Microplásticos en los peces del Amazonas: el 50% de los jaraqui contiene fibras de poliamida

Imagina que pides un plato de jaraqui asado en un mercado de Manaos, el pescado más sabroso y popular del Amazonas. Al masticar, junto a la carne, tragas una fibra de plástico más fina que un pelo, procedente de una camiseta o un pantalón que alguien lavó a cientos de kilómetros de allí. Un estudio reciente ha encontrado esta realidad en la mitad de los jaraqui analizados en el lago Puraquequara, un reflejo de cómo la contaminación por microplásticos ya salpica hasta los ecosistemas más remotos.

El hallazgo en el lago que da de comer a Manaos

La investigadora Eletuza Uchôa Farias, en su trabajo de maestría, examinó ejemplares de dos especies de jaraqui (Semaprochilodus insignis y Semaprochilodus taeniurus) capturados en el lago Puraquequara, al este de Manaos. El resultado: el 50 % de los peces tenía microplásticos en su intestino. Todas las partículas eran fibras, filamentos alargados de entre 0,5 y 4,37 milímetros, y el 85,7 % se identificaron como poliamida, un polímero habitual en la industria textil por su resistencia y elasticidad.

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El entorno del lago está habitado por comunidades que carecen de saneamiento básico eficaz. El agua de los fregaderos, tanques y lavadoras se vierte directamente a los cuerpos de agua, lo que explicaría la llegada de las fibras de poliamida a los jaraquis, que acaban en los platos de los residentes amazónicos.

De la lavadora al plato: la ruta de la poliamida

La poliamida, conocida también como nailon, es un material de la ropa deportiva, los bañadores o las medias. Cada lavado doméstico puede soltar cientos de miles de microfibras que viajan a través del desagüe y, en lugares sin depuradora, llegan intactas a ríos y lagos. Allí se mezclan con el sedimento y el alimento de peces como el jaraqui, que filtran el fondo.

📋 Los datos clave de un vistazo

  • El dato: El 50 % de los jaraqui del lago Puraquequara, el pescado más consumido en Amazonas, tiene microplásticos en el intestino; el 85,7 % de las fibras son poliamida.
  • Por qué importa: Los microplásticos pueden migrar a otros tejidos, acumularse en la cadena alimentaria y llegar al ser humano, con riesgos de inflamación y exposición a sustancias tóxicas.
  • Lo que puedes hacer: Reducir el consumo de ropa sintética, usar bolsas de lavado que atrapan fibras o apoyar iniciativas de saneamiento y reciclaje textil reduce el aporte de fibras al agua.
  • A tener en cuenta: La presencia de microplásticos no implica necesariamente un daño inmediato en la salud, pero la ciencia alerta de que la acumulación crónica podría tener consecuencias a largo plazo.

contaminación plástica

Una vez dentro del organismo, estas partículas pueden quedarse en el tracto intestinal o traspasar a otros órganos y moverse por la cadena trófica. El jaraqui es un pez que come toda la familia, y la posibilidad de que el plástico llegue al ser humano deja de ser una hipótesis lejana. La ciencia ya ha documentado microplásticos en heces humanas, placenta y sangre, aunque el alcance exacto para la salud todavía se investiga.

Un minuto de lavado puede soltar miles de fibras plásticas; lo que tiramos al desagüe regresa, silencioso, al plato.

Mientras tanto, en la propia orilla del Puraquequara, las ONG Asas de Socorro y Rede Reviva organizan recogidas de basura. En una jornada reciente, llenaron un contenedor entero de plástico. En 2023, una acción similar había llenado dos contenedores, lo que sugiere que la limpieza periódica y la concienciación pueden estar reduciendo los residuos acumulados, aunque el problema de las microfibras invisibles sigue ahí.

Soluciones que empiezan en casa y en la orilla

La contaminación por microplásticos no se arregla solo con gestos individuales, pero estos sí suman y empujan cambios mayores. La industria textil se resiste a modificar sus procesos, pero cada vez más marcas apuestan por tejidos que desprenden menos fibras o por sistemas de filtrado obligatorios en lavadoras, como ya se debate en algunos países europeos.

En el Amazonas, la clave está en el saneamiento básico. Dotar a las comunidades ribereñas de sistemas de tratamiento de aguas residuales cortaría de raíz la vía de entrada de las fibras sintéticas al agua. Y mientras eso llega, algo tan sencillo como utilizar bolsas lavadoras de microfibras (disponibles por pocos euros) o lavar la ropa sintética con menos frecuencia y a baja temperatura frena la emisión de partículas desde el hogar.

Esta conciencia ha llevado a a los vecinos a organizar recogidas de residuos en las orillas. La limpieza de playas y lagos, aunque no alcance a las fibras más diminutas, elimina los plásticos más grandes antes de que se degraden en microplásticos. La suma de la acción ciudadana y la presión por políticas públicas devuelve una esperanza realista: frenar la contaminación invisible es posible si actuamos en todos los frentes a la vez.

🌍 Ficha de Impacto: Microplásticos en el pescado del Amazonas

  • El problema: La mitad de los jaraqui del lago Puraquequara contiene fibras de poliamida procedentes del lavado de ropa, que se vierten sin tratar y entran en la cadena alimentaria humana.
  • Datos importantes: El 85,7 % de las fibras eran poliamida, un material textil común. Los peces más pequeños ingieren los microplásticos del sedimento y los transfieren a los consumidores finales.
  • Repercusión en tu vida: Este hallazgo, aunque lejano geográficamente, revela que los microplásticos no respetan fronteras; el pescado que compras también puede acumularlos, y reducir su origen desde casa (ropa sintética, lavado) protege tu salud y la del planeta.

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