El zorongollo es esa ensalada que aparece en todas las mesas extremeñas en cuanto sube el termómetro, y no es casualidad. Se prepara con pimientos y tomates asados, aliñados con aceite de oliva, ajo y un toque de vinagre, y remata con huevo duro picado por encima.
Su punto fuerte frente a otras guarniciones de verano es que no lleva ni una gota de nata, mayonesa o queso. Todo el sabor sale del propio asado de la verdura, así que puedes disfrutarlo sin remordimientos junto a la carne más jugosa de la parrilla.
Zorongollo, el plato que nació para acompañar asados
Este plato tiene raíces muy concretas: nació como acompañamiento de los asados de cordero en el norte de Cáceres, y de ahí pasó a convertirse en el comodín de cualquier comida al aire libre. Los pimientos rojos son los auténticos protagonistas, asados enteros hasta que la piel queda negra y se despega con facilidad.
La técnica tradicional consiste en hornear los pimientos junto a los tomates durante unos 45 minutos a 200 ºC, girándolos a media cocción. Ese proceso lento es el que concentra el dulzor de la verdura y evita tener que añadir azúcar o cualquier otro potenciador de sabor artificial.
De La Vera a toda España: un plato con denominación de origen en el ADN
El zorongollo tiene su cuna en La Vera, la comarca cacereña situada a los pies de la Sierra de Gredos que también da nombre al célebre pimentón con Denominación de Origen Protegida. No es extraño que compartan territorio: la tierra veraeña lleva siglos siendo zona de cultivo de pimiento rojo de primera calidad.
Aunque hoy se prepara en toda Extremadura e incluso fuera de sus fronteras, conviene no confundirlo con el zarangollo murciano, que es un plato completamente distinto a base de calabacín. El zorongollo siempre gira en torno al pimiento asado, con el tomate y el huevo como acompañantes fijos.
Cómo preparar el zorongollo paso a paso
El proceso empieza lavando bien los pimientos y los tomates para asarlos enteros, con un chorrito de aceite y una pizca de sal, en el horno precalentado a 200 ºC. La paciencia aquí es clave: no conviene acelerar el asado si se quiere lograr esa textura sedosa que define al plato.
Una vez fuera del horno, se dejan tapados con un paño o film para que suden y la piel se desprenda sin esfuerzo. Pelarlos bien es el paso que marca la diferencia entre un zorongollo con textura fina y uno con restos de piel que estropean el bocado.
Los ingredientes que no pueden faltar
Con solo cuatro elementos se consigue el zorongollo más clásico: pimientos rojos asados, tomate, ajo picado y huevo duro. Es una de esas recetas que demuestran que menos es más, siempre que la materia prima sea de calidad.
El aliño final es igual de sencillo: aceite de oliva virgen extra, un chorro de vinagre y sal al gusto. Dejar reposar la mezcla al menos media hora antes de servir permite que todos los sabores se asienten y se integren mejor.
Ingredientes básicos
- 4 pimientos rojos grandes para asar
- 2 tomates maduros (asados o pelados)
- 2 huevos cocidos
- Aceite de oliva virgen extra, ajo, vinagre y sal
Variantes populares
- Con atún o ventresca desmigada por encima
- Con cebolleta en juliana fina
- Con aceitunas negras troceadas
- Con un toque de pimentón de la Vera
Trucos para que quede perfecto en tu barbacoa
Si vas a servirlo junto a la brasa, prepáralo con antelación: el zorongollo mejora con horas de reposo en la nevera, incluso de un día para otro, porque el aceite absorbe todo el jugo que sueltan los pimientos. Recién hecho nunca sabe igual que cuando ha reposado bien frío.
Para ahorrar tiempo sin perder calidad, puedes asar los pimientos la víspera o aprovechar una buena conserva. Lo único que tendrás que resolver en el último momento es el huevo, que no debe pasar de 8-10 minutos de cocción para que la yema quede en su punto.
El futuro del zorongollo: de plato de pueblo a tendencia gastronómica
La cocina de producto y temporada vive un momento dulce en España, y el zorongollo se beneficia directamente de ese giro hacia lo auténtico. Cada vez más restaurantes recuperan recetas como esta y las presentan con un toque actual sin traicionar su esencia original.
El consejo de quienes lo preparan desde hace generaciones es sencillo: respetar los tiempos de asado y de reposo, porque ahí está el verdadero secreto. Esa paciencia heredada de la abuela es, probablemente, la razón por la que este plato de La Vera sigue ganándose un hueco en las barbacoas de todo el país cada verano.




