, eso es casi una anomalía urbanística. Detrás, un cine insonorizado de 13 butacas y una suite de invitados o servicio con cocina propia.

El sótano terminado suma una bodega climatizada para 6.319 botellas y un área de bienestar con bañera de hidromasaje, cold plunge, baño de vapor, sauna y sala de masaje. El gimnasio está revestido con la madera de castaño recuperada de las rampas originales para caballos, ahora convertida en zócalo. Es el único guiño explícito a que aquí hubo cuadras.

La lista de sistemas es donde se esconde la factura silenciosa: puerta blindada, habitaciones para personal de seguridad, alarma avanzada, calefacción radiante en toda la casa, dos ascensores —uno de alta velocidad—, seis chimeneas de leña y un sistema de deshielo que limpia la acera en temporada de nevadas. La climatización es de instalación reciente.

Cuánto vale de verdad: anatomía de los 80 millones

El precio equivale a unos 5.000 dólares por pie cuadrado, es decir, alrededor de 53.000 dólares por metro cuadrado. La cifra no se juzga sola: se compara con las operaciones cerradas de townhouse en el Upper East Side en los últimos tres años y con el estado del inmueble. Aquí el estado es el argumento de venta —completamente turnkey— y también su debilidad, porque pocos compradores pagan el sobreprecio de una reforma ajena.

Quien firma 80 millones en un townhouse no compra metros cuadrados: compra no tener que volver a construir nada.

Los números del recorrido cuentan otra historia. Entre los 13,5 millones de 2009 y los 80 de la petición hay 66,5 millones de diferencia. Una parte sustancial se fue en obra, permisos y refuerzos; el resto es lo que el mercado llama plusvalía y los propietarios, obra propia. Los Mack pasaron casi una década buscando un townhouse listo para entrar antes de decidir construirlo, y ahora se trasladan a Carolina del Norte.

Mi lectura del activo es esta: lo que se paga no es la casa, es la coincidencia de tres cosas que rara vez se dan juntas. Diez metros de fachada protegida. Acceso rodado privado en una manzana del Upper East Side. Y un interior terminado que no exige otros seis años de vida.

El riesgo está en la liquidez. La piscina de compradores capaces de cerrar una operación así en un townhouse —no en un ático de obra nueva con servicios de hotel— se cuenta con los dedos de dos manos, y la negociación se mueve en descuentos de dos dígitos sobre la petición. Cabe recordar que pedir no es vender: en el segmento trophy neoyorquino, el precio de salida es una declaración de intenciones.

💎 Ficha de Exclusividad: Townhouse de 165 East 70th Street (Nueva York)

  • El producto / experiencia: Casa de seis plantas y 1.486 metros cuadrados en fachada de caliza protegida de 1902, con 20 habitaciones, garaje con acceso rodado propio, cine de 13 butacas, bodega para 6.319 botellas y spa completo.
  • Dónde conseguirlo: En venta a través de Mike Fabbri, en The Agency (theagencyre.com). Visitas concertadas y bajo verificación de solvencia; el edificio no se abre a paseos ni a prensa sin autorización de la agencia.
  • Precio estimado: 80 millones de dólares, en torno a los 70 millones de euros. No incluye impuestos de transmisión ni el coste anual de mantenimiento de una casa de este tamaño en el Upper East Side.
  • Ventajas de usarlo — el valor real: Diez metros de fachada y un curb cut privado: dos elementos que no se pueden añadir a un inmueble existente en Manhattan, ni con dinero ni con licencias.

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